Antes de entrar en el argumento de la entrada, me gustaría pedirte que hagas un pequeño ejercicio de imaginación:

Imagina por un momento que eres alguien que tiene el propósito de levantarse todos los días con una sonrisa en la cara, pretendiendo acompañarse de ella las 24 horas, Y si puede ser, contagiarla al resto de las personas con las que te topas durante la mañana, tarde y noche.

Imagina además, que tienes un corazón notablemente sensible (que viene de serie y no hay manera de cambiar por mucho que algunas veces lo desees con fuerza) y te gusta tender la mano a quien crees que puede necesitar ayuda. Pero, no te va esperar a que esas personas tengan que pedirlo con cara de lástima o solicitándolo por favor… Sino que prefieres estirar esa mano antes de que esa persona se pueda sentir mal.

Si está dentro de tus posibilidades, para que demorar el apoyo ¿No?

Imagina que eres generos@ y disfrutas regalando cosas bonitas, teniendo lindos detalles, ofreciendo esos pequeños caprichos que están en la ilusión de los demás pero que por algún motivo, no pueden concederse…

En algunos casos quizá tu generosidad no es tanto económica, como temporal y lo que compartes es tu tiempo, incluso tus conocimientos, tus experiencias, tus vivencias, tu optimismo, para que puedan ser útiles a otros.

Sigue imaginando e imagina que eres servicial y te encanta poder hacer algo por las personas que te rodean, ya sea en tu puesto de trabajo, en el que intentas ser pro-activ@ o en tus relaciones personales, en las que promueves esa amistad, cariño o amor.

Siguiendo por el camino de la imaginación, imagina que eres empátic@ y captas enseguida el sufrimiento en los demás, esas tristezas, apatías, desilusiones, dramatismos, dudas, miedos, inseguridades, temores, preocupaciones, sufrimientos, melancolías, nostalgias, ese grueso de emociones negativas que a veces hacen brotar lágrimas o a veces hacen que quien las sufre se encierre en su torre de cristal mirando desde dentro al mundo. Y cuando tu sensor es consciente de ello, te propones cambiar ese toque de amargura o desconsuelo en esa persona utilizando tus mejores argumentos.

I-m-a-g-i-n-a que tienes mucha ilusión por vivir, por sentir, por aprender, que tus ojos se llenan de chiribitas cuando descubres nuevos lugares, que te sientes muy especial cuando puedes disfrutar de la felicidad que te rodea, en definitiva que eres una persona vital, alegre, entusiasta, extrovertida, dinámica, cordial e inquieta, con gusto por la armonía, la cordialidad, el entendimiento y la concordia.

Ahora que ya has imaginado tu personaje en esta historia y puesto en el papel, la trama sigue de la siguiente manera:

Amanece un nuevo día, y esa sonrisa sale perfectamente colocada en el rostro, haciendo sinfonía con la energía que había sido totalmente renovada durante las horas de sueño reparador. Como suele ser habitual, un pequeño paseo de 5 minutos con destino la estación de Renfe dónde subir al cercanías que te llevará a tu destino, durante el trayecto un poco de estudio para despertar las neuronas y ponerlas a calentar motores.

En plazo de 1 hora, salvo contratiempos indeseados de la compañía de ferrocarriles, llegada a la estación de destino cercana al puesto de trabajo…

Absoluta predisposición a ser útil y ganarse el sueldo:

Café caliente, centralita en posición de recibir las llamadas, ordenador encendido, mente con todas las neuronas en posición de 3, 2, 1…. ¡Ya!

Ya se sabe que los lunes, no son los días más maravillosos pero…

¿De verdad que de 5 llamadas, las cinco -o sea un 100%- las efectúan personas con mal humor, ganas de discutir y tendencia a faltar al respeto?

¡No me lo puedo creer!

De todas formas, uno está preparado para eso y mucho más, por tanto en 15 minutos no se acaba con la disposición a ser útil, la paciencia y esas ganas de mantener la sonrisa en la cara hasta la hora de dormir.

Por supuesto que….

¡Hay que verse!

La red se ha caído y no funciona internet, ni las impresoras, ni los programas compartidos. Menos mal que acabamos de abrir el chiringuito y sólo estoy yo. Mejor me transformo por unos minutos en una vulgar copia de informático por horas e intento levantar la red, a ver si lo consigo.

Unos minutos siguiendo las buenas indicaciones y maravillosos consejos, que mi querido esposo -técnico informático de los de verdad de la buena- me ha ido enseñando y, después de desconectar, conectar, revisar y encomendarme a Nuestra Señora la Virgen de los Remedios Caseros…

¡Milagro! ¡Todo vuelve a funcionar!

¡Si es que con un poco de optimismo, interés y disposición, se consigue mucho, verdad?

Sea como sea con ayuda divina, suerte del carajo o un poco de empeño, el caso es que segundo round de la mañana: ‘Superado’

Suspiremos y volvamos a la calma de nuevo.

Bueno, calma relativa o mejor dicho, en cuestión de segundos caos total: clientes que vienen, llamadas que entran de tres en tres, emails que entran en la bandeja en entrada como si no tuviesen otro sitio donde alojarse, un fontanero que entra y dice que hay una avería y tiene que revisar unas bajantes,

Faltaba Mª Jesús con su acordeón para montar entre todos una Party.

Tiré de sonrisa, de dosis de paciencia y pin pan, paso a paso, caos hecho migas.

Un par de respiraciones, para volver a conseguir un ritmo cardiaco normal y saludable, y….

¡Qué bien!

Empiezan a llegar compañeros de trabajo!

¡Ya no estoy sola!

Son las diez menos diez de la mañana y a mí me parece que llevo 3 horas luchando contra la corriente. En realidad sólo han sido 45 minutos de problema tras problema y complicaciones varias, pero han sido mentalmente agotadores.

La verdad es que llevo desde que volví de los días de vacaciones de Semana Santa saturada de responsabilidades y presión laboral. Es que, por unas cosas y por otras, el nivel de trabajo está muy por encima de lo normal, y con la baja de una de las compañeras del turno de mañana (lleva más de 7 meses de baja), y ciertos problemas personales que le han surgido a mi otra compañera, por los que ha tenido que ausentarse, por más que quiero enfrentarme al trabajo es como querer bailar el disco chino mientras vendimias unas uvas para hacer vino tinto.

El caso es que todavía no he roto ningún plato y algo de vino ha salido pero….

¡Volvamos al día en cuestión!

Recibo gratamente y con bastante alegría a mis compañeros, según se van incorporando, en busca de un poco de gasolina que me ayude a seguir con esa sonrisa, con esa disposición a ser útil y ganas de ayudar.

¡Tenía las expectativas demasiado altas, creo yo!

Lo más salvable de sus palabras han sido los saludos, en algún caso un hola en otros un buenos días. Las frases posteriores han sido como comentarios que lejos de animar o hacer sentir que ya no estás sola ante los contratiempos, han servido para hacerme sentir peor todavía.

¿Qué tal por aquí? ¿Tranquilito, no?

Pues evidentemente cuando una persona se hace cargo del trabajo de 2 y 1/2, mucha tranquilidad no hay lógicamente, cualquiera puede adivinar que me han faltado manos, orejas y minutos a la jornada laboral. El nivel de presión ha sido como el de una Olla Express, y la energía en esos días salía a devolver (como las declaraciones de la renta) cuando ponía la cabeza en la almohada por la noche. En fin…

La pregunta de…

¿Tranquilito, no?

Resultaba un poco molestar, todo hay que decirlo.

Normal que casi espontáneamente la sonrisa se te borre de la cara y tengas que controlar la docena de comentarios irónicos que brotan en cadena del cerebro de forma espontánea y sin filtro.

Pero…

Con cierta dosis de racionalidad, coherencia y buen rollo decides respirar y volver a sonreír (con menos ganas, pero…)

¡Qué bien me han sentado los días de vacaciones!
 

A lo que contestas con alegría y sinceridad: ¡Pues me alegro! Para eso son las vacaciones para desconectar y descansar o divertirse, así el regreso es mejor.

¿Y por aquí? ¿Habéis estado muy relajados, no?

¡Vaya! Otro comentario de los que parecen de guasa.

Casi que te sale sólo el carraspeo de garganta…

¡Ejem, ejem!

Como si tus compañeros, no supiesen ‘de sobra’  que en el despacho, cuando la plantilla está reducida a la mitad, es todo un horror y el relax no se siente ni por casualidad. Y encima tú llevas desde las 9 de la mañana resolviendo problemas encadenados para que ellos cuando lleguen puedan trabajar tranquilos y sin complicaciones.

¿Es una broma que todos y cada uno de los que han estado disfrutando de días de vacaciones, entren por el despacho insinuando que el resto hemos estado en la gloria, tranquilos, relajados, sosegados y sin agobios?

¡No, no es broma!

Es como de chirigota de Cádiz…

De verdad, que desde el primer minuto de la mañana tu intención es rebosar alegría, regalar sonrisas y ser útil, pro-activa y encantadora, pero con tanto comentario dando por sentado que esos días de infierno han sido como si navegaras en un catamarán en República Dominicana regalando a tu cuerpo serrano unos daiquiris y meneando las caderas a ritmo de bachata, que al final y casi sin remedio, mutas en dragón de Komodo o en Orca asesina.

¡Joder!

Tu objetivo Zen de mantener la armonía en tu rostro hasta la hora de dormir se ha ido literalmente a la mierda. Tu deseo de tener un día sosegado, lleno de buen rollo y cordialidad, a pasado a ser como los unicornios ‘mitología’.

¡Qué fracaso!

Te inunda una sensación de derrota que cae sobre ti como una bola demoledora.

No hay nada como hacerse unas expectativas del día que comienza con excesivo optimismo y demasiada confianza en uno mismo, como si todo estuviese en nuestras manos. Parece que, a saber por qué razón, todo se pone en tu contra de forma que lo que al principio es un objetivo sencillo, -a priori- fácil de conseguir, se convierte en un reto utópico e inalcanzable.

¡Hay que tirar la toalla!

¡El maldito día está pudiendo contigo!

Hay que rendirse e intentarlo mañana.

Hoy ya es materialmente imposible sonreír y menos con esos ojos de quien te rodea, mirándote y pensando:

Sin Valorar

Por favor, valora esta entrada