¡Hola!

¿Qué tal estás?

¡Qué bueno que viniste!

Me alegra tu visita: ‘gracias

En la entrada de hoy voy a compartir una experiencia que viví el pasado año y que me llevó por el camino de la amargura durante varios meses. Días, en los que sufrí mucho dolor físico y que me dejaron muy tocada mentalmente.

¿Por qué compartir los momentos malos, las experiencias negativas?

¿No sería mucho mejor compartir sólo los momentos felices y memorables?

Pues creo que de las experiencias difíciles aprendemos mucho más, y compartir este aprendizaje puede resultar de gran utilidad para otras personas que pasan por situaciones similares, e incluso para uno mismo en el caso de revivir momentos parecidos.

Por tanto, empiezo a relatar    ‘Herniada, pero Divina al 100%’

 

Como en la mayoría de las ocasiones, los grandes males empiezan siendo pequeñas molestias a las que no se les da demasiada importancia. El caso es que un día de hace ya muuucho tiempo, sin ton si son me desperté con un fuerte dolor de espalda. Sinceramente, el día de antes no había hecho deporte, ni cargado peso especialmente pero el dolor se estaba manifestando con o sin motivo previo.

Ni por un momento pensé en quedarme en casa para ir al médico, y preguntarle qué estaba pasando. Junto con mis molestias, me fui a trabajar, ese día y los siguientes.

La cosa iba empeorando así que un día en horario de descanso (mi hora de comer), me acerqué a las Urgencias del Hospital San Francisco de Asís.

Allí, uno de los centros médicos dónde me atienden con mi tarjeta de Adeslas, el médico de urgencias me echó un vistazo y realizó su diagnóstico.

Primer diagnóstico: LUMBALGIA

Después de seguir el tratamiento indicado noté una leve mejoría, pero muy muy fugaz.

Poquito tiempo después reapareció el dolor y en un formato mucho más intenso, lo que me provocaba mucha dificultad para realizar las labores cotidianas, el día a día…

Nueva visita al médico para consultar qué estaba pasando.

Segundo diagnóstico: LUMBOCIÁTICA

Nuevo tratamiento, unos días de reposo y después de todo ello visita al Traumatólogo para que me recomendara unas sesiones de rehabilitación.

Por mi cuenta además visité a un par de fisioterapeutas para intentar agilizar el tiempo de recuperación y que las molestias fuesen disminuyendo.

Pero…

Mi cuerpo no estaba nada de acuerdo con los deseos de mi mente, y se rebelaba cada vez con mayor insistencia en mantenerse FUERA DE SERVICIO.

our of order

Tengo que decir que quizá yo tenía tantos deseos de estar bien, que forzaba un poco la máquina…

Me pilló en medio de la adquisición de mi nueva casa, la mudanza, las obras y si bien es cierto que mi marido se ocupó de un 90% (es un Santo) de vez en cuando me ponía a pintar las puertas de la parte inferior del mueble de pladur que tenemos en el salón.

Igualmente, me levantaba muy dolorida por la mañana, pero ‘yo misma’ me auto obligaba a ir al trabajo. Mi motivo era no perjudicar a mi compañera, que un par de días sin mi podía estar, pero dejarla sola mucho más me hacía sentir culpable.

En fin, yo creo que al final el cuerpo que es sabio, se puso firme y un día por la mañana, al despertar y ver que yo insistía en ir a trabajar presionó el botón de DOLOR MÁXIMO e INSOPORTABLE.

También, para que no se quedase en un simulacro, puso en funcionamiento la aplicación de HOY NO TE VAS A PODER NI MOVER.

¡Madre de Dios!

¡Qué horas de sufrimiento!

Ese Santo del que os he hablado hace un momento en vez de ir a su trabajo, se quedó conmigo, intentando calmarme, me hizo un té, me dio unas galletas y los medicamentos que le pedí para intentar soportar el dolor.

¡Fue un verdadero infierno!

Cuando mínimamente pude aguantar el dolor y moverme, me vestí, bajé las escaleras de la habitación, y casi a rastras llegué al garaje. La tarea de entrar en el coche y colocarme en el asiento del copiloto no quiero ni recordarla porque fue rocambolesca y animada con una banda sonora de lamentos y quejidos.

El trayecto hasta el Hospital Puerta de Hierro se me hizo eterno, infinito, no sabía cómo colocarme para aliviar las molestias que sufría…

Sinceramente, es muy triste llegar a un hospital y tener que sentarte en una silla de ruedas. Sentirse tan incapaz es muy duro.

Después de un montón de preguntas, radiografías y valoraciones, me comentan que es posible que la lumbociática se haya reactivado y que necesito estar de baja, tomar una medicación más fuerte y lo primero de todo recibir una inyección para quitarme los dolores causados por las terminaciones nerviosas que están en pie de guerra.

También me indicaron que debería realizarme una resonancia magnética para poder realizar un diagnóstico más concreto (Al día siguiente, aprovechando que a través de Adeslas todo es bastante rápido, me la hice)

Llegados a este punto, no me quedó otra que tomarme en serio el tema de la baja laboral. Una semana de reposo casi absoluto, que se alargó a dos y a tres semanas.

Pasado este tiempo, y tras los días de riguroso reposo, la medicación y los mimos de toda la familia, la recuperación era casi absoluta.

¡Tocaba vuelta a la normalidad!

Y también vuelta a la consulta del Traumatólogo para valorar el diagnóstico.

Tercer diagnóstico y definitivo: HERNIA DISCAL

La valoración la hizo teniendo en cuenta el informe del médico que realizó la resonancia magnética el día después de haber estado en el Hospital de Puerta de Hierro.

Por mi parte, comenté con el doctor que mi mejoría había sido espectacular, y que tras seguir las indicaciones a rajatabla no tenía ni dolores ni molestias, y la movilidad estaba recuperada casi al 100%.

Incluso le informé que había recibido varias sesiones de acupuntura con unos resultados muy beneficiosos para mí.

Tristemente debo decir, que en esa ocasión el traumatólogo de Adeslas NO me realizó ni una mínima exploración para valorar por sí mismo mi estado. Simplemente, se cerró con el diagnóstico de la Hernia Discal y el consejo de que me realizase una operación con máxima urgencia. Tanta urgencia que él recomendaba hacerme el preoperatorio inmediatamente.

¡Quedé en shock!

Pero, si en ese momento yo me sentía perfecta al 99,99%

Insistí en indicarle que la resonancia magnética me la había hecho en el momento más crítico, en el que tenía menor movilidad y más dolores. Y que yo pensaba, que con la medicación y el reposo la situación de la hernia podía haber mejorado, pensando que quizá era mejor repetir esa resonancia antes de entrar en un quirófano.

Por supuesto ‘tengo que decir’ que por mi parte NO tenía ningún interés en someterme a una operación de la que previamente me había informado, y sobre la que había leído largo y tendido.

Mi opinión al respecto era clara:

‘Buscar soluciones alternativas’

Después de investigar un poco decidí que mi siguiente paso para enfrentar la situación sería buscar un quiropráctico. Se trata de una persona titulada en Quiropráctica

¿Qué es eso?

El profesional de Quiropráctica es el profesional capacitado para evaluar los problemas biomecánicos-estructurales de la columna vertebral, y de cómo estos problemas afectan al funcionamiento del sistema nervioso y a la salud en general. (Organización Mundial de la Salud, 2005)

AQUÍ te dejo la información sobre estos Estudios Universitarios que se imparte en el Real Centro Universitario María Cristina, y que capacitan a alguien para obtener este Título Superior de Quiropráctica.

En multitud de países esta disciplina se considera una profesión sanitaria al nivel de cualquier rama médica, aunque en nuestro país aún se encuentra en un vacío legal, en lucha para ser reconocida como tal.

Realmente me fue muy fácil encontrar un Centro en el que se practicara la quiropráctica en Madrid, y al que me fuese relativamente fácil llegar desde mi lugar de residencia. Eché una miradita por internet y rápidamente me decidí por el Centro Quiropráctico Madrid.

El primer contacto telefónico fue muy agradable y tranquilizador. Me atendió una mujer especialmente amable que supo escuchar mi historia al completo, y que, sin prometerme una solución mágica, me propuso ir a la consulta con mi caso para ver que opciones me podían ofrecer.

Me dio cita para el día siguiente, insistiendo en que llevase toda la documentación médica para que pudiesen valorar mi caso de forma individual y precisa. Además, me explicó que en esa primera consulta me realizarían un pequeño examen físico, para evaluar por ellos mismos en qué situación me encontraba.

Un día más tarde y ya en la consulta, el trato recibido por las personas de la recepción siguió siendo muy cercano, lo que me hizo sentir cómoda y relajada.

Me realizaron las pruebas, revisaron todos mis informes, echaron un vistazo a la resonancia magnética y me hicieron un montón de preguntas para conocer mi estilo de vida, si hacía deporte o no, el tipo de trabajo que realizaba, etc…

Aquí dejo una imagen del resultado de una de las pruebas: una termografía en la que se diferencia según los colores lo bien o mal que se encuentran las vértebras de mi columna vertebral.

termografia inicial

Según se puede ver en la fotografía, tenía muchas vértebras en situación MODERADO-BAJO y MODERADO-ALTO, lo cual no es muy positivo e indicaba que había que tomarse el tema en serio. Al final muchas conclusiones, recomendaciones para cambiar ciertos malos hábitos posturales que tenía desde la infancia, y un plan personalizado para enfrentarnos a esa hernia.

Realmente mis posturas (me he pasado media vida sentándome sobre mis piernas) me habían provocado desajustes en la alineación de la cadera y los hombros. Eso, me hacía carne de cañón para sufrir problemas de espalda.

El plan personalizado propuesto consistía en 2 sesiones semanales de quiropráctica (ellos lo llaman AJUSTES), durante las siguientes 5 semanas, realizando entre ellas 2 revisiones, para valorar la evolución.

Lo medité tranquilamente con la almohada durante esa noche y al día siguiente ya estaba pidiendo la cita para mi primera sesión.

Sinceramente, aunque me habían dicho que las sesiones de quiropráctica eran indoloras, yo no las tenía todas conmigo. Después de haber pasado tantos dolores me parecía verdaderamente imposible que la solución no pasase por sufrir un poco más. Normalmente tenemos instauradas en la memoria las sesiones de fisioterapia y claro…

¡Nada que ver!

Me tumbé en la camilla con cierto nerviosismo y pasé unos minutos agobiada, hasta que llegó el quiropráctico. Nada más entrar, al ver que yo estaba un tanto nerviosa, me tranquilizó insistiendo en que no sufriría ningún dolor. Tanasi, el quiropráctico, es un hombre muy afable y que transmite mucha confianza. El trato con él es muy fácil, al igual que con cualquiera de las personas de su equipo.

En 15 minutos todo había pasado, y yo ya notaba mínimamente los efectos.

Después de varias sesiones, mi hernia había dejado de molestar totalmente.

En la primera revisión de las 2 acordadas, se pudo valorar que la desalineación que me había sido detectada en la cadera y los hombros se estaba reduciendo a buen ritmo.

¡Qué buenas noticias!

Por fin, empezaba a ver la luz al otro lado del túnel, como se dice vulgarmente.

Me sentía herniada, pero divina y operativa al 100%

No sólo eso, sino que además esta evolución tan favorable me permitía reafirmarme en que la decisión que tomé al obviar la recomendación del Traumatólogo, había sido la adecuada.

Terminé el plan personalizado y decidí seguir tratándome la hernia a través de más sesiones.

La verdad es que en el Centro tienen muchísimos pacientes en la misma situación y por eso ofrecen unas promociones muy interesantes económicamente, para que sea más fácil continuar con los tratamientos. Por mi parte les pregunté, y cómo yo tenía la intención de realizarme ajustes cada 15 días me ofrecieron el paquete de 12 sesiones (para unos 6 meses) y el de 24 sesiones (para todo un año).

Teniendo en cuenta que cuantos más ajustes compres más baratos te salen, no me lo pensé mucho y adquirí el bono de 24 sesiones.

A día de hoy, y después de que haya pasado casi un año, sigo sintiendo una alegría enorme por haber optado por el tratamiento quiropráctico frente a una operación, para el tratamiento de mi hernia discal.

Viendo esta fotografía de mi última tomografía, se puede comprobar la enorme mejoría de mis vértebras. En la primera prueba 18 de mis vértebras tenían que mejorar su estado, y en la última sólo hay 5 que necesitar recuperar valores óptimos.

Segunda tomografía

 

¡Ya me queda muy poco!

Para conseguirlo sigo fiel a las sesiones de quiropráctica, no de una forma tan intensa como al principio (momento en el que había que atajar un problema serio) sino a modo de mantenimiento para conservar mi columna en las mejores condiciones posibles. Un par de ajustes al mes y me olvido de molestias, dolores y preocupaciones.

A ver si en la próxima tomografía todas mis vértebras se pintan de verde.

¡Ha llegado la hora de la despedida por hoy!

Antes de irme me gustaría pedirte algo…

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