¿Qué pasa en este Mundo?

Este mundo está llegando a un punto en el que creo que todo está patas arriba y con pocas opciones de darse la vuelta.

Uno enciende el televisor, abre el periódico, navega buscando información y todo lo que se encuentra son toneladas de “mierda”. Siento mucho si suena feo, pero he intentado buscar otra palabra menos escatológica para definirlo y no la he encontrado, o por lo menos no me parecía suficientemente gráfica para que fuese veraz.

Las noticias han dejado de ser interesantes, educativas, amenas, motivadoras, graciosas, formativas, optimistas e incluso provechosas. En casi su totalidad, estas noticias que nos llegan van cargadas con un 100% de negatividad y con posiblemente la intención de minar nuestra moral y transformar las ganas de vivir y disfrutar de la vida en miedo, preocupación, inseguridad, temor, desconfianza, rencor, dudas, preocupación, ansiedad, depresión, tristeza,  vulnerabilidad y apatía. Y con todo esto enfrentar el día a día, es muy complicado.

Las personas nos enfrentamos a nuestras responsabilidades, obligaciones diarias, objetivos y metas personales con muy poco ánimo, nada de positivismo y demasiada incertidumbre para que dejemos una importa efectiva y válida, provocando que conseguir cumplir con ello resulte una tarea más difícil de lo normal.

La gente de a pié intentamos buscar la raíz del problema para buscar soluciones, pero miremos donde miremos sólo encontramos información contaminada, escusas ridículas, comentarios absurdos, soluciones aniquiladoras, alegatos sentenciadores hacia falsos culpables, remedios catastróficos, mientras los portavoces de toda esta dialéctica insustancial y podríamos decir hasta “hiriente” a la sensibilidad de los ciudadanos, se pasean en sus flamantes vehículos oficiales, vestidos con elegante indumentaria de firma, disfrutando de cualquier dispositivo electrónico de última generación por la cara, cobrando dietas de alojamiento cuando poseen varias viviendas en propiedad, realizando viajes oficiales en clase Business o 1ª clase,  degustando suculentos manjares en los mejores restaurantes, hospedándose en las mejores suites de los hoteles de  5*, asistiendo a reuniones oficiales acompañados de “nosecuantos” asesores que también disfrutan de las mismas condiciones, todo ello, por supuesto,  a costa de nuestros impuestos.

Y por si esto fuese poco, sus jubilaciones no pasan por el mismo rasero de los curritos… ¡Faltaría más!

Sus pensiones son galácticas, y compatibles con realizar trabajos de asesoramiento para el sector privado, donde evidentemente cobran unos sueldos elevadísimos que les permite mantener el estatus conseguido durante sus años de dedicación al servicio público y en los cuales al parecer han cumplido sus responsabilidades con excepcionales resultados.

Pero… ¿No estamos verdaderamente hartos de que nos tomen el pelo?

Por mi parte reconozco haber llegado a un punto en el que tengo claro que las palabras que vienen de este gremio son todas carentes de moralidad de ningún tipo, vacías de conciencia social y únicamente apoyadas en un egoísmo extremo e insolidario. Es evidente que los que tienen la batuta están dirigiendo la orquesta a tocar el Réquiem de Mozart y no de forma casual, sino totalmente lúcida y condicionada a cumplir con sus objetivos de atesoramiento económico y de poder. ¡Lástima!

Y luego presumimos de haber evolucionado mucho desde nuestros orígenes como Homo Sapiens. ¿Estamos seguros?