Ya en los años 80 el estribillo de una canción nos decía con ritmo…

¿Lo recuerdas?

¿O quizá eres muy joven y esas canciones ochenteras no las tienes en tu repertorio memorístico?

Por aquellos años hombreras, calentadores, mini-faltas, blusas de colores llamativos, pantalones acampanados, muchos abalorios (pulseras, collares, broches, etc…), pendientes de aros enormes, peinados con mucho cardado, flequillos que se mantenían a base de medio bote de laca, maquillajes con sombras verdes/azules y labios súper rojos.

Si ves imágenes de esa época, es posible que te provoquen risa o un poco de vergüenza ajena, o incluso propia, si eres el protagonista de la foto o vídeo. Te ves y no hay forma humana de evitar la risa y el típico comentario:

¡Menudas pintas!

¡Jajajaja!

Ya han pasado unos cuantos años. Realmente más de 3 décadas y esto de la moda, no sé si tiene tanta gracia como antes o se ha convertido en una verdadera locura de la que no es posible escapar.

¿Por qué digo esto?

A ver, cuando yo era pequeña (poco tiempo después de que los dinosaurios se extinguiesen) los mandamientos de la moda no tenían tanta fuerza como ahora, quizá porque no existía tanta oferta, las marcas, firmas o tiendas no eran legión como en la actualidad y además el dinero no sobraba. En mi caso las tendencias más seguidas eran las del mercadillo que ponían en mi pueblo los miércoles por la mañana.

Y como yo, la mayoría de los niños y niñas del colegio.

“Mercadillo style” y para eventos especiales Sepu, Galerías Preciados o rascándose mucho el bolsillo “El Corte Inglés”

En definitiva esos dictados de la moda tenían un público reducido, el que formaba parte de la clase acomodada y podía permitírselo sin tener que sacrificar del presupuesto para llenar la nevera, pagar los recibos y ahorrar ligeramente.

Lo bueno de eso era que ir o no a la moda quedaba en un segundo plano, que no acomplejaba a nadie ni le hacía sentir fuera de lugar, inferior o inadaptado.

¡Ahora es todo muy diferente!

La moda se ha convertido en un ser poderoso, en una fuerte corriente que llega a todos los rincones y que participa en casi todo lo que acontece.

 

Hoy en día, se hacen las cosas que están de moda, se dicen las palabras que son tendencia, se visitan lugares que están en rankings de popularidad, se disfrutan bebidas que te hacen que participes de un estilo de vida actual, las reuniones sociales en restaurantes famosos, el modelo de coche que anuncia un actor o futbolista muy conocido, no puede faltarnos el móvil que acaban de hornear en Apple y tampoco podemos dejar de jugar en la Play al juego que juega todo el mundo, en verano imposible vivir sin el último modelo de gafas de sol o el triquini que luce Paula.

Cada año un nuevo deporte hace su entrada en el listado de actividades de todos los gimnasios del país. Y cuando empiezas a practicarlo el entrenador te descubre un nuevo súper-alimento que liberará tu cuerpo de grasas casi por arte de magia y que, combinado con la aplicación día y noche del cosmético protagonista de la última fórmula patentada te dejará la piel suave y aterciopelada.

En dos meses un cuerpo de escándalo al que hay que cubrir con esas nuevas prendas que acaban de formar parte de la operación ‘renueva tu armario de arriba a abajo con tu personal shopper’.

Y eso… ¿Qué es?

Pues también está de moda, que tu ropa la elija alguien que se supone va a sacar el máximo partido a tu figura, facciones y te va a aportar todo ese estilo que a ti te falta.

¿No os parece agotador y estresante?

A mí me lo parece.

Y no es que esté en contra de la moda, algo que me puede parecer hasta útil.

El problema reside en que parece que ya es una esclavitud, todo el día viviendo bajo los dictados de esa maldita moda que cambia cada temporada.

Bueno eso era antes, ahora ya existen las mid-season, lo cual es genial para el que tenga tiempo, dinero y ganas.

Pero lo me causa mayor preocupación no es tanto la parafernalia de la ropa o complementos, como los dictados de la moda en cuanto al aspecto físico de las personas. Eso me parece realmente un horror, una condena o un sometimiento cruel para el que quiera seguir su corriente.

De moda está la excesiva delgadez, la que está entre una buena salud y la enfermedad, la que provoca trastornos alimenticios y psicológicos como la bulimia o anorexia, la que hace a sus adeptas practicarse operaciones estéticas para liberarse de grasas a la carta sin preocuparse de nada más que de parecerse a una modelo top y poder lucir un palmito parecido, o las que sin pensarlo dos veces ponen siliconas en sus pechos o nalgas para que su cuerpo parezca más sexy.

También hay personas que para estar totalmente en onda, de repente se sienten necesitadas de plasmar su imagen luciendo el famoso ‘thigh gap‘ (una separación anti-natural y entre los muslos) o el novedoso ‘ab crack‘ (una larga línea en el centro del cuerpo y que no es otra cosa que una lesión abdominal) y sea como sea, o bien dándose palizas de impresión en el gimnasio o gastándose la pasta con el cirujano que corresponda.

Las personas que por H o por B terminan enganchadas a este tipo de vida se encuentran pegadas a una tela de araña que no las deja alejarse de su radio de acción. Éstas, están dominadas por la moda y todo lo que no sea formar parte de ella, les causa grietas en su autoestima e infelicidad.

Un día se miran al espejo y se ven arrugas, un párpado caído o las mejillas que no corresponden con el rostro de una persona joven, que sigue los criterios de la estética actual y ni cortos ni perezosos, solucionan tan grave problema pidiendo cita en el Centro de Cirugía Plástica y llevando al cirujano una foto de un/a guap@ de Hollywood que en las revistas está catalogado como el/la más sexy del momento. La intención no es otra que cambiar sus facciones por las del personaje fotografiado. La nariz de…, los pómulos de…, los labios carnosos como….

¿No te parece que eso muestra un tajante rechazo sobre uno mismo?

¿No se quieren? ¿No quieren ser quiénes son?

¿Prefieren mirarse al espejo y ver una nueva cara?

 

No lo entiendo y me parece un auto-boicot auténtico.

Y cuando no se lleven las mejillas tal y como se llevan ahora…

¿Se las volverán a cambiar?

¿Un rostro cambiante según modas pasajeras?

Me resulta triste… 

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