Con esta entrada empiezo el viaje de retorno a los posts en los que comento mis opiniones personales después de haber disfrutado de un buen homenaje gastronómico.

¡¿Qué mejor que hacer el regreso con uno de los más estrellados restaurantes?!

¿Cuál? ¿Cuál?

Normalmente, aprovechamos alguna fecha especial para tener la excusa perfecta que nos empuje a compensar al cuerpo con este tipo de caprichos. En esta ocasión el cumpleaños nº 35 de Abel.

¡Un regalo perfecto y hecho a medida del cumpleañero!

Con este presente tenía el éxito asegurado y encima de rebote, disfrutaba yo del mismo.

¡Jajajajaja!

Soy lista ¿Eh?

Bueno…

Llegó el 3 de marzo y teníamos reserva para las 21.24 horas.

El coche se quedaría descansando en la puerta de casa, porque en este tipo de cenas se suelen degustar alcoholes varios, y eso no es compatible con el volante de nuestro Kia.

21.22 horas y nosotros en la puerta del restaurante deseosos de empezar a desenvolver el regalo 🙂

¡Ainss!

Mira que tengo yo trauma con las puertas giratorias…

¡Jajajajaja!

¿Habré sido político en otra vida?

Es tener que pasar por una, y me da la sensación de que me voy a quedar ahí encerrada, o lo que es peor que cuando vaya a salir la puerta me pille a traición.

Pasados esos segundos extraños entre la puerta y yo, daría inicio esta experiencia gastronómica.

Fuimos recibidos, muy amablemente, por la persona encargada y nos fueron recogidas las chaquetas, para mayor comodidad.

Ya desde el principio uno se da cuenta que DiverXo no es un restaurante cualquiera, sino que es un lugar con personalidad propia. Es más, me aventuraría a decir que es un mundo aparte, un universo paralelo o la entrada a la madriguera del conejo, dependiendo de qué tipo de persona traspase esa puerta giratoria.

La excursión guiada por la cocina, todo un detalle que te hará comprender que ese es un lugar de culto al producto.

Sin duda comprobar que cada tipo de alimento es conservado y manipulado en condiciones absolutamente idóneas, te lleva a intuir que los estándares de calidad en el proceso de elaboración de cada plato son incuestionables. A mi parecer, el nivel de control es extraordinario.

Además de estas conclusiones visuales, en el paseo por la cocina el olfato despertará de su letargo y podrá disfrutar de un catálogo de aromas, todos muy seductores y embriagadores, tanto, que el propio cerebro dará la señal de alerta a todo el aparato digestivo.

Es el momento en el que los sentidos hacen su puesta a punto y arrancan motores, para no perder detalle de lo que sabemos se avecina.

Nos despedimos de la cocina, y entramos fugazmente por el salón hasta llegar a nuestra mesa. Al tomar asiento, nos encienden las velas de un candelabro y….

¡Opps!

¡Vaya!

Unas cortinas negras decoradas con detalles de Alicia en el País de las Maravillas, nos rodean. Y en cuestión de segundos nos habían creado un pequeño rincón de intimidad en medio del restaurante.

¡Qué curioso!

Bueno, de intimidad relativa, ya que el personal de sala está pendiente de preguntar que deseas tomar para empezar con la noche en DiverXo y te explica los dos tipos de menú que puedes degustar.

Un par de cervezas (Alhambra para mí – Mahou maestra para el del cumple) para entrar en modo ‘disfrute’ y….

¡Acción!

¡Empieza el show!

Evidentemente no os voy a desvelar mucho porque cuando alguien reserva una experiencia de este calibre no quiere que le adelanten las sorpresas, sino que prefiere sacar sus propias conclusiones, sin condicionamientos previos.

Os dejaré algunas fotos, con la sanísima intención de daros mucha envidia, y después unas pequeñas pinceladas de mis sensaciones con los platos del menú.

Sinceramente, los platos que te ofrecen en DiverXo no son recetas sin más…

Tampoco son el resultado de grandes sesiones de creatividad gastronómica unidas a horas de trabajo utilizando múltiples elaboraciones y un emplatado elegante o simpático.

Creo que menos aún, es una fusión (en coctelera) de cocinas del mundo que nos descubren productos de los que no conocemos su nombre ni tenemos la menor idea de a dónde ir para poder conseguirlos, llevarlos a nuestra cocina e incorporarlos a nuestras propias recetas.

Después de mucho, pero mucho mucho darle vueltas a la forma de definir los platos de este chef, no se me ocurre otra cosa más concreta (según mi experiencia probándolos) que decir que se trata de criaturas con vida propia que disfrutas en tu paladar.

Esas criaturas vivientes tienen su propio lenguaje (el aroma, los colores, las texturas, el impacto visual, el sabor) con el que intentan comunicar contigo.

Muy importante decir que cada propuesta de Dabiz es un ser complejo, que va desarrollándose y creciendo en el propio paladar. Es como si en tu boca ese ser se desperezara después de haber estado dormido mucho tiempo y estirase sus bracitos, expandiendo ese sabor evolutivo que va definiendo su personalidad.

A la criatura la conoces desde su nacimiento hasta su muerte, después de haber pasado por diferentes etapas: niñez, adolescencia, madurez y un declive final.

Sinceramente mi opinión es que cada plato tiene esos tiempos definidos.

En ningún caso (o por lo menos yo no he tenido el disgusto de sentirlo) la propuesta servida en el plato será plana o difusa, sosa o aburrida. Es tan completa la sensación al probarlo que las neuronas de forma rauda y veloz envían sus señales al cerebro que lo guardan en memoria.

Sinceramente pienso que este chef es tremendamente generoso con sus clientes.

¿Por qué digo esto?

Pues porque creo que lo que comparte con sus comensales es mucho más que un plato de comida, por muy deliciosa que sea.

Con los que tomamos la iniciativa de visitar sus locales, comparte su mundo onírico, parte de su subconsciente que se muestra en la decoración tan personalizada y detallada de cada rincón.

Nada queda a la elección sin sentido, o a la elección siguiendo tendencias de moda.

Todo lleva su impronta, todo sale de la misma raíz.

Crea sus menús, sus cócteles, su vajilla, se inventa sus propios cubiertos.

Creo que sólo le faltan un par de cosas para terminar de ofrecernos una experiencia gastronómica única y absolutamente sellada con su ADN:

  • Producir una música totalmente persolizada, que según su criterio e intuición pueda ser un ingrediente extra que se unifique a la degustación de sus propuestas. Algo único, marca Xo y que pueda convirtiese en una banda sonora a medida del menú.
  • Crear un aroma ambiental propio, exclusivo, que como en el caso anterior fuese otro ingrediente más que cierre el círculo de la experiencia DiverXo.

Sinceramente le veo capaz de hacer algo así…

Crear su pequeño gran mundo, que abarque los 5 sentidos.

Es posible que después de haber leído mi opinión sobre el menú de DiverXo os apetezca conseguirme una de esas camisas de fuerza que usan sus cocineros en StreetXo, pero para ponérmela y llevarme a un psiquiátrico…

Soy consciente de que lo dicho suena raro, pero es mi opinión (humilde y propia -no pretendo que nadie piense igual-) y debo ser fiel a ella.

‘Normas de la Casa’

Para finalizar agradecer a todo el equipo de DiverXo esa gran noche que pasamos Abel y yo, porque nos hicieron disfrutar de una velada muy agradable y especial.

¡Volveremos!