¿Deseamos vivir en un mundo efímero?

El motivo principal de ésta entrada atiende a una razón de peso para mí.

Hace unas semanas leí un artículo en el cual se alagaba llevar una vida de culto a lo efímero: trabajo, relaciones, posesiones…

Es posible que vivir de esa manera en la que el apego a lo material, emocional o personal tiende a desaparecer nos haga dejar de temer la pérdida de lo que tenemos, reste cierta presión a la hora de tener que cuidar de ello, elimine el aburrimiento o la sensación de estatismo, provoque expectación e incluso nos haga parecer más vivos.

Pero para mí, todo esto finalmente nos puede llevar a toparnos de frente con un enorme espejismo, carente de valores en el que camine a sus anchas la superficialidad.

¿Cuándo algo es efímero?

Si hacemos caso a la definición de ésta palabra, efímero es algo que tiene una corta duración, sólo un día o menos de uno. Algo pasajero…

A día de hoy estamos acostumbrados a ver que el amor no es eterno, el hogar no tiene por ser la misma casa durante toda la vida, la duración de los contratos de trabajo suele ser totalmente indeterminada e imprevisible, la situación económica puede convertirse en una verdadera rueda de la fortuna, nos encanta cambiar de look/estilo/personalidad, hacer renovaciones de armario, sustituir el móvil todos los años por el modelo más actual, y estrenar coche en cuanto se termina de abonar la última cuota del préstamo concedido para su adquisición, etc… etc.. etc…

El caso es estrenar, estrenar y estrenar. Disfrutar de lo nuevo.

Parece que estamos en la Era de la Renovación Global y Eterna.

El problema que puede aparecer, si esto se convierte en una forma de vivir, no es otro que el llegar a dejar de valorar todo lo bueno que forma parte de nuestra vida, por resultar demasiado duradero.

Reconozco tener cierto toque de conservadurismo en mi forma de ser, sobre todo cuando algo funciona y funciona bien e incluso si se estropea un poco y puede ser arreglado.

Me encantan esos fondos de armario en los que de repente rescatas una prenda que usó tu madre a tu edad y resulta que está de última moda esta temporada. Parece que cuando te la pones, al tejido le rodea un aura especial fruto de todas las bonitas experiencias vividas con ella.

Igual pasa con las joyas o relojes que pasan de generación en generación. No se trata de meros objetos, fuera aparte del valor económico que puedan tener, sino que se podría decir que tienen alma.

Incalculable igualmente es el valor de las amistades de toda la vida, en las que se han compartido momentos especiales de la infancia, la adolescencia, la madurez y la vejez. De acuerdo que hacer amigos efímeros que igual que aparecen desaparecen puede ser una práctica muy saludable pero no hay que dejar de valorar lo anterior.

Y qué decir del amor…

¿Efímero o duradero?

¿Fugaz o eterno?

Sin dudar ni un segundo voto por el duradero, por el eterno…

Siempre y cuando se trate de un amor que crezca y viva en el entorno de una pareja saludable y equilibrada en cuanto a la forma de vivir dicho amor.  

Es impagable la sensación de sentirse rodeada por la persona que sabes lo daría todo por verte feliz, aquella que el día que estás más fea es capaz de hacerte sentirte la mujer más guapa del planeta, la que el día que la tristeza te invade hace que en tu cara gane protagonismo una amplia sonrisa, la que te prepara una infusión a medianoche porque tienes una tos que no te deja dormir, aquella persona que hace que con sólo su presencia tu mundo sea mejor.

Un amor fugar puede dejar buenas sensaciones, pero ¿Cuánto? ¿Unas horas, unos días, unas semanas, algún mes???

Y luego apelamos al recuerdo ¿No?

La persona que sea coleccionista de amores fugaces tendrá en su memoria un amplio catálogo de recuerdos amorosos con diferentes nombres pero también tendrá la seguridad de que esos amores que fue capaz de hacer brotar, se marchitaron, se transformaron en distancia, en silencio y se cristalizaron en un simple recuerdo congelado en la memoria para uso y disfrute en momentos de nostalgia. 

En fin…

Quiero llamar la atención sobre las bondades y beneficios que podemos aportar a nuestro vivir, al valorar y disfrutar lo máximo posible de las cosas, personas y situaciones que aportan a nuestra vida algo positivo, bonito, agradable y feliz.

Tan sólo debemos dedicar un poquito de interés en cuidarlas, mimarlas y mantenerlas, consiguiendo con ello la seguridad de que se quedarán a nuestro lado largo tiempo.

También es cierto que en algunas ocasiones podemos ser demasiado conservadores y apegarnos a alguna persona, cosa o situación cuando ya no nos aporta nada positivo ni agradable, entonces es momento de tomar una gran decisión.

Ese es el secreto para avanzar en la vida, tomar buenas decisiones:

Ahora ya le toca a cada uno decidir si lo EFÍMERO y FUGAZ le motiva más en la historia de su vida o por el contrario lo DURADERO o CASI ETERNO le hace construir una vida más agradable.