¡Un suceso paranormal!

Nuevamente ha sucedido…

Esta mañana he podido constatar que en la pequeña cocina que tenemos en el despacho donde trabajo pasa algo paranormal, extraño, incomprensible y fuera de cualquier lógica.

Hace meses yo podía pensar que era despiste, mi conocida mala memoria haciendo de las suyas, pero “NO”.

No es que yo me consuma mis yogures, arroces, quesos, tés, chocolates, etc… y luego haga un borrado de memoria del momento en cuestión. 

La realidad me lleva a pensar que en la cocina realmente desaparecen los alimentos y bebidas.

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¿Qué está pasando???

En el despacho trabajamos regularmente 9/10 personas, y sólo 2 nos quedamos a comer con regularidad.

Los demás pasan por la cocina a tomar un café, merendar algo a media tarde o muy de tarde en tarde prepararse algo de comer.

¿Cuál es el motivo de las desapariciones?

Pueden plantearse diferentes  soluciones a esta gran incógnita, expongo alguna de ellas a ver si acierto:

1.- Nuestra cocina es una zona sovietizada y en ella no se cumple la conocida “Propiedad Privada”. Traspasada la puerta hacia dentro de la misma se provoca una reacción espontánea e inesperada en las personas que entran, que de una manera inconsciente dejan de distinguir si la comida/bebida que hay dentro de la nevera es suya o de otra persona, desapareciendo dicha reacción y los efectos producidos por ella una vez traspasada la puerta en sentido salida.

2.- Tal y como pasa en muchos domicilios/locales algún duendecillo del Mundo Mágico pulula a sus anchas por el despacho aprovechando los momentos en los que no estamos, y arrampla con lo que le interesa, entre ello la comida de mi compañera y la mía.

3.- Existe un agujero de gusano inconstante, que curiosamente debe activarse cuando no detecta presencia humana y transporta al otro lado del mismo la materia orgánica que encuentra en estado de conservación (o sea en la nevera).

4.- Algún compañero con más morro que el muñeco de Michelín con paperas, y con carencia de la más mínima señal de poseer el adecuado nivel de educación y respeto hacia los demás, aprovecha sus momentos de soledad en la cocina para zamparse lo que “ya sabe que NO es suyo” sin tomarse la molestia de pedirlo ni de reponerlo después.

Para mí es muy triste plantear esta cuarta opción, pero no puedo dejar de tenerla en cuenta.

La verdad es que no es muy agradable ir a prepararse la comida y darse cuenta que algo te ha desaparecido.

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En la última etapa ha volado de todo (bolsas de biscotes de pan, yogures y postres lácteos de diferentes tipos, una tableta de chocolate sin haber sido ni empezada, vasitos de arroz preparado, bolsas de patatas fritas, galletas, trozos de queso que quedaban de un día para el otro, frutas variadas, mi te moruno comprado en Tea Shop y una cantidad difícilmente cuantificable del zumo que uso para tomar con mi medicina).

¡¡Vaya!!! 

Puedo parecer una persona tacaña, pero en serio que no tengo problema en compartir lo que tengo con los demás siempre y cuando esto sea un acto voluntario.

Otra cosa, muy diferente, es que existan personas que se tomen la libertad de coger lo que saben que es de otra persona “sin permiso” y lo asuman como propio, demostrando con este gesto su total falta de respeto hacía el dueño de lo que sustrae.

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