Es evidente que hay días y días…y por más que uno intente mantener la compostura, en ocasiones, el objetivo se torna difícil, complicado e ingobernable.

Hoy es uno de esos días en los que me cuestiono absolutamente todo.

Ahora mismo me encantaría montarme en cualquier medio de transporte que tuviese como destino final un lugar totalmente despoblado de humanos, adornado con árboles frutales, un manantial y quedarme allí hasta que este mundo actual o bien se transforme en un sitio que favorezca la vida o bien reviente definitivamente.

Efectivamente, hoy me rodea un aura totalmente carente de positividad, lo cual es una verdadera lástima porque me considero una persona alegre, dinámica, luchadora, obstinada con sus pretensiones y objetivos, optimista y que busca interactuar con el mundo con la mayor armonía posible, pero…como he dicho al principio hay días y días.

Supongo que como en otras ocasiones he tocado fondo en la piscina de la frustración y dándome cuenta que hay veces que por mucho que luches, la batalla está perdida de antemano.

Vivimos en un mundo ridículo, en el que las reglas del juego no tienen pizca de coherencia, racionalidad, justicia, honradez, honestidad, moralidad, igualdad, lógica, sensatez o cordura.

Se supone que nuestra existencia tiene una razón de ser, que hemos venido aquí a aprender de la vida, a manejarnos ante los problemas, a convertirnos cada día en mejores personas, pero si miras alrededor…parece que sólo triunfa el que deja a un lado cualquier ápice de moralidad y vive de forma egoísta y desconsiderada. 

¿No seré demasiado ingenua? Lo mismo ese halo de espiritualidad, de pensar que la vida tiene algo escondido sorprendente, de darle un porqué a todo y de pensar que es importante mejorar cada día un poco, es una soberana gilipollez que lejos de dar los resultados previstos te mantiene entretenida en una continua lucha absurda y sin sentido.

Pfff………………………………………………………………