¿Estas limpio?? ¿Seguro? ¿Completamente limpio?

A diario dedicamos un tiempo considerable a nuestro aseo personal: la ducha diaria, el aseo de nuestras manos varias veces, la limpieza del cabello… Si esto no fuese bastante, para garantizar que somos «impolutos», estamos todo el día pendientes de que no se nos vea una mancha o un lamparón. Ya en casa cuidamos que todo esté reluciente y huela a limpio y fresco. Pero… ¿Y la mente, el alma y la conciencia…
También limpias e impolutas?