Bienvenidos en esta ocasión a otra entrada de mi blog.

Hoy me apetece mucho hablaros de un tema que llevo gestando en mi cabeza desde hace unas semanas.

Quiero charlar sobre las secuelas que la vida pueda dejar a algunas personas y con las cuales tiene que seguir enfrentando el día a día. Esa forma de llevarlas o cargar con ellas.

Secuelas físicas o secuelas psíquicas que un día llegan para quedarse, enfrentarse a uno y después de batallar en una gran guerra terminan convirtiéndose en un gran amigo o en el peor de los enemigos.

Yo creo que hay poca gente que no muestre en su cuerpo, mente o alma cicatrices.

¿Qué podemos entender por secuelas psicológicas?

Pues según mi opinión, condicionamientos, bloqueos o barreras que impiden al sujeto mostrar su personalidad TAL Y COMO ES DE FORMA NATURAL y que le incitan a mostrar una personalidad secundaria.

El origen de estas secuelas normalmente puede encontrarse en el subconsciente y suele haberse creado por vivencias dramáticas vividas en el pasado de la persona. En la mayoría de los casos este cambio de personalidad se da con la motivación de protegerse, de evitar sensaciones molestas o impedir revivir esos momentos desagradables que fueron los causantes de la secuela.

Cuando nos referimos a secuelas psíquicas, es más fácil que sean imperceptibles o que pasen inadvertidas. A fin de cuentas, es algo que no se ve con los ojos, sino que hay que tener un trato cercano con esa persona y, entre la comunicación que se intercambia, el modo de actuar en ciertas situaciones y algunas reacciones repentinas, pueden surgir pistas que nos lleven a deducir que esa persona tiene algo que la perturba psicológicamente.

En el caso de las secuelas físicas es otro cantar…

En el momento que hay algo que entra por  los ojos, la reacción que genera en las personas es mucho más inmediata, impulsiva y directa.

Las secuelas físicas son esas señales que quedan marcadas en el propio cuerpo después de que éste se haya enfrentado a un suceso traumático: accidente, operación quirúrgica, agresión, enfermedad…

Hay secuelas de diferentes intensidades y que pueden afectar al cuerpo interna y/o externamente. Y para más inri, en la gran mayoría de los casos estas secuelas hacen brotar otras psicológicas, que dejan marcada a la persona en ambos lados: cuerpo y mente.

Y…

¿Por qué tengo interés en hablar de este tema que a priori es bastante incómodo?

Mi único impulso es motivador.

Le he dado muchas vueltas en mi cabeza últimamente.

Quizá ese pensamiento ha echado unas raíces más fuertes porque a nivel familiar tengo a alguien muy especial que desde hace poco más de 6 meses viste una secuela física y ‘diría yo’ otra psicológica.

A mi hermana Silvia le detectaron un cáncer de mama en noviembre. Después de muchas pruebas y valoraciones médicas del servicio de oncología y cirugía, fue operada de un cáncer de mama en enero.

Ella ha tenido que enfrentarse a una Mastectomía con reconstrucción que evidentemente ha transformado la estética de su cuerpo en cierta medida.

Por fortuna, los resultados después de analizar la parte extirpada fueron muy positivos y no ha tenido que recibir sesiones de radioterapia, sólo (aunque este SOLO implica algo muy importante) tiene que tomar la medicación recomendada: un tratamiento de terapia hormonal para bloquear estrógenos.

En fin, que dando gracias a toda la corte celestial, al Universo, al valor de Silvia para torear este Miura y a esos pensamientos positivos que lanzamos familiares y amigos, la batalla contra el tumor está ganada.

La verdad es que el momento en el que uno vuelve a respirar tranquilo y ve el horizonte con el sol apareciendo nuevamente, debería ser un gran momento de felicidad, celebrando la vida, festejando la guerra ganada, pero…

La realidad es que, como cualquier combatiente que sale victorioso en una lucha cuerpo a cuerpo con el enemigo, después de conmemorar con alegría desbordante la victoria, tiene que valorar los daños sufridos, estimar el coste del triunfo y cuantificar las lesiones.

El caso es que pasado el momento de exaltación, y una vez revisado el balance hay que tener una fortaleza fuera de lo común para no caer a un abismo de congoja.

 

Creo que las personas que NO sufrimos esto directamente, no lo comprendemos del todo.

Quizá incluso, nos parezca contraproducente o un sin sentido que esas personas no desprendan felicidad por los poros según se levantan por la mañana.

 

¿Qué les ocurre a los victoriosos en la batalla contra el cáncer?

¿No son capaces de valorar que están vivos?

En realidad, después de ganar al enemigo, tienen que enfrentarse a esas secuelas físicas y/o psicológicas que han quedado como recordatorio de la guerra vivida.

Y…

 

 

¡Lo entiendo!

Cada día ver ese recordatorio en tu propio cuerpo, les impide dar cerrojazo al tema y hacer como si nada malo hubiese pasado.

Y por eso, mí entrada…

Quiero hacer algo para ayudar, quiero intentar poner un granito de arena.

A ver si soy capaz de conseguirlo.

Me gustaría decir a todas y cada una de esas personas que han pasado por una situación similar a la de mi hermana, que ELL@S son un ejemplo para todos nosotr@s.

Esto, que puede parecer una tontería, no lo es tanto porque viendo su coraje y arrojo ante tan magno enemigo, consiguen hacernos valientes para enfrentarnos a nuestros pequeños adversarios de cada día.

Ell@s han conseguido que abramos los ojos ante una realidad que a veces olvidamos: la vida y cuánto hay que luchar para, en un momento dado, conservarla.

Entiendo y comprendo que ver la repercusión de esa lucha en uno mismo puede causar sentimientos contradictorios pero…

Esas secuelas -con un tremendo respeto y toda mi admiración- podrían ser como una medalla, lo equivalente al símbolo de haber ganado la final de la Champion League, el Torneo Roland Garros de Tenis, el Giro de Italia o por méritos propios el Cinturón del Campeonato Mundial de Boxeo.

Desde mi blog, quiero enviar a todas y cada una de esas personas que pueden encontrarse en una situación similar un merecido y efusivo aplauso, dos mil olé de todo corazón y mi agradecimiento por la lección que nos dan a todos.

De verdad, cuándo os inunden emociones o sensaciones como la tristeza, congoja, rabia, apatía, mala leche, desconcierto, inseguridad frente al futuro…

Cuando brote de repente un irremediable cabreo con el mundo y todo lo que os rodea…

Cuando penséis que no os entendemos, que no os comprendemos, que no sabemos deciros las cosas de la forma que necesitáis…

Cuando no tengáis ganas de mirar vuestro reflejo en el espejo…

Recordar por favor que a vuestro lado hay muchas personas intentando daros su amor de forma incondicional y que en ningún caso esas personas ‘que os adoran’ tienen intención de provocar tristeza en vosotros.

Daros cuenta que todas las personas que os quieren han temido perderos y se han encontrado desubicadas frente a una situación que se escapaba a su control.

 

Recordar que vosotr@s sois mucho más que una zona de vuestro cuerpo, vosotr@s sois nuestro mundo, vosotr@s sois nuestros héroes…

 

Vosotr@s sois las estrellas de nuestro universo, esos brazos que nos dan cariño cuando más lo necesitamos, esas manos que se lanzan en nuestra ayuda cuando las necesitamos…

 

Vuestros ojos nos han servido de guía en más de una ocasión y nos han ayudado a ver la realidad, que en algún caso no éramos capaces de vislumbrar…

Vuestros oídos han sabido escuchar nuestros lamentos, quejas y desdichas.

Vuestro rostro nos ha iluminado con esa sonrisa tan especial, que cuando aparece lo llena todo de magia.

Al lado de vuestras piernas hemos recorrido muchos caminos.

Quizá podáis necesitar unos días para volver a aceptar vuestra imagen física y a quereros como os merecéis ‘que es muchísimo’, pero que no sean muchos.

¡No merece la pena dilatar lo que es evidente!

De verdad de la buena, que ‘AHORA‘ después de la batalla en la que os habéis dejado el pellejo luchando…

SOIS PERFECT@S.