Conocerse a uno mismo es una de las tareas más interesantes e importantes que puede realizar una persona. Aunque no hay mucha gente que se tome el tiempo necesario para hacerlo.

Mi opinión al respecto es que cada uno conoce de su persona algo parecido al trozo que muestra un espejo si lo miramos de frente, y por ambos perfiles. El resto, que resulta algo más complicado de observar, se queda sin descubrir.

Para más inri, a veces, nos hacemos una imagen de nosotros mismos  que a duras penas coincide con la realidad.

Y luego, eso lleva a sorprenderse brutalmente cuando alguna persona te sugiere algunos puntos de tu carácter que no eres ni capaz de intuir que tienes, y mucho menos aceptas como propios.

¡Seamos coherentes!

Antes de lanzarte las manos a la cabeza cuando escuches un juicio de valor sobre tu personalidad, relájate. No te pongas en posición de defensa, con cuatro dardos verbales envenenados para devolver a esa persona que ha tenido el valor de decirte algo que no encajas.

En algunas ocasiones, hay personas con intención de molestar que elaboran maléficas críticas que te dejan caer como regalo de la mañana, tarde o noche. Pero en otras ocasiones los alegatos que recibimos se basan en realidades.

¿Qué hacemos entonces?

Pues mi sugerencia es que no cojas el cesto de las chufas demasiado pronto, no te enfades, ni saques la catana para hacer rodar cabezas.

El primer paso es tomar conciencia con calma y tranquilidad de lo que llegan a tus oídos, entendiendo al 100% y en la versión original el mensaje.

¿Por qué digo esto?

Porque somos muy dados a versionar, a incluir a las palabras un tono inquisidor o una intención oculta…

¡Prohibido!

El mensaje se analiza tal cual ha llegado, sin añadidos, así evitamos confusiones.

El segundo paso es tomarnos el tiempo necesario para investigar sobre la consistencia de la información que trasmiten esas palabras.

Por ejemplo: “Mi amiga Pepita me ha insinuado que soy una persona muy criticona, desconfíada y poco sincera, en la que no se puede confiar”

Analicemos: criticona, desconfiada y poco sincera. Estos tres puntos son los que hay que estudiar en nuestra personalidad.

Ese análisis por supuesto que tiene que gozar de un rigor máximo.

Seamos sinceros con nosotros mismos, y si vemos que la crítica tiene solidez y es real podemos optar por varias opciones:

1.- Intentar disminuir, suavizar o eliminar esos defectos de carácter y así mejorar nuestra versión.

2.- Asumir nuestra tara en la personalidad, vivir con ella y que se aguante el que la sufra.

3.- Hacernos los locos y devolver la crítica a Pepita haciendo un lanzamiento de tres improperios del mismo nivel contra ella, como venganza. (Esto es broma, está totalmente desaconsejado…)

En mi caso personal puedo asegurar que este método me ha sido muy útil para aprender a encajar críticas, sacar conclusiones reales de las mismas, evitar enfados innecesarios y eliminar alguno que otro defectillo. Aunque todavía me queda tarea con otros que se me resisten….

¡Seguiré trabajando!

Espero que con esta sugerencia te animes a conocerte mejor, verás que ahondando en ti podrás evitarte malos momentos.

Próximamente, en otra entrada analizaremos esas críticas que son como regalos envenenados y la mejor forma de trabajarlas para evitar nos perjudiquen.

¡Hasta pronto!