El mundo no es como era…por lo menos desde que recuerdo conocerlo allá por los años setenta momento en el cual empecé a formar parte de él.

Mis ojos y mi mente recuerdan una vida relativamente sencilla, humilde, estable, coherente, lógica y bastante humana. Por esas fechas los hijos/as (no existía la arroba ;)) no teníamos muchas opciones de elegir, pero creo que tampoco teníamos esa sensación de independencia y de autoafirmación actual. La ropa, la comida/cena/desayuno/merienda, la decoración de la habitación, los artículos de aseo, el destino de las vacaciones (si había), el modelo del coche, etc…todo corría a cuenta del criterio paterno o materno.

La moda era casi inexistente, salvo en El Corte Inglés (para bolsillos acomodados) y Galerías Preciados. El ciudadano de a pié solía comprar en Almacenes Arias, Sepu, Los Guerrilleros o el mercadillo del pueblo (muy económico y socorrido para las madres).

El ocio infantil se reducía a las actividades extraescolares, barrio sésamo, las reuniones en casa o en la biblioteca con los compañeros para hacer los trabajos de clase, los cumpleaños (con las famosas medianoches de nocilla) y la propia calle donde se jugaba a cosas tan sencillas como el tejo, saltar a la comba, las canicas, las chapas, el escondite, churro-media manga-manga entera, y cosas de ese tipo.

La familia era una institución muy respetada, la madre cuidaba de los hijos y de la casa, el padre era la autoridad. A ningún niño de antes se le ocurría contestar mal a sus padres, y si tu padre te miraba de reojo…te ponías firme como una escoba.

Es posible que por esa época, todo fuese muy básico, pero a mi modo de verlo y en base a mi opinión era más humano, más sencillo y más auténtico.

Yo observo a los niñ@s, hij@s, alumn@s, herman@s y amig@s de ahora y me da mucha lástima comprobar cómo deben enfrentarse a un mundo  que se me antoja es tremendamente más hostil.

De primeras hay muchos niñ@s que crecen en hogares desestructurados. Éstos, en muchos casos, son educados por unos padres que mantienen una guerra abierta entre ellos y en cuya guerra el propio niño es un arma arrojadiza más. Las experiencias a las que se enfrentan los pequeños que tienen esta situación como monotonía diaria son muy duras: peleas por quien se queda con la custodia, eternas discusiones por temas absurdos, críticas mordaces sobre la forma de educar de cada una de las partes, desacuerdos en todo lo referente a las circunstancias que rodean al menor, unido a lo difícil que tiene que ser llevar una vida dividida entre la casa de mamá donde hay una forma de vivir y la casa de papá donde las cosas son de otra forma. 

El concepto de familia puede llegar a ser muy dispar: la clásica familia (madre, padre, hij@s), una doble familia (madre+pareja+hij@s, padre+pareja+hij@s), familia formada por homosexuales, etc, etc… Lo cual produce que estos niñ@s desarrollen por un lado mentalidades muy abiertas, pero también la capacidad del desapego frente a los miembros de la familia ya que en muchos casos las relaciones que viven con hermanos y padres se reducen a 2 fines de semana mensuales y la mitad de las vacaciones.

Unido a esto hay también que añadir que en los hogares actuales normalmente ambos cónyuges trabajan y por tanto, la figura de madre que está totalmente dedicada a sus hijos ha casi desaparecido. En algunos casos son los abuelos los que desarrollan este rol, y en otros casos personas externas o las cuidadoras de colegios infantiles. Esto puede generar que esa relación madre/hijo de antes, en la que continuamente la madre estaba dirigiendo y educando, no sea igual. Es lógico que teniendo en cuenta el coste de la vida y de las necesidades básicas los dos cimientos de la familia tengan que verse obligados a dedicar su tiempo a trabajar y ganar un sueldo que cubra la hipoteca, las facturas de luz, agua, gas, teléfono, el mantenimiento y pago del recibo de los vehículos, los múltiples seguros de los que disponemos, las clases extraescolares a las que hay que apuntar al niño para llenar el máximo tiempo posible antes de que llegue a casa, etc, etc…pero esto no es lo ideal ni lo más positivo. Tanto es así que a veces para compensar al pequeño de nuestra falta de tiempo le obsequiamos con: ordenador, tableta, videoconsola, teléfono móvil de última generación, ipod, y todo lo que pueda demandar para estar entretenido y no echarnos en falta. Lo malo de esto…es que al final ya se acostumbran a no recibir muestras de cariño como besos, abrazos, achuchones e incluso regañinas.

A la larga todo este cúmulo de cosas que faltan, y cosas que sobran puede producir fracaso escolar, problemas de carácter y actitud,  bloqueos emocionales, autoestima deteriorada, apatía, falta de comunicación con los padres.   

También los niñ@s de esta época tienen otro reto difícil y es lidiar con un tipo de educación muy diferente a la de décadas atrás. Los cambios en las reformas de educación nos han llevado a que los alumnos se enfrenten a cambios importantes a edades demasiado tempranas. El profesorado (pese a estar formado correctamente) en ocasiones no tiene la formación adicional específica, la capacidad ni el tiempo necesario para poder tratar a sus alumnos de la forma tan personal y humana como se hacía antes.

¿Cómo algunos niños van a rendir en clase si en sus cabezas están los conflictos familiares que viven? Hay casos en los que alguno de los padres no se implica lo necesario en este punto tan importante del futuro de su hijo, y no facilita al mismo tener tiempo para estudiar, ya que junto a él se hacen otras cosas. Quizás estos chiquill@s necesitarían comprensión por parte del profesorado y un apoyo y motivación extra sin por ello sentirse “diferentes o fracasados”. A los maestros les debería llenar de orgullo conseguir que esos alumnos consiguieran buenos resultados académicos con su ayuda y así poder enfrentarse al futuro con una buena formación.

Otra cosa que lamentablemente no les mira con buena cara a los chavales de hoy es el futuro, que día a día se poner cada vez más cuesta arriba. Ya no sirve con estudiar una carrera, hacerse un máster o estudiar idiomas…los puestos de trabajo están contadísimos y en muchos casos asignados a dedo. Es posible que incluso para poder conseguir uno sea necesario separarse de la familia y disponerse a vivir en otro país, con todo lo que ello significa.

En las relaciones personales, tanto de amistad como de amor, la gente de hoy también lo tiene muy cuesta arriba. Ya desde pequeños la relación con sus amig@s se ve diferenciada de la del pasado. En este tiempo la mayoría de las comunicaciones son virtuales, a través de redes sociales: facebook, twitter, tuenti, se juega a la videoconsola on-line, se liga también on-line. Los chicos se conocen entre ellos en base a las actualizaciones del muro en fb o los twits/tuis, dejando en segundo plano ese tú a tú de toda la vida en el que se compartían in situ las alegrías y decepciones. En esta época las emociones se traducen a caracteres, emoticonos y símbolos.

Si nos centramos en el amor, esta juventud actual lo vive a mi parecer “muy limitado”. De primeras es muy posible que hayan visto romperse matrimonios o parejas en su propia familia, lo cual les hace ver lo efímero e inestable que puede llegar a ser el amor. En las películas, series, revistas y programas de televisión se muestra continuamente lo banal de las relaciones de pareja, lo divertido que puede ser el sexo sin amor, y que mola más transmitir una imagen de persona frívola, egocéntrica y alejada del enamoramiento y la fidelidad a un amor.

En definitiva y al punto al que quiero llegar es que estamos ayudando entre todos (con nuestro granito de arena) a que los hombres/mujeres del mañana, que son l@s niñ@s de hoy tengan unas referencias poco adecuadas,  que vivan unas experiencias desagradables, duras, difíciles, vacías de emociones y sentimientos. Promovemos, a veces llevados por la dinámica actual, que su manera de interactuar con el entorno, la familia, los amigos, los profesores, la pareja, etc… sea ciertamente desnatada y carente de una implicación íntegra e interna.

Y yo creo que estos chavales nos están enviando señales claras de necesitar que por nuestra parte se haga algo.

No podemos solamente ver lo evidente y quejarnos de que la juventud actual no tiene valores, de que ejercen la provocación como medio para llamar la atención, que no sabe entender el sacrificio como herramienta para conseguir objetivos, que no es capaz de valorar el precio de las cosas, que no demuestra respeto hacia sus mayores o semejantes, que su manera de divertirse se reduce a compartir el máximo de alcohol posible con un grupo de quizás “medio-desconocidos” en un parque, o que se encierran en su cuarto horas y horas pegados al mando de la Xbox con la única meta de pasarse el Call Of Duty, etc, etc, etc….

Recapacitemos todos, “nosotr@s” somos sus padres, ti@s, herman@s, abuel@s y quizás somos un poco culpables de en lo que se están convirtiendo estas nuevas generaciones. Sabemos que no todo tiempo pasado fue mejor, y sabemos que hay cosas de este presente muy positivas…pero si estamos viendo la parte negativa de la evolución podemos rectificar en lo que “no está funcionando bien”.

Quizás la solución no es tan complicada: actuar todos como buenas personas y dar buen ejemplo, dejarnos de odios/rencores/envidias, promover que las rupturas de pareja no sean guerras crueles sino disoluciones razonadas de una convivencia imposible con incluso cierta comprensión para llegar a puntos de acuerdo que hagan la vida de los hijos más llevadera, ofrecer a los pequeños más amor y menos aparatos electrónicos, dedicar un tiempo de ocio de calidad para compartir con los niños, educar desde el cariño y la comprensión sin prisa pero sin pausa, promover la ilusión por que ellos cumplan sus propios objetivos…………………..y todo lo que se os pueda ocurrir.

Es tan simple como mirar hacia atrás y dar a estos chavales todo lo bueno que nos dieron a nosotros.