El amor siempre es un tema interesante y que da pie a larguísimas conversaciones.

Bueno…

¡No para todo el mundo!

¡Es cierto!

Hay a quien le interesa tres pimientos el amor, ni siquiera se lo plantea como un tema de conversación y mucho menos pierde el tiempo pensando en algo tan superfluo o ñoño.

¡Hay gente para todo!

En mi caso creo que ya he escrito varias entradas sobre el AMOR, y como decía mi abuela:

“Lo que te rondaré, morena”  (amenazo con insistir largo y tendido en reiteradas oportunidades que me surjan al paso).

En esta ocasión, estoy divagando entre las intensidades o tipos de amor y, por qué o cómo, o sabe Dios qué.

Ya veis que lo tengo todo muy organizado y estructurado en mi cabeza.

¡Ejem!

Me lanzo a dialogar con vosotr@s sobre el tema y exponeros mis opiniones al respecto.

Después de darle al coco creo que el amor es un poco como los colores, se expresa en diferentes tonalidades.

¿Cómo? What? 何ですか?

A ver…

Creo que hay un amor puro al 100% del cual se conoce su existencia pero que nadie ha sido capaz de mirar cara a cara, sentirlo en sus adentros o verlo brillar por la mañana cómo si fuese el Astro Rey.

Es impepinable deducir que el amor tiene su propia forma de expresarse, moverse, hacerse notar, atravesar corazones, manipular pensamientos y voluntades.

En definitiva tiene un poder máximo y yo diría, que las versiones más puras son incontrolables para el ser humano.

Fuera aparte de esta expresión del amor, lejos de la conciencia humana, creo que existen tonalidades, grados o tipos de amor.

Un amor que catalogaría de tonalidad rojo pasión, y que se caracteriza por ser AMOR de CUERPOS.

Ese amor a lo más físico y que entra por los sentidos: la vista, el olfato, el oído, el tacto y el gusto.

Quizá un amor básico dónde los haya, casi irracional, dominante, que genera un impulso dentro de uno mismo, una reacción química que enciende las llamas del deseo y cuyo fin simple es la satisfacción corporal, el placer de los sentidos, el disfrute de sensaciones que chisporrotean internamente y transmiten una felicidad muy efímera pero también, adictiva.

Este amor une a las personas con un lazo que se crea por la atracción física, por la belleza de las formas corporales y por la propia naturaleza humana que experimenta una conexión especial….

Aquello que algunos llaman “la química”.

Considero que en este caso, tratamos con un tipo de amor que tiene mucha fuerza, un caudal de energía contenida intensa pero un porcentaje bajo del amor puro descrito al principio, lo que en la mayoría de los casos provocará que tenga una esperanza de vida corta, intermitente e incontrolable.

Puede darse el caso que con el transcurso del tiempo y el conocimiento entre ambas partes, más allá de sus cuerpos, este amor evolucione a otra tonalidad diferente, pero no hay garantías de que eso ocurra.

Un amor de tono pastel, rosa o azul cielo, caracterizado por ser AMOR de ALMAS (emparentadas físicamente).

Este es un amor que hace su entrada por la puerta grande: el corazón.

Hay veces que ese amor, ya está dentro de nuestro corazón cuando la conciencia empieza a despertar. Se trata del amor a nuestros padres, y en su grado máximo el amor madre/hijo.

Ese lazo nace con el primer rayito de creación, de existencia y se va fortaleciendo durante los 9 meses restantes o hasta el momento del nacimiento.

Un amor suave, dulce, consciente, racional, que busca la armonía, cuyo fin es el disfrute común de momentos especiales, experiencias vitales en las que se participa de forma familiar.

Amor que una vez fortalecida la raíz, se ramifica en orgullo, ilusión, autoestima vigorosa, sentimiento de satisfacción vital, plena felicidad.

Un amor con alto grado de pureza, calidad y durabilidad y que, en circunstancias normales, tiende a acompañarnos durante toda nuestra existencia.

Un amor de tono verde esmeralda, caracterizado por ser AMOR de ALMAS (de diferente especie física).

Seguro que suena raro, pero lo explico…

En este amor verde esmeralda unifico el lazo amoroso que une a una persona con su mascota, a una persona con un lugar.

Seguro que alguien dirá…

¿Pero una animal o un lugar tiene alma?

¿Quién lo duda?

Yo, por supuesto estoy firmemente convencida que los animales y los lugares tienen alma.

Eso que se denomina “KI-Qi-Chi” (flujo vital de energía).

Se trata, también, de un amor que hace su hogar en el corazón, y que cuando se siente, viaja por el torrente sanguíneo distribuyendo alegría y bienestar por todos los rincones.

Un lazo entre un corazón humano y otro del reino animal, e incluso entre corazón de persona y flujo vital de un punto concreto del planeta.

¡Guau! (nunca mejor dicho, eh?)

¡El que no lo haya sentido nunca, se lo pierde!

Un amor de alma, que con esa alegría y buenas sensaciones termina influyendo en el cuerpo y en la mente.

¿Tanto por ciento de pureza?

Pues muy alto ¿Verdad?

¿Durabilidad?

¿Toda una vida?

Un amor tono violeta, un AMOR especial entre ALMAS y vetada a CUERPOS (quizá almas emparentadas).

Una sensación casi mágica, espontánea y extraña que crea un lazo entre dos personas y que en ningún caso tendrá un punto de conexión físico, básico, corporal o sexual.

Un amor entre personas que pueden ser de cualquier sexo y que vais a entender en cuanto os diga:

“Parece que nos conocemos de toda la vida, de otra época, de otra vida pasada”

“Siento que es como si fuese mi herman@”

“Siento un amor muy profundo y especial por él/ella, pero no como pareja”.

No todo el mundo llega a tener la suerte de sentir ese amor violeta, pero ese lazo suele ser eterno y de extrema pureza, inalterable

¿Toda una vida?

En este caso incluso más.

Un amor plateado con perfiles iridiscentes y toques de todas las variedades cromáticas, el AMOR en CUERPO Y ALMA,

El amor más perfecto que puede existir entre personas.

Un amor puro y únicamente posible entre cuerpos con almas perfectamente adheridas y con la capacidad de entender el amor desde su propia naturaleza.

Yo diría que este amor plateado, es a su vez, una fuente de más amor, capaz de iluminar a su alrededor.

Lamentablemente no todos los seres humanos son capaces de cobijarlo.

¿Por qué? ¿Cuál es el motivo?

Sencillo…

Condición indispensable que la persona distinga entre su CUERPO, su ALMA e incluso su MENTE y se encuentre capacitada para gestionarlas con voluntad, criterio, coherencia, racionalidad, espiritualidad, respeto, honestidad y moralidad.

¿Os acordáis eso que decía Décimo Junio Juvenal ‘Mens sana in corpore sano?

Pues añadiendo a eso un Alma sana.

Y algo muy pero muy importante…

Ser una persona generosa, capaz de compartir todo esto con alguien a quien se considera tan especial, que lo merece y además lo acepta.

Existen personas que en todo el grueso de su vida serán incapaces de captar este tipo de amor, otras que por momentos tendrán dicha capacidad y podrán disfrutarlo, sentirlo y hacer de ese amor un compañero de vida.

Creo, que esta capacidad se puede adquirir si se pone interés en el aprendizaje sobre el amor, si en cada experiencia amorosa, sea del tipo que sea, la persona observa, aprende y muestra decisión clara de introducir en su vida el amor como motor de felicidad.

Pero…

¡Hay que querer!

Y hay que estar dispuesto a esforzarse por ello, invertir tiempo, ganas, ilusión e incluso fe.

Estoy segura de que este amor plateado lo merece y me encantaría ver a muchas personas lanzándose al vacío para experimentarlo y disfrutarlo.

¿Qué bonito, verdad?

Amor en CUERPO, ALMA, MENTE.

En definitiva una persona que esta en sintonía con el amor más bello al 100%

¿Te animas?

Sigamos con el siguiente tipo de amor, y con este cierro mi lista.

Un amor de matices amarillos-anaranjados-verduzcos transmitiendo sensación de AMOR enfermo, típico entre CUERPOS/MENTES.

Se trata de un  amor enquistado, caducado pero que no ha sido tratado con honores durante el final de sus días y que reaparece transformado, enmohecido y causando todo tipo de problemas.

Es el triste rastro de un amor (posiblemente rojo pasión) o un amor que hubiese podido convertirse casi en plateado, y que fruto del desinterés ha sufrido una mutación y se ha convertido en peligroso, dañino y responsable de actos que la razón o la coherencia no darían por aceptables.

Hablamos de un lazo que unía personas que se quisieron.

Un lazo que debía de haber sido desunido, pero que quizás, por la obstinación de una o ambas de las partes, sigue generando una acción que en la actualidad es lamentable o avergonzante.

Este tipo de amor ya no es tal, sino que se ha convertido en el amor oscuro, la antítesis del amor o lo que algunos entienden por odio.

A su paso, va dejando un rastro de malas experiencias y sensaciones desagradables.

A su paso genera emociones destructivas: rencor, rabia, resentimiento, animadversión o saña.

Si en algún momento sientes este tipo de amor, plantéate que hay algo que rectificar, solucionar y arreglar dentro de ti.

¡De verdad!

Te lo digo con cariño y mi deseo de verte feliz (aunque no te conozca). Si te ves rodeado de este amor amarillento uniéndote a otra persona, dedica un poco de tiempo e interés para hacer que desaparezca.

Si en el pasado ese amor fue rojo pasión, seguro que gracias a él vivisteis gratas y placenteras experiencias.

¡Qué menos que honrarlo como merece y desatar ese lazo con agradecimiento!

Igualmente si durante un tiempo fue un amor iridiscente, precioso, mágico y que te alegró los días con felicidad. Si no se puso todo lo necesario para mantenerlo vivo, hay que aceptar dicha responsabilidad. No creas que en ti no hay rastro de culpa.

En estos casos, ambas partes involucradas son responsables. Hay que saber aceptarlo, y sacar ese lado humano, coherente, racional y respetuoso para tirando cada uno de un lado, deshacer el lazo y desearse felicidad mutua, caminando por senderos paralelos.

Dicen que rectificar es de sabios.

Ya veo que esta entrada se me ha ido un poco de las manos y parece eterna, infinita o interminable pero estoy en la recta final.

Antes de irme, debo darte las gracias por no perder el interés y leerla entera, pero abusando de tu confianza quiero ir un poco más allá y pedirte tu opinión sobre el tema, algún comentario o lo que gustes.

En fin…

¿Seguiremos hablando del amor? ¿Disfrutándolo? ¿Sintiéndolo?