El mundo de las emociones humanas podría decirse que es casi infinito, en tanto en cuanto cada persona tiene las suyas con matices propios.

Hoy estoy empezando a ronronear un pensamiento o duda y es:

¿El verdadero reto de nuestra vida es lidiar con nuestras emociones? ¿Conseguir que nuestra mente no de a luz traumas, bloqueos, rencores, envidias, odios, ira, decepción, desilusión?

Lo estoy valorando intensamente y creo que un alto porcentaje de nuestros problemas, se resolverían si dejáramos apartadas a un lado las emociones y nos permitiéramos enfrentarnos a cada acontecimiento diario limpiamente y sin ninguna pre-suposición.

Esto no quiere decir que eliminemos de nuestra vida las emociones para siempre, sino simplemente que no las hagamos protagonistas del 100% de nuestra vida y no condicionemos nuestro comportamiento por ellas.

En concreto le doy vueltas a “la decepción”.

Esta emoción es como una bomba de racimo,  por donde aparece genera multitud de conflictos.

La decepción tiene su raíz en un gran defecto que tenemos algunas personas, y es, adelantar acontecimientos, presuponer que alguien va a actuar de cierta manera o algo va a suceder como pensamos.

¡¡¡Gran fallo!!!

Eso es vivir las cosas por adelantado, y corriendo el riesgo de que nuestra pre-vivencia no sea fiel a la futura realidad.

A veces, puede ocurrir que sorprendentemente la realidad sea mejor de lo esperado, generando sorpresa y alegría….

¡Genial!

Pero en otras ocasiones, cuando el resultado final es peor… DECEPCIÓN al canto.

Tras esa decepción inicial vienen otras sensaciones amargas y molestas: sentimiento de fracaso, inseguridad de uno mismo, tristeza, desánimo, complejo de inferioridad, dudas sobre la implicación de nuestras amistades, familiares o compañeros de trabajo en el objetivo, quizás esas personas no se han implicado porque no nos valoran lo suficiente, victimismo, depresión, sentimiento de mala suerte, sensación de lo injusta que es la vida  y seguro que un montón de cosas más que no se me ocurren en este momento.

  • Nos decepcionamos porque el día que salimos de excursión llueve en vez de hacer sol, y eso nos impide disfrutarlo felizmente, aunque sea con un paraguas en la mano o con el chubasquero haciendo aguas por todos los lados (en estas circunstancias también se viven experiencias muy gratas).
  • Igualmente nos causa decepción que, en la zapatería, justo no tengan nuestro número de un modelo de zapatos de tacón divinos, y que conjuntaría perfecto con el vestido para la boda de Pepita, sin darnos cuenta que: “será por zapaterías… Y lo mismo encontramos otro  modelo mejor y más económico e incluso con el bolso a juego”. Y puestos a imaginar… Lo mismo el dependiente de la siguiente zapatería es encantador, soltero y se encapricha al verte, pero como tú estás tan decepcionada y no ves más allá de tu lamento… le tratas de forma desagradable y en vez de lanzarte una sonrisa encantadora… frunce el ceño lamentando que una chica tan guapa esté tan amargada.
  • Llega a nosotros la frustración si nuestro corte de pelo tan fashion no ha sido el centro de atención en la oficina al día siguiente. Llegando a pensar que en realidad todos los compañeros son unos ingratos, que sólo son agradables si necesitan cargarnos de trabajo o pedir favores. E incluso se puede dar una nueva vuelta de tuerca y empezar a valorar que si no dicen nada es porque en realidad nos ven horrible. Lo cual nos lleva a la duda e inseguridad de haber acertado con el cambio de look o con la maestría de la peluquera con las tijeras. Con este panorama, sin duda alguna, enfrentaremos nuestro día de trabajo con mal humor y cualquier cosa servirá para dar muestras de ello públicamente. Será difícil remontar el día y llenarlo de alegría.
  • Nos decepcionamos con nosotros mismos y con nuestra fuerza de voluntad frente a los regímenes si al subirnos a la balanza ésta marca un kilo más que la semana pasada. Olvidamos que quizás ese kilo ha sido sólo la repercusión de un fin de semana de reuniones varias con familiares y amigos alrededor de la mesa, disfrutando de deliciosos manjares, y que nos hicieron pasar momentos de alegría, risas y felicidad. Además, como no podemos asumir alegremente que pesemos un kilo más, tampoco podemos mirarnos en el espejo y ver que incluso la ropa nos queda mejor que antes porque el kilito realza nuestra figura. Llegados a este punto sólo podemos sentirnos como una vaca marina rebosando michelines. ¡Lástima!
  • Menudo chasco sufrimos si nuestra mejor amiga se olvida de felicitarnos el día de nuestro cumpleaños, llegando a poner en duda esa amistad de toda la vida por una felicitación que no ha llegado a tiempo. Hay quien en estos casos apunta en la agenda NO felicitar a la susodicha en sus próximas efemérides. Quizás, esta situación, minimice las buenas sensaciones que te han dejado las treinta y pico felicitaciones de todas las demás personas, la tarta con todas las velas que has conseguido apagar con un sólo soplido , los regalos, los achuchones y tirones de orejas… Sólo caes en la cuenta que fulanita, esa amiga de la infancia, se ha olvidado de tu cumpleaños. ¡¡¡Imperdonable!!! Lo mismo, la rabia te hace no llamarla para ver que ha podido ocurrir y te quedas sin enterarte que justo ayer se puso de parto,  o que se ha marchado estos días a Las Vegas a casarse impulsivamente con un rubio italiano guapísimo que conoció hace 2 meses en un viaje de empresa.

En fin, situaciones de este tipo hay miles y miles… o millones y millones. Podría poner infinitud de ejemplos pero no quiero enredarme.

En definitiva que todas estas decepciones goteantes no hacen otra cosa que condicionar nuestro carácter.

En muchas ocasiones ese malestar general que nos inunda minimiza todo lo positivo que pueda llegarnos y nos impide actuar correctamente, generando una gran bola de resquemor, frustración y agobio que nos pasa por encima.

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A los problemas que aparecen en nuestras vidas sólo hay que buscarles una solución. 

Cuanto más razonables y coherentes seamos en esa búsqueda mejores remedios encontraremos.

Y si nuestras experiencias diarias son normales, no busquemos tres pies al gato ni intentemos encontrar ese lado feo, oscuro o negativo.

Pasemos de decepcionarnos, vivamos las cosas limpiamente y sin pre-condicionamientos, eliminemos mierdecilla de nuestra mente, de nuestro consciente y subconsciente.

Posiblemente si nos volvemos a pesar en la balanza… El kilo de más, que se nos había pegado al culete, haya desaparecido.

O quizás suene nuestro teléfono súbitamente y sea nuestra amiga del alma emocionada, contando como una cotorra sus experiencias con el italiano!!!!

Hay que fluir como el agua de una arroyo de montaña 🙂