Bienvenid@s a una nueva entrada del blog.

Ahora que el sol empieza a intensificar su fuerza y nos llegan buenas temperaturas para disfrutar de playas, piscinas, salidas nocturnas, eventos sociales y demás situaciones, nos preocupa tener una planta estupenda.

Por supuesto que no me refiero a los geranios de la terraza sino a un cuerpo serrano digno de ser mirado 2 veces o admirado en toda su extensión.

Tal situación, que se repite año tras año, nos lleva a apuntarnos a lo que se conoce como ‘Operación Bikini’

¿Tú también estás inmers@ en ella?

Creo que son pocas personas las que no se ven seducidas por este objetivo común de querer lucir palmito en traje de baño.

¡Eso!

¡Vamos todos a ponernos divin@s para que nuestra estampa de playa sea digna de admiración!

De paso, hagamos culto a la vida sana y mostremos especial interés en cuidar nuestra alimentación, que seguro con ello obtendremos resultados visibles en poco tiempo.

No es que en invierno uno no quiera estar estupendo sino que, entre que parecemos cebollas con tantas capas de ropa y el frío nos hace cargar el cuerpo con buenos guisos, las chichas quedan un poco más camufladas y no son tan evidentes. Hay tiempo para relajarse…

¡Hasta aquí todo más o menos correcto!

El problema puede surgir cuando esta operación bikini se va de las manos y lo que inicialmente es un buen objetivo (tener una silueta estilizada y un cuerpo armónico) se convierte en una obsesión que como efecto secundario más dañino destroza la autoestima.

¿Qué es la autoestima?

Pues según RAE, es la valoración positiva de sí mismo que hace cada persona.

Si relacionamos el término con la psicología, es una opinión de carácter emocional que los individuos tienen de sí mismos y que en muchos casos no tiene causas claras, lógicas o racionalidad.

Cada persona valora su personalidad, las actitudes que tiene, las habilidades y su aspecto físico, que son aspectos que constituyen la base de la identidad personal. Con esa valoración muestra aceptación o rechazo de sí mismo.

Como se trata de una valoración individual y propia en muchos casos, el resultado final no es adecuado pudiendo llegar a ser una valoración injusta, demasiado exigente o severa.

Puede parecer algo poco preocupante pero la autoestima está íntimamente relacionada con la felicidad, o por lo menos yo lo veo así. Una autoestima que no esté en los niveles correctos repercutirá en la capacidad de esa persona de ser feliz.

Es posible, bajo mi punto de vista, que la mayoría de la población se haya visto en algún momento de su vida con una autoestima deteriorada, generando sensaciones incómodas.

Quizá uno de los primeros peldaños que nos lleven a magullar nuestra autoestima sea la inseguridad, otro la decepción con uno mismo cuando no se consiguen objetivos. El siguiente peldaño podría ser el permitir que otras personas cuestionen nuestras capacidades y emitan juicios desconsiderados, hirientes, injustos o de sometimiento, y por supuesto (y muy importante) el peldaño final sería la ausencia de un impulso de reacción frente a todos estos síntomas.

Hay casos en los cuales una persona se puede sentir muy capacitada para enfrentarse a algunos aspectos de la vida, pero en cambio para otros se  siente nula, incapaz e inútil generando un gran bloqueo que la hunde cada día más en la apatía, tristeza e infelicidad.

Posiblemente el aspecto estético pueda ser en algunas personas el punto más difícil de mantener a raya en su autoestima. Estas personas pueden saber valorar su personalidad, su intelecto o su capacidad de resolución aunque si se miran al espejo muestran poco cariño por la imagen que refleja.  

Estas situaciones son muy negativas y hay que intentar ponerlas remedio lo antes posible para que no provoquen males mayores que hagan de la vida un pequeño infierno.

Por mi parte me gustaría lanzar unos pequeños consejos y argumentos motivadores (utilizados por mí misma en mis peores momentos) para poner mi granito de arena en esa lucha que a veces tenemos con nuestra autoestima.

No sólo se centran en el aspecto estético sino en todos los puntos que pueden hacer tambalear esa valoración positiva que debemos hacernos. Espero puedan ser útiles y le sirvan a alguien para mejorar.

1º Debemos conocernos bien, analizar nuestra forma de ser y llegar a un análisis de cuáles son nuestras virtudes y nuestros defectos.

Este punto tiene una seria dificultad, la de ser capaz de juzgarnos justamente. Por supuesto que no debemos ni minimizar ni exagerar las cosas. Si hay aspectos positivos -valorarlos- y si hay otros negativos -identificarlos-. 

2º Encontrar qué situaciones negativas hemos vivido y qué objetivos no hemos sido capaces de cumplir en nuestra vida como consecuencia de esos “defectos”.

Nuevamente debemos ser sinceros y ceñirnos a la más cruda realidad intentando no involucrar a terceros, sino ajustándonos a la causa/efecto desde uno mismo.

3º Contabilizar cuantas veces se repiten situaciones similares del punto 2º, y así determinar si cometemos siempre los mismos errores y con los mismos orígenes.

Esto nos pasa a todos, tropezar con la misma piedra una y otra vez. Mismo error, misma estrategia errónea para solucionarlo y por tanto nada se arregla.

4º Valorar de qué manera nos sentimos, cuales son las emociones que generamos una vez vividas estas situaciones, y si el nivel negativo de estos sentimientos/emociones aumenta de manera proporcional a la repetición de las mismas.

5º Decidir si realmente queremos cambiar estas situaciones negativas de verdad o preferimos seguir inmersos en ellas, fomentando un victimismo absurdo o re-creando una situación de injusticia universal hacia nosotros sin un motivo aparentemente claro.

Hay que destacar que en ocasiones el papel de víctima es muy productivo.

En muchos momentos, la lástima que nos dedican los que nos rodean, da unos frutos más o menos dulces.

Por ejemplo: Que esas personas que sienten lástima…

A) Se esfuercen en hacer por nosotros lo que no hemos sido capaces de hacer. (Para que voy a aprender si otro lo puede hacer por mí. Así tengo menos trabajo y menos responsabilidad).

B) Nos dediquen su cariño, interés y atención, intentando animarnos, motivarnos, enseñarnos o darnos consejos para superar las situaciones difíciles. (¿Mostrarían la misma atención e interés si tuviese la autoestima perfectamente?).

C) Nos emitan menos críticas, valoraciones negativas, reprimendas, juicios desfavorables o exigencias de responsabilidad por nuestros actos, para intentar evitar lastimar nuestra autoestima todavía más.

Puede ser que existan más ventajas disfrutables desde la posición de víctima… que desde la de persona segura de sí misma y capacitada para enfrentar sus problemas, pero desde mi punto de vista no es muy lícito aprovecharse de ello. 

Por supuesto que lo que prima es levantar la cabeza y poco a poco, también esa valoración que tenemos de nosotros mismos.

Para comenzar, hay que aplicar un absoluto y total respeto hacia nuestra persona, evitando ejercer cualquier ataque o maltrato (interno o externo) ya sea a través de pensamientos o palabras que indiquen nuestra incapacidad para estar a la altura de las situaciones que nos surgirán en la vida.

Intenta no pensar ni decir que eres gord@, fe@, inútil, incapaz, patos@, torpe, lent@, de forma despectiva.

Debemos seguir  y mantener un espíritu positivo frente a los retos, objetivos, metas o desafíos a los que nos enfrentemos, siempre por supuesto sin pecar de inconsciencia.

Yo soy capaz de conseguir lo que me proponga, sólo debo esforzarme y prepararme para ello.

Debemos ser realistas  frente a nuestras metas ya que en algunas ocasiones estaremos capacitados desde el principio para superarlas, y en otras quizá debamos formarnos o prepararnos al respecto. Muy pocas cosas se consiguen en el primer intento…

Nuestro cerebro no tiene previamente instalados todos los programas necesarios para enfrentarnos a la vida.  Estamos dotados de intuición, de cierto instinto de supervivencia, y cada persona muestra alguna que otra facilidad para realizar ciertas tareas… pero poco más. Fuera de este paquete básico, lo demás se consigue con esfuerzo, interés y horas de aprendizaje.

Durante este entrenamiento vital, la paciencia y la perseverancia deben ser grandes amigas nuestras.

Es posible que cuando nos enfrentemos a un problema u objetivo, no demos con la solución a la primera. En tal caso, nada de lamentos, desilusiones o enfados. Hay que seguir intentando conseguir nuestra meta o encontrar la respuesta adecuada. Es evidente que, si una fórmula no ha sido acertada en un primer intento, no lo será después de una docena de ellos.

Por favor… No seas testarud@, cabezota, tozud@ o terc@. Éste es un error muy habitual. Cambia la obstinación por versatilidad, para encontrar nuevas técnicas o sistemas con los que enfrentar el problema o conseguir el objetivo.

Intenta creer en ti, no te dejes desmotivar ni escuches palabras que te puedan llevar a un fracaso prematuro. Si no estás totalmente preparad@ para superar la prueba/meta simplemente consigue la formación necesaria… Sólo eso!!

Busca ayuda, apoyo, motivación en los que te rodean y te quieren, o quizá en personas preparadas para algo así (psicólogo, terapeuta, motivador, profesor especializado, etc…), y utiliza la ayuda prestada para seguir avanzando.

Muy importante es valorar los avances obtenidos para ratificar que “podemos” obtener un resultado óptimo, siempre y cuando sigamos por el mismo camino, sin mirar atrás, sin dudar de nuestra capacidad…

Siempre pasos hacia adelante, algunos de mayor magnitud y otros casi imperceptibles, pero nada de dejarse caer en el abismo de la inseguridad, o del miedo al fracaso.

La autoestima es como una planta con flores, hay que cuidarla, regarla, mimarla, abonarla, y de vez en cuando nos brindará esas bonitas flores que serán nuestra recompensa por el esfuerzo y dedicación. El único inconveniente es que si por comodidad dejamos de mantener, proteger y conservar la planta puede que ésta se marchite.

Me gustaría añadir que en la gestión personal de la autoestima hay momentos en los que podemos pensar que nuestra relación con otras personas y en concreto el comportamiento que éstos tengan hacia nosotros, influya directamente en la misma.

¡Estoy de acuerdo!

Hay veces que las personas que nos rodean pueden ser más o menos agradables, críticas, puntillosas, exigentes, intolerantes, inflexibles, severas, dominantes, manipuladoras, pesimistas, agoreras, etc… Pero cada uno es libre de ser como quiere ser, y nuestra autoestima es algo íntimo, entre nosotros mismos, y por nada de este mundo debería verse influenciado por la personalidad de las personas con las que nos relacionamos.

Por mucho que alguien (ya sea conscientemente o sin darse cuenta), actúe de manera que pueda hacerte dudar de tus capacidades o de tu valor como persona, la reacción por tu parte debe ser contundente.

No te dejes llevar por esa situación a un terreno de desconfianza sobre tu aptitud, inteligencia, competencia o talento a la hora de enfrentar tus objetivos. Tampoco de dejes caer en el peligroso mundo del rechazo físico.

Qué las personas opinen de ti lo que quieran… sea bueno, malo o regular.

Lo verdaderamente importante es que “TÚ” CREAS EN TI y “TÚ” TE QUIERAS A TI MISMO.