De esas cosas que tiene nuestra mente…hoy me ha dado por recordar una pequeña anécdota vivida en el Colegio.

Hace unos 30 años más o menos, me encontraba yo cursando lo que antes se llamaba 8º de E.G.B. en el Colegio Público Felipe II, de la localidad en la que crecí.

En este curso la asignatura de trabajos manuales se transformaba en Pintura al Oleo debido a que uno de los profesores tenía afición por dicha técnica y tuvo la decisión de intentar introducir a todos sus alumnos en ella.

A la gran mayoría nos resultó un tanto complicado enfrentarnos a las dificultades que entrañaba ponerse delante de un lienzo, y armados de pinceles de diferentes grosores, plasmar algo bonito en él. Vamos… lo suficientemente bonito como para conseguir mínimo un aprobado.

Ya el hecho inicial de elegir la imagen a dibujar era un gran problema al que posteriormente se añadirían otras complicaciones, como conseguir diferentes colores mezclando varios, controlar el pulso de la mano mientras se hacían los trazos, definir los volúmenes en el lienzo, que la copia se pareciese al original, etc, etc…

El caso es que durante las dos primeras evaluaciones del curso fui aprobando justito, justito, con un suficiente peladito.

En la última evaluación yo quería mejorar mi nota, tenía como objetivo dar más de mí e incluso que el motivo del cuadro saliese de mi cabecita, nada de copiar un paisaje o un bodegón. ¡Buena idea!

Me ilusionaba mucho hacer algo genuino y propio, que no se pareciese a nada.

Pronto apareció la inspiración (esa que se puede tener a esa edad), y decidí dibujar algo…

En unas semanas ya estaba terminado mi cuadro “Tucky”, del que estaba tremendamente orgullosa. No dejaba de ser uno de esos muñequitos que se dibujan en los cuadernos de clase, con sus ojos saltones, sus manitas, graciosos pelos de punta y ataviado con ropajes en colores vivos.

Mi orgullo se vio incrementado cuando el profesor anunció un NOTABLE como nota por el cuadro y además que sería expuesto en el colegio para disfrute de todos los compañeros del mismo. Mi alegría era desbordante: ¡Objetivo cumplido!

La exposición de los cuadros y manualidades dignas de reconocimiento estuvieron una semana expuestas y uno de los días se me ocurrió pasar a verla.

¡Menudo chasco! Todo mi orgullo pavoneante cayó destrozado contra el suelo. ¡Mi cuadro estaba patas arriba!

¿¿¿Pero??? ¡¡Mi profesor no ha entendido nada!!  Si ha colgado el cuadro al revés es porque no ha conseguido ver de qué se trata en realidad…(pensé). Mi pobre muñequito “Tucky” estaba dado la vuelta.

¡Jajajajjaja!!! Ahora lo pienso y me hace mucha gracia la situación. ¡Un notable para un cuadro colocado al revés!

Así es el mundo del arte: “Cada cual lo interpreta a su manera” siendo la primera visión la del propio pintor y posteriormente la de los demás.

De todas formas ahora cuando preparo mis exposiciones, los cuadros se cuelgan estando yo presente…¡Por si las moscas! jejejeje 🙂

Moraleja: Si quieres crear, crea algo que te haga feliz, y permite que tu creación pueda ser versionada para que los demás también sean felices.

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