Ofrenda de huevos a las Monjas Clarisas

Ofrenda de huevos a las Monjas Clarisas

Saludos cordiales desde mi blog.

¡Siéntete bienvenid@!

En esta ocasión quiero hablar de una tradición española.

Mi intención es explicarte en qué consiste, y compartir toda la información de la que dispongo, para que ‘si te apetece’ llevarla a cabo en Madrid, puedas hacerlo fácilmente.

Iré despejando las incógnitas…

1.- ¿En qué consiste esta tradición?

Esta tradición consiste en realizar una ofrenda de huevos a las Monjas Clarisas, que se encuentran en el Convento dedicado a Santa Clara de Asís.

2.- ¿Para qué se hace la ofrenda? ¿Qué se pretende conseguir?

La ofrenda se hace para pedir a estas Hermanas que recen en nuestro nombre para que una fecha concreta luzca un día bonito, soleado y falto de lluvia. Así, el día que tengas señalado un evento importante: bautizo, comunión, boda, celebración, etc… no se verá deslucido por una tormenta o aguacero.

También se hace para solicitar, que en el matrimonio que se realice ese día, reine la felicidad y la fidelidad, ya que se dice que Santa Clara es la protectora de la paz en los matrimonios.

3.- ¿Cuántos huevos deben tener la ofrenda?

Creo que no hay un número exacto de huevos. Pero, según la información que me ha ido llegando a lo largo de los años lo adecuado es llevar 2 o 3 docenas de huevos.

En realidad, se dice que deben ser trecenas (13 huevos).

En mi caso, cada vez que realizo esta ofrenda, regalo a las Hermanas Clarisas 2 trecenas de huevos (un total de 26).

4.- ¿Cómo se entregan los huevos?

En este punto puede haber multitud de respuestas y todas válidas, ya que cada persona tiene su estilo.

Por mi parte, compré una caja de cartón bonita y en el fondo de la misma puse un poco de viruta de papel. Luego, puse sobre la viruta el cartón que contenía los huevos, y lo cubrí con papel de celofán para que estuvieran protegidos.

¡Ya sabemos todos, lo frágiles que son los huevos, no?

5.- ¿De qué forma comunicas a las Hermanas Clarisas los datos necesarios?

En cuanto procedas a la entrega de los huevos, ellas mismas te van a preguntar todo lo que necesitan saber. Pero, si prefieres dejar la información escrita de alguna manera, puedes poner dentro de la caja un papel con los detalles (fecha/hora del evento, qué tipo de celebración es, el nombre de las personas que son protagonistas de la misma y el lugar dónde se celebrará).

6.- ¿Dónde se entrega la ofrenda?

Según la tradición en un Convento dedicado a Santa Clara de Asís (aunque conozco personas que lo realizan en otros conventos porque tienen más afecto o confían más en otras religiosas).

Si tu intención es realizar la ofrenda en Madrid, comparto contigo la ubicación del convento, y el horario en el que las reciben:

Monasterio de la Inmaculada y San Pascual (acceso al Convento Hnas. Clarisas) – Paseo de Recoletos nº 11 – 28004 (Madrid)

Una vez allí, te encontrarás con una gran puerta:

Y a la derecha de la misma un telefonillo, debiendo llamar al convento para solicitar el acceso:

PONER ATENCIÓN AL HORARIO: * Mañanas de 9 a 12 y tardes de 4 a 5,45*

Una vez efectuada la llamada, te contestará una amable monja preguntando qué quieres…

Sólo tienes que informar de tu intención de hacer una ofrenda, y te abrirán la puerta de acceso. Traspasada la misma, hay que realizar un pequeño recorrido hasta llegar al torno en el que dejarás los huevos. Te dejo detalles de cada punto:

Una vez en este punto, empezarás a oír a la Hermana Clarisa encargada de recoger las ofrendas, qué te preguntará toda la información que necesita para que sus rezos estén dirigidos a conseguir qué el día señalado brille un bonito sol.

Sinceramente, son muy agradecidas con lo que reciben y siempre muestran mucha amabilidad.

La verdad es que desde que estoy en edad de tener amigas casaderas, esta ofrenda ya la he realizado unas cuantas veces, siempre con muy buenos resultados, por lo que no dudo en recomendarla.

Si en algún momento tienes previsto un evento en el que deseas que la lluvia no aparezca…

¡Compra dos trecenas de huevos y realiza una ofrenda a las Hermanas Clarisas!

Bueno…

Voy a ir despidiendo la entrada, esperando te haya sido de utilidad. Si ves que la información que te brindo en ella, merece una buena valoración y varias estrellas ✰✰✰✰✰, porfa tómate un segundo más y valora el post.

¡Grazie!

 

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¡Esquiva la bola!

¡Esquiva la bola!

¡Hoolaaaaa!

¿Cómo andan esos cuerpos?

Y…

¿Esas almas, están bien?

Me congratularía saber que sí.

¡Bienvenido al blog!

El tema de hoy no sabría cómo definirlo.

Podría decir que quizá se trate del nacimiento de un nuevo deporte.

También podría pensar, que se trata de un proyecto cuyo fin es crear una técnica para aplicar en el día a día,  y que pueda facilitarnos la tarea de mantenernos fuera de la diana de esas personas, que por alguna razón incomprensible, se toman demasiadas molestias para borrarnos la sonrisa de la cara.

¡No seamos ingenuos!

Por muy HAPPY que queramos tener la mirada, y por muy ZEN que nos levantemos cada mañana, no podemos obviar lo evidente: ‘Hay gente que tiene como leit motiv de vida molestar al resto’

Y cuando digo molestar, lo digo en el sentido más amplio que puede tener la palabra.

¡Sin duda!

Comparo el impacto que tienen los actos de estas personas como esa tortura que consistía en escuchar como cae una gota de agua durante días, o cómo la de escuchar una música ratonera horas y horas sin descanso.

En ocasiones se hace muy cuesta arriba no caer en la tentación de explotar.

La verdad es que no todos los días uno se levanta de la cama con la carga del positivismo al 100% y, puede pasar, que si a eso se une una revolución hormonal interna o un día lluvioso que deprime las almas, el machaqueo de estas personas que disfrutan molestando consiga efectos devastadores.

¡No, no y no!

Debemos evitarlo a toda costa.

Hay que prepararse, entrenarse, igual que si uno fuese a participar en un torneo de balón prisionero.

¿Recuerdas ese juego?

¡Jajajajaja!

En este juego tienes que esquivar la pelota con la que intenta golpearte algún componente del equipo contrario. Si te golpea, eres eliminado.

¡Pues ese será nuestro entrenamiento!

Esquivar las pelotas que nos lanzan a diario esos personajillos que forman parte de nuestra vida y a los que podemos visualizar como los contrarios en un partido de balón prisionero.

¿A dónde quiero llegar con esto?

Pues si te das cuenta estoy diciendo ‘esquivar’ y no contra-atacar, devolver el golpe o enrabietarse con esos intentos que algunas personas hacen para boicotear nuestra paz interior, alegría o felicidad.

¡Eso está prohibido!

Es algo que en nuestro recién nacido deporte ‘no se hace’.

Nuestra sonrisa, la alegría, el optimismo y la disposición para pasar nuestro día con buenas vibraciones no deben verse alterados bajo ningún concepto.

¡Esquiva la bola!

Ejercita ese movimiento de caderas, la sordera selectiva, imagina un campo magnético que te protege de tus enemigos o practica el ‘Habla chucho que no te escucho’.

Cualquier estrategia es buena si esquivas la bola y no te dejas llevar a participar en esa mini-guerra malintencionada que la otra persona te ha declarado silenciosa y astutamente.

La verdad es que no tienes que reprimir tus impulsos sino transformarlos en otra cosa diferente. La mala leche, la frustración, la tristeza, el sentimiento de injusticia, el rencor, la decepción es mejor a golpe de varita mágica transformarlos en sonrisas al saber que has esquivado la bola.

¡Has ganado un MINI-PUNTO!

¡Enhorabuena!

¿Qué te parece todo esto?

¿Te apuntas a practica ‘ESQUIVA LA BOLA‘?

Yo creo que puedes ganar muchas satisfacciones, y posiblemente evites algún que otro momento tonto en el que la mala baba de personas grises intente llevarse a su mundo tormentoso.

Bueno, después de este momento publicitario destinado a la captación de ‘Esquiva-bolistas‘ (jajajajaja) termino mi entrada de hoy esperando sea de la utilidad de alguien.

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Desde la cima del Monte Fuji -富士山-

Desde la cima del Monte Fuji -富士山-

Antes de entrar en faena, déjame darte la bienvenida al blog y agradecerte la visita.

Hoy quiero compartir una de esas experiencias importantes que forman parte de una vida. Se trata de un reto personal que nos plantemos mi marido y yo tiempo atrás, y que finalmente hemos podido superar juntos el pasado 27 de septiembre.

En 2013, cuando organizamos nuestro primer viaje a Japón descubrimos mientras buscábamos información de los puntos de mayor interés (ciudades importantes, lugares que visitar, etc…), una actividad que nos cautivó:

‘Subir el Monte Fuji y ver amanecer desde su cima’

Leímos las experiencias contadas por otros viajeros en sus blogs y nos informamos un poco, pero en esa ocasión no iba a ser posible porque físicamente no estábamos nada entrenados. Subir una montaña requiere tener cierto fondo físico y por aquel entonces, nuestros cuerpos no hubiesen resistido el esfuerzo.

En 2015, cuando organizamos el segundo viaje a Japón, la elección de fechas nos impidió totalmente intentarlo, ya que para subir la montaña hay un periodo oficial habilitado relativamente corto (julio-agosto y primera semana de septiembre) y nuestro viaje se demoró a octubre.

¡Lástima!

Parecía que nuestro sueño de ver amanecer desde lo alto del Fujisan se iba a quedar en un reto sin conseguir…

Hasta que, cuando surgió nuevamente la oportunidad de visitar el país del Sol Naciente por tercera vez, vimos claro que había llegado nuestro momento. Sólo había que poner los cuerpos a trabajar: entrenar haciendo un poco de senderismo, trekking, rutear como las cabras entre las piedras, resistir unas cuantas horas en la montaña, en el gym poner la cinta a tope de inclinación y sudar la gota gorda.

También nos preocupamos de agenciarnos una equipación adecuada: buenas botas, bastones de trekking, chubasqueros, ropa de montaña…

¡Qué emoción y qué ganas de ponernos en forma, oye!

Además de la parte activa, había que preparar la logística para ese día y organizar nuestra excursión nocturna al Fuji (富士山).

¿Cómo lo organizamos? ¿Cómo lo vivimos? ¿Cómo lo disfrutamos?

En primer lugar decidimos que lo mejor sería hacer la ascensión del monte al principio de nuestro viaje, para aprovechar que los cuerpos estarían un poco descompasados con el horario, debido al jet-lag.

Después de mucho darle vueltas la hoja de ruta de los 2 primeros días en Japón fue la siguiente:

El 26 de septiembre llegamos al aeropuerto de Tokio alrededor de las 18.30 horas y después de cambiar algunos euros por yenes en la casa de cambio, nos desplazamos hasta la ciudad en el Narita Express bajándonos en la estación de Shinjuku.

Allí, en la zona de Shinjuku pasamos la noche alojados en un hotel cápsula: ‘Shinjuku Kuyakushomae Capsule Hotel‘ (de esta experiencia ya os hablaré largo y tendido en otra ocasión).

Cómo el hotel se encontraba en medio de todo el meollo, no tuvimos ningún problema para encontrar sitios dónde cenar, comprar cualquier cosa en los múltiples konbini o disfrutar de la noche nippona.

Al día siguiente nos tocaba enviar las maletas a Osaka, siguiente ciudad en la que íbamos a dormir. Así mientras nosotros subimos la montaña, nuestras maletas viajan con Yamato Transport CO. y Round Trip TA-Q-BIN hasta el mismísimo hotel. Realmente es un trámite muy sencillo que aporta un plus de comodidad (Ya os hablaré en el futuro de este servicio en otra entrada).

Una vez que nuestras maletas ya están en manos del servicio takkyubin, somos libres de disfrutar de Tokio hasta que nos pongamos rumbo a la ladera del monte.

¿Qué podemos hacer?

¡Pues nos vamos a Akihabara!

Es domingo y sus calles se vuelven totalmente peatonales. Un lujo para los turistas que podemos tener mucho más espacio para movernos por ellas y disfrutar.

Llegada la hora, nos ponemos en marcha.

Los billetes que nos llevan hasta la famosa 5ª Estación (punto de salida de la ascensión al Fuji), ya los habíamos comprado semanas antes on line en Highway buses por unos 5.400 yenes ida y vuelta.

Lo primero de todo ir a la Shinjuku Expressway Bus Terminal. Poned atención a las indicaciones del link adjunto porque no se trata de la Terminal de autobuses que está a la salida de la estación de Shinjuku.

El viaje en autobús dura unas 2 horas y media.

En ese tiempo la luz va perdiendo intensidad, y nos vamos haciendo a la idea del ambiente tan especial que envuelve a esta experiencia.

Una vez fuera del autobús, nos ateclamos un poco para la ocasión. Nos pusimos las botas, preparamos los palitos, comprobamos las pilas de las linternas frontales, repasamos las mochilas y listo.

¡Nos sobraba un bulto!

En las tiendas que hay en la zona, disponen de taquillas dónde por unos yenes puedes guardar lo que te sobre y así no cargar con ello todo el camino. Una vez allí, además completamos nuestro equipamiento con un buen gorro y unos guantes calentitos. También compramos un par de bollitos de chocolate y botellas de agua para el camino.

Allí hay de todo lo que puedas necesitar: taquillas, ropa de abrigo, comida, bebida, accesorios de trekking, souvenirs e incluso para los que sientan la necesidad, hay botellas de oxígeno.

¡Si, si!

Botellas pequeñitas que están preparadas para que quien se vea en la necesidad, pueda inhalar dosis de oxígeno por el camino, y volver a recuperar el ánimo.

En fin, después de comer un refrigerio, pasar por el registro y pagar la cuota de conservación, comenzaba nuestro paseo:

Tengo que reconocer que era emocionante.

Tal y como se puede ver en la foto, el nivel de luz es bastante bajo.

¡No se veía un pijo!

Fue andar 300 metros y tener que encender la linterna frontal.

El primer tramo fue muy agradable, fácil, sin nada de pendiente. En realidad era cuesta abajo, lo que resultaba un tanto contraproducente, pero a la vez gracioso. Abel y yo íbamos disfrutando mucho del camino y charlando animadamente. Resultaba un tanto mágico caminar por la noche, con la iluminación de los focos y aparentemente solos.

Hay un detalle en la fotografía en la que se puede ver que quedan 6 kilómetros del Trail y para ese recorrido se estima un tiempo de 385 minutos, alrededor de 6 horas y media.

¿Qué os parece?

En realidad, se puede dilatar un poco más…

Se trata de hacer el recorrido por la noche (menos visibilidad, más frío, más dificultades) y hay que añadir esos ratitos de descanso entre unas estaciones y otras para recuperar fuerzas o tomar un chocolate caliente, un poco de agua o lo que se necesite.

Nosotros seguimos avanzando.

Hay que decir que cada tramo tenía su encanto, no todos eran iguales. En algunos, la ascensión era en pendiente pero más bien lisa, con un camino zigzagueante y unos escaloncillos fáciles de superar. Otros, por el contrario, estaban llenos de piedras de todos los tamaños, entre las que tenías que buscar hueco para poner los pies, y trepar. Unos tramos eran largos y en otras ocasiones llegabas a la estación en un pis-pas.

Las horas se pasan volando…

Desde el momento en el que decidimos plantearnos este reto, creí en nuestras posibilidades fehacientemente.

En mi mente, cada paso dado significaba un paso menos a la meta.

Si yo era capaz de dar un paso, no había motivo para pensar que no podía ir dando el siguiente y así, uno tras otro…

Sé que es un argumento muy básico, pero a mí me funcionó.

Quizá si hubiese pensado en kilómetros, el reto se me hubiese hecho más grande, más duro, menos accesible y tremendamente agotador.

Aunque la ascensión del Fuji la hicimos juntos, Abel y yo tomábamos cada tramo a nuestro ritmo. Intentar ir caminando uno al lado del otro juntitos, en amor y compañía, creo que hubiese sido un gran error. Normalmente yo iba unos metros por delante pero de vez en cuando me paraba para esperarle y preguntarle qué tal lo llevaba. Además, así cada uno de forma individual vivía el momento.

Por el trayecto fuimos testigos de cómo algunas personas eran presa del agotamiento, y se iban quedando paradas al lado del camino, totalmente derrotadas. Eran momentos en los que sentías cierta lástima por la persona, ya que cómo todos, seguro que habría afrontado el reto con muchísima ilusión y tirar la toalla, no debía de haber sido una decisión fácil.

Pero…

Las fuerzas no son eternas y cuando flaquean, la mente tiene que estar ágil para impulsar con una dosis de energía anímica y psicológica al cuerpo, que ya casi no responde.

En mi caso, tengo que reconocer que los dos últimos tramos fueron los más duros. Para ser exactos, el último fue totalmente demoledor. No tanto por el cansancio físico cómo por el volumen de personas que encontrábamos por el camino y que literalmente formaban un atasco monumental medio kilómetro antes de llegar a la cima. La frenada drástica en mi ritmo fue, por sí mismo, un nuevo desafío que sólo pude afrontar con templanza, calma y paciencia (no sabía que tuviese tanta).

Para mi querido compañero de batalla, fue todo un horror…

Durante ese último tramo Abel se encontraba mal físicamente, con sensación de mareo y ganas de vomitar. Reconozco que, adrede, no le presté demasiada atención para que no desfalleciese justo antes de llegar a la cima. Intenté motivarle, darle ánimos y decirle que todos esos síntomas eran estratagemas del cuerpo para llamar la atención, qué había que seguir avanzando poco a poco, que nos quedaba muy poquito para conseguirlo.

Curiosamente, justo en esos peores momentos, empezamos a oír gritos de ánimo y mensajes motivadores.

¡Si, si!

Quedaban como 300 metros de camino, ya se veía la cima y la luz empezaba a anunciar que el sol quería aparecer en el horizonte. Varios hombres, que parecían policías, gritaban a pleno pulmón:

¡Ganbatte, Ganbatte! 頑張って!頑張って!(Ánimo, a por ello -significa en japonés-)

Puede parecer una tontería, pero a mí me fue de gran ayuda ver de qué manera esas personas anónimas, mostraban tanto interés en motivar a todos  los que nos encontrábamos allí, intentando cumplir nuestro objetivo de ver el amanecer en la cumbre. Sinceramente, te entraban ganas de ponerte a correr hacia arriba.

Lástima que una larga fila de personas nos hicieses avanzar como dice la canción:

El caso es que motivados por los mensajes de ánimo, los rayitos de luz que se colaban en el horizonte y las ganas de hacer meta, escasos minutos antes del amanecer…

¡Lo conseguimos!

Abel y yo, providencialmente encontramos un par de huecos para apoyar nuestros hermosos panderos y poder abrir bien los ojos para disfrutar de lo que tanto esfuerzo nos había costado.

Tengo que deciros que en cuanto me senté y empecé a mirar el amanecer, todo el cuerpo me empezó a tiritar como si me encontrase en el polo norte.

¡Menuda tiritada!

Por supuesto que el reportaje fotográfico del amanecer lo hizo Abel, que aunque llegó muy justito de fuerzas, se dio cuenta que yo andaba con los bailes de San Vito y cogió la cámara del IPhone para darle candela.

Yo a su vez, cogí el bollito de chocolate que había venido en mi mochila todo el camino, y empecé a comerlo con ganas para ver si conseguía recargar un poco la batería…

He aquí unas cuantas instantáneas del momento:

Con estas bellas imágenes, no puedo más que animaros a vivir la experiencia. No es sencilla ni fácil, que nadie os engañe. Se trata de un duro camino que tienes que hacer contigo mismo, gestionando las fuerzas, la confianza en ti mismo y en el que no te debes dejar vencer ni por tu cuerpo ni por tu mente…

Si lo consigues, sentirás algo tremendamente especial.

 

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Con coraje

Con coraje

Saludos cordiales y cariñosos desde este lado del blog.

Quiero mostrarte mi agradecimiento por decidir leer esta nueva entrada.

En esta ocasión, voy a retomar un tema tratado no mucho tiempo atrás.

¿Te acuerdas de ‘Con Secuelas‘? 

(Para los que no sois conocedores de esta entrada de mi blog, simplemente hacer un clic en la imagen y tendréis acceso directo)

En aquel artículo terminé hablando de una situación personal y concreta, la de mi hermana Silvia.

Cómo os dije, ella se enfrentó al cáncer frente a frente y después de luchar en ese duro y cruel combate, salió victoriosa. Por supuesto, que dejándose toda su fuerza, energía y valor.

Lo más sorprendente de esta historia de coraje no se queda aquí.

A ver qué os parece la historia completa…

Cuando a Silvia le fue diagnosticado el cáncer, se encontraba en situación activa laboral. Ella, estaba trabajando en una peluquería, a la cual llegó como empleada aportando toda la clientela que había acumulado, durante más de una década trabajando cómo encargada en otro local que meses antes había cerrado al público de forma inesperada.

No está de más decir que tenerla como empleada era un chollo, puesto que se había venido con un regimiento de clientas satisfechas con su trabajo y dispuestas a seguirla.

La mala noticia del cáncer llegó en noviembre, y durante las fechas posteriores en las que tenía que realizarse desagradables y molestas pruebas médicas y pre-operatorio, según terminaba de las mismas Silvia en vez de ir a descansar a su casa, se iba derecha a la peluquería a trabajar, para no faltar nada más que ‘lo mínimo imprescindible’ y ‘no perjudicar a su jefa’.

Sinceramente, nunca entendí ese sobre-esfuerzo físico y mental, pero…

¡Admiraba esa dedicación al trabajo y lealtad!

Utilicé muchas veces el ejemplo de mi hermana como muestra de persona responsable en el entorno laboral, y me sentí tremendamente orgullosa de su fortaleza.

Su deseo de no perjudicar y de intentar dar el máximo de ella misma, lamentablemente no fue muy valorado por quien debía haberlo hecho. Tampoco fue tenido en cuenta, el regimiento de clientas de Silvia que habían decidido ser nuevas clientas de esa peluquería dónde ahora ella desempeñaba sus funciones.

¿Por qué digo esto?

¿Qué pasó?

Pues que una semana antes de entrar en quirófano, Silvia recibió la noticia de su despido.

¿Qué os parece?

Sinceramente, cada vez que lo recuerdo me quedo sin palabras y con el corazón encogido.

¿En serio? ¿De verdad?

Siempre se ha dicho que hay gente capaz de hacer leña del árbol caído y esto es un verdadero y claro ejemplo de ello.

Hay personas que siempre ven la oportunidad para beneficiarse.

Imagino que debió pensar algo así…

Si tú no puedes atender directamente a tus clientas por que lamentablemente estás luchando por tu vida, ahí estoy YO para despedirte, no tener el detalle de esperar durante lo que dure tu baja laboral (ésta abonada por el régimen de la seguridad social) y sacar unos beneficios económicos máximos

 

De esta manera tan astuta, hábil y nada moral, una empresaria hace dinero:  se ahorra los gastos mínimos que hubiese tenido que soportar durante la baja de Silvia y se embolsa todo el dinerito que sus clientas dejan en la peluquería.

La verdad es que hay que estar hecho de una pasta muy especial para ser capaz de anunciar un despido a alguien, que pocos días después se tendrá que enfrentar a una operación por cáncer de mama. No creo que existan muchas personas capaces de hacer tanto daño a quien de por sí está sufriendo y tiene antes sí tal batalla.

Lo curioso, (y clara evidencia de que hasta la misma protagonista de esta acción tan desconsiderada y cruel era consciente de la gravedad de lo que estaba haciendo) es que de cara a la galería, cuando las clientas preguntaban por Silvia ella decía que estaba de baja y se incorporaría nuevamente cuando estuviese totalmente recuperada.

En ningún caso fue sincera y expuso la realidad de los hechos. En ninguna de las ocasiones fue capaz de decir que en realidad había despedido a Silvia.

Está claro que ella misma sabía que la acción era muy cuestionable, y que posiblemente sus beneficios económicos no hubiesen sido los mismos con la verdad sobre la mesa.

Para mi es bastante triste ver como en el mundo hay personas con tan poca empatía y carentes de sentimientos. Gente que sólo se mueven al ritmo del dinero.

La verdad es que lógicamente a Silvia la arropamos toda la familia. Ella se echó el nuevo problema a la espalda y lo aparcó hasta que llegase el momento…

Pasaron semanas duras. La operación, la estancia en el hospital, la convalecencia en casa, la aceptación de una nueva vida y finalmente las buenas noticias.

¡Batalla ganada!

¡Gran momento de felicidad para todos!

Sin duda, buenísimas noticias saber que no era necesario realizar sesiones de quimioterapia ni radioterapia, un tratamiento hormonal en comprimidos diarios sería suficiente…

¡Gloria para los oídos!

¿Y ahora?

Gracias a lo más sagrado la vida sigue, y llega el momento de retomarla en el punto dónde se había quedado pausada.

Silvia por supuesto que tenía muchas ganas y cierta necesidad imperiosa de volver a tener una vida normal.

¡Cómo la tenemos todos!

Hay que seguir pagando la hipoteca, el recibo del coche, llenar la nevera, pagar las mensualidades de Iberdrola, los impuestos, la gasolina, los seguros etcétera, etcétera….

Y el paro se va consumiendo mes a mes.

¡Toca volver al mundo laboral!

Llega el momento de volver a poner delante de los ojos el problema que se había quedado aparcado.

¡Ya no se puede retrasar más!

Hay que mirar de frente a ese fantasma y decidir que camino tomar a partir de ahora… 

Tengo que ser sincera al decir que unánimemente su marido y toda la familia empujamos a Silvia en una dirección clara y firme:

‘Abrir su propia peluquería y que a partir de ese momento, fuese ella misma la dueña de su destino laboral’

Es evidente que quien te ha dejado tirado en el peor momento de tu vida para sacar un beneficio económico extra, no es una opción a tener en cuenta.

Además las muestras de cariño recibidas de todas y cada una de sus clientas durante toda la batalla contra el cáncer, nos hacían sentir que nuevamente estarían en los sillones del nuevo local dónde Silvia estuviese trabajando.

Tengo que decir que la cartera de clientes de mi hermana está llena de personas con gran corazón, que han sabido estar a la altura de las circunstancias y la han arropado con muchos mensajes de cariño y ánimo.

Puede sentirse orgullosa de tener tanta gente que la quiere.

En fin…

Tomada la decisión de abrir un negocio, montar una peluquería y ser la responsable de su futuro laboral, sólo quedaba prepararse física y mentalmente para ello. Sobre todo en el plano físico.

¿Por qué?

Pues porque una mastectomía con reconstrucción tiene sus secuelas físicas. En el caso concreto de mi hermana, hubo que desplazar un músculo que todos tenemos en la espalda a la zona pectoral para cubrir la prótesis y eso… repercute en la movilidad y la fuerza que se puede ejercer con el brazo correspondiente.

¡No es moco de pavo!

Pero…

¿Os he dicho que mi hermana le ha echado coraje al tema, no?

¡Pues sí!

Le ha echado coraje, un par de huevos, y mucho, mucho, muchísimo esfuerzo para ponerse en forma. Y cómo los mejores deportistas de élite, cuando tanto sobre-esfuerzo manda señales de alerta una gran fisioterapeuta y buena amiga pone su cuerpo nuevamente a tono para seguir trabajando con ilusión y energía.

¡Ole, ole y ole Silvia!

¿Quieres conocer esa peluquería dónde trabaja mi hermana Silvia?

Pues un clic en el logo y vas derecho a su web dónde conocer la gran variedad de servicios que te pueden ofrecer, comprobar cómo de bonito ha quedado el Salón y averiguar un poco más sobre el estilo ‘Matt Peluqueros’.

Allí, te garantizo que te van a recibir con una sonrisa y se van a esmerar en conseguir tu mejor look.

¿He comentado que os ofrecerán un café o té calentito, y si os apetece una rica galletita?

Realmente, a esta peluquería no le faltan detalles: un espacio cómodo, amplio en el que sentirse a gusto, productos de alta calidad para tratar el cabello de la manera más adecuada, una esmerada atención personalizada en cada cliente para ofrecer un servicio lo más a medida posible y experiencia a raudales. Más de veinte años trabajando y manteniendo un nivel de formación acorde con los tiempos y las modas.

En breve, dedicaré una nueva entrada a:

En ella dejaré muchos detalles gráficos de sus trabajos y todos los consejos que Silvia quiera darnos para mantener nuestro estilo de peinado a la última.

Pero, si con éste pequeño adelanto de hoy te ha nacido la curiosidad y además necesitas hacerte un corte de pelo, unas mechas o actualizar tu look, yo te aconsejo que les hagas una visita: 

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La Magia de la Noche de San Juan

La Magia de la Noche de San Juan

Nuevamente se acerca una noche de las denominadas mágicas:

No sé si a vosotros os pasa lo mismo pero a mí…

“El fuego tiene algo que me hipnotiza”.

Y además las noches mágicas me encantan 🙂

Cómo cada año esta noche me involucraré en alguno de los rituales típicos de San Juan, no sin antes dejar en el blog alguno de ellos por si alguien más se anima.

 OPCIÓN – 1 –

Necesitaremos: 2 papeles en blanco (si puede ser de pergamino mejor), un bolígrafo, 3 hojas de laurel y un fuego (totalmente controlado).

1º Escribir en uno de los papeles todas las cosas buenas que uno desea que le ocurran durante los siguientes 12 meses.

2º Escribir en el papel que nos queda las situaciones malas o sucesos negativos que uno desea que NO le ocurran.

3º Llegada la media noche:

– Cogemos el papel con los malos deseos y lo echamos al fuego/hoguera, donde debe quemarse completamente.

– Saltaremos el fuego por un lado en el que sea seguro hacerlo y (si es posible) lo rodearemos corriendo a su alrededor en tres ocasiones siempre por nuestra derecha. (Cuando se trata de una hoguera grande, con saltar 3 veces es suficiente)

El papel con los buenos deseos, se guardará bien doblado en una caja de madera o una cajita que nos resulte especial acompañada de 3 hojas de laurel y si queremos algún amuleto.

Cofre deseos

Esta caja la reservamos y custodiamos hasta la próxima Noche de San Juan, momento en que revisaremos todos los deseos que se nos han cumplido.

 

OPCIÓN – 2 –

Coger una jarra de cristal transparente y rellenarla con agua del grifo para ponerla al sereno durante toda la noche. Al día siguiente, por la mañana, podemos usarla para hacer un leve aseo diario: lavarnos la cara o incluso echarla por encima del cuerpo una vez terminada la ducha.

 

OPCIÓN – 3 –

Buscar y recopilar todos esos amuletos, talismanes, piedras/minerales (cuarzo, turquesa, etc…) u objetos que para vosotros sean significativos de buena suerte y dejarlos a la luz de la luna toda la noche. Con este gesto y la influencia de una luna tan especial como la de la San Juan, se procederá a su limpieza y recarga energética.

 

Sin Valorar

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Arte al aire libre en Hakone

Arte al aire libre en Hakone

Un agradable paseo disfrutando de grandes Obras de Arte.

En nuestro primer viaje al País del Sol Naciente (Japón), pudimos descubrir muchas cosas y entre todas ellas un precioso un Museo al Aire Libre en Hakone.

Esta ciudad japonesa se encuentra situada en una región montañosa que forma parte del Parque Nacional de Fuji-Hakone-Izu y pertenece a la prefectura de Kanagawa. Es un lugar muy turístico ya que en esa zona se concentran gran variedad de los famosos Onsen, y en ellos tanto turistas japoneses como extranjeros disfrutan de sus aguas termales, consiguiendo beneficios para su salud y deleitándose con bellos paisajes.

Fue en nuestro 10º día de viaje, en el que visitamos Hakone (箱根), Gora Park (強羅公園) , Sounzan (早雲山), Owakudani (大涌谷) y Togendai (桃源台).

El día comenzó alrededor de las 7.15 de la mañana.

Salimos del hotel y la típica visita al 7Eleven más cercano al hotel para comprar nuestro desayuno.

En mi caso, un yogur para beber de fresas y un bollo que mágicamente me daban las energías suficientes y necesarias para superar toda la mañana de excursión a un ritmo intenso.

El itinerario comienza en la estación de Shinjuku (si alguien quiere sentir agobio real que vaya en cualquier hora punta del día), allí comienza la ruta para llegar en primer lugar a Odawara y coger el Hakone Torzan Railway, un pequeño tren que pasa a través de un valle repleto de árboles y que nos irá elevando unos 300 metros, nuestra parada Chokoku-no-mori (彫刻の森駅 Chōkokunomori-eki) para ver allí el Museo al Aire Libre de Hakone o también conocido como The Hakone Open Air Museum.

Este museo está abierto durante todo el año en horario de 9.00 de la mañana a 17.00 de la tarde, con una tarifa de 1.600 yenes para los adultos, 1.100 yenes para mayores de 65 años o estudiantes de grado superior o universidad y 800 yenes para los estudiantes de grado medio o elemental.

En éste museo se pueden disfrutar de una exhibición permanente de más de 1.200 piezas de arte contemporáneo de artistas japoneses y de todo el mundo (Auguste Rodin, Antoine Bourdelle, Joan Miro, Henry Moore, Constantin Brancusi, Morie Ogiwara, Umberto Boccioni, Lipchitz, Modigliani, Shin Hongo, Emilio Greco, Antony Gormley, Naum Gabo, Susumo Shingu), destacando además un espacio especial dedicado a Picasso, con centenares de sus obras. Una parte importante de la exhibición fue donada por Nelson Rokefeller como símbolo de paz.

¡Qué gran detalle desear Paz con regalos tan bellos!

Así da gusto ver arte, paseando por unos jardines amplios con bonitos árboles y con las obras distribuidas y totalmente integradas en el paisaje. La verdad es que el parque es sí mismo es todo un espectáculo de volúmenes, caminos, árboles, piedras, canales, un entorno que es el marco más maravilloso que el arte puede tener.

Os dejo unas muestras de mis rincones favoritos del lugar:


Una gran guerrera

Siento mucho invadir la imagen de esta gran guerrera, pero no puedo dejar de sentirme atraída por tanto magnetismo, a ver si se me pega algo.

Después de ver esta puede que alguien se sienta tentado a imitar la postura, parece que está dando un gran abrazo a la Tierra, verdad?

En el pabellón dedicado a exponer una muestra de la obra de nuestro Gran Picasso no estaba permitido hacer fotografías. El disfrute de las más de 300 obras del artista (cerámicas, pinturas, bocetos y fotografías) debe quedar guardado en la memoria 🙂

Y un poco de imaginación, creatividad y toque naif??? Un poco????

Y mi favorita sin duda alguna. Ya sé que parece de risa, pero a mi me encanta 🙂

 

¿Qué os a parecido?

Soy consciente de que os he dejado una pequeñita muestra, pero tened por seguro que el lugar merece la pena. Además os puedo asegurar que es perfecto para ir en familia, porque los pequeños pueden jugar con muchas de las obras. Si ese es vuestro caso, creo que los sábados los niños no pagan. 

 

Animaros y si por algún casual visitáis Japón, haced una visita a este museo… os va a encantar 🙂
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