¿Dominados por la moda?

¿Dominados por la moda?

Ya en los años 80 el estribillo de una canción nos decía con ritmo…

¿Lo recuerdas?

¿O quizá eres muy joven y esas canciones ochenteras no las tienes en tu repertorio memorístico?

Por aquellos años hombreras, calentadores, mini-faltas, blusas de colores llamativos, pantalones acampanados, muchos abalorios (pulseras, collares, broches, etc…), pendientes de aros enormes, peinados con mucho cardado, flequillos que se mantenían a base de medio bote de laca, maquillajes con sombras verdes/azules y labios súper rojos.

Si ves imágenes de esa época, es posible que te provoquen risa o un poco de vergüenza ajena, o incluso propia, si eres el protagonista de la foto o vídeo. Te ves y no hay forma humana de evitar la risa y el típico comentario:

¡Menudas pintas!

¡Jajajaja!

Ya han pasado unos cuantos años. Realmente más de 3 décadas y esto de la moda, no sé si tiene tanta gracia como antes o se ha convertido en una verdadera locura de la que no es posible escapar.

¿Por qué digo esto?

A ver, cuando yo era pequeña (poco tiempo después de que los dinosaurios se extinguiesen) los mandamientos de la moda no tenían tanta fuerza como ahora, quizá porque no existía tanta oferta, las marcas, firmas o tiendas no eran legión como en la actualidad y además el dinero no sobraba. En mi caso las tendencias más seguidas eran las del mercadillo que ponían en mi pueblo los miércoles por la mañana.

Y como yo, la mayoría de los niños y niñas del colegio.

“Mercadillo style” y para eventos especiales Sepu, Galerías Preciados o rascándose mucho el bolsillo “El Corte Inglés”

En definitiva esos dictados de la moda tenían un público reducido, el que formaba parte de la clase acomodada y podía permitírselo sin tener que sacrificar del presupuesto para llenar la nevera, pagar los recibos y ahorrar ligeramente.

Lo bueno de eso era que ir o no a la moda quedaba en un segundo plano, que no acomplejaba a nadie ni le hacía sentir fuera de lugar, inferior o inadaptado.

¡Ahora es todo muy diferente!

La moda se ha convertido en un ser poderoso, en una fuerte corriente que llega a todos los rincones y que participa en casi todo lo que acontece.

 

Hoy en día, se hacen las cosas que están de moda, se dicen las palabras que son tendencia, se visitan lugares que están en rankings de popularidad, se disfrutan bebidas que te hacen que participes de un estilo de vida actual, las reuniones sociales en restaurantes famosos, el modelo de coche que anuncia un actor o futbolista muy conocido, no puede faltarnos el móvil que acaban de hornear en Apple y tampoco podemos dejar de jugar en la Play al juego que juega todo el mundo, en verano imposible vivir sin el último modelo de gafas de sol o el triquini que luce Paula.

Cada año un nuevo deporte hace su entrada en el listado de actividades de todos los gimnasios del país. Y cuando empiezas a practicarlo el entrenador te descubre un nuevo súper-alimento que liberará tu cuerpo de grasas casi por arte de magia y que, combinado con la aplicación día y noche del cosmético protagonista de la última fórmula patentada te dejará la piel suave y aterciopelada.

En dos meses un cuerpo de escándalo al que hay que cubrir con esas nuevas prendas que acaban de formar parte de la operación ‘renueva tu armario de arriba a abajo con tu personal shopper’.

Y eso… ¿Qué es?

Pues también está de moda, que tu ropa la elija alguien que se supone va a sacar el máximo partido a tu figura, facciones y te va a aportar todo ese estilo que a ti te falta.

¿No os parece agotador y estresante?

A mí me lo parece.

Y no es que esté en contra de la moda, algo que me puede parecer hasta útil.

El problema reside en que parece que ya es una esclavitud, todo el día viviendo bajo los dictados de esa maldita moda que cambia cada temporada.

Bueno eso era antes, ahora ya existen las mid-season, lo cual es genial para el que tenga tiempo, dinero y ganas.

Pero lo me causa mayor preocupación no es tanto la parafernalia de la ropa o complementos, como los dictados de la moda en cuanto al aspecto físico de las personas. Eso me parece realmente un horror, una condena o un sometimiento cruel para el que quiera seguir su corriente.

De moda está la excesiva delgadez, la que está entre una buena salud y la enfermedad, la que provoca trastornos alimenticios y psicológicos como la bulimia o anorexia, la que hace a sus adeptas practicarse operaciones estéticas para liberarse de grasas a la carta sin preocuparse de nada más que de parecerse a una modelo top y poder lucir un palmito parecido, o las que sin pensarlo dos veces ponen siliconas en sus pechos o nalgas para que su cuerpo parezca más sexy.

También hay personas que para estar totalmente en onda, de repente se sienten necesitadas de plasmar su imagen luciendo el famoso ‘thigh gap‘ (una separación anti-natural y entre los muslos) o el novedoso ‘ab crack‘ (una larga línea en el centro del cuerpo y que no es otra cosa que una lesión abdominal) y sea como sea, o bien dándose palizas de impresión en el gimnasio o gastándose la pasta con el cirujano que corresponda.

Las personas que por H o por B terminan enganchadas a este tipo de vida se encuentran pegadas a una tela de araña que no las deja alejarse de su radio de acción. Éstas, están dominadas por la moda y todo lo que no sea formar parte de ella, les causa grietas en su autoestima e infelicidad.

Un día se miran al espejo y se ven arrugas, un párpado caído o las mejillas que no corresponden con el rostro de una persona joven, que sigue los criterios de la estética actual y ni cortos ni perezosos, solucionan tan grave problema pidiendo cita en el Centro de Cirugía Plástica y llevando al cirujano una foto de un/a guap@ de Hollywood que en las revistas está catalogado como el/la más sexy del momento. La intención no es otra que cambiar sus facciones por las del personaje fotografiado. La nariz de…, los pómulos de…, los labios carnosos como….

¿No te parece que eso muestra un tajante rechazo sobre uno mismo?

¿No se quieren? ¿No quieren ser quiénes son?

¿Prefieren mirarse al espejo y ver una nueva cara?

 

No lo entiendo y me parece un auto-boicot auténtico.

Y cuando no se lleven las mejillas tal y como se llevan ahora…

¿Se las volverán a cambiar?

¿Un rostro cambiante según modas pasajeras?

Me resulta triste… 

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¿Te educaron las hienas? ¿No, verdad?

¿Te educaron las hienas? ¿No, verdad?

Bienvenid@ a esta nueva entrada del blog.

En esta ocasión, quiero lanzar un mensaje al aire para que pueda ser recibido por tod@s, y podamos en común valorar si debemos rectificar un poco o un mucho, nuestras actitudes y modos de convivencia.

¿No hace falta? ¿Todos somos maravillosos?

¿Tú eres un ser adorable y perfecto en el ‘tú a tú’ con los demás congéneres?

¿Estás seguro?

¡Venga, que nos conocemos tod@s!

Sacudamos un poco esa modestia des-estructurada y aniquilada que se nos ha posado sobre los hombros, y hagamos un poco de análisis interno, unos minutos de introspección y auto-evaluación.

Te propongo un viaje al pasado…

 

Volvamos por un momento a esa época en la que nos educaron. Esos años de la infancia en los que continuamente recibíamos indicaciones por parte de nuestros padres y de los maestros de la escuela de cómo debíamos comportarnos.

Estoy plenamente convencida que TODOS hemos recibido una educación muy completa, correcta y adecuada en valores, en moral y en buenas maneras.

No se otras generaciones, pero a la que yo pertenezco (nací en el 1971) nos educaron insistiendo mucho, muchísimo o muchísimo más que mucho en el respeto a nuestros semejantes, a las personas mayores, a los profesores, a los superiores en el trabajo, en fin a todas las personas que nos rodeaban.

En cada momento recibías una pequeña dosis de enseñanza en buenas maneras:

“Niño, si los mayores están hablando, no se les interrumpe”.

“A las personas mayores hay que mostrarles el máximo respeto y hablarles de Vd.”

“Antes de entrar, hay que llamar a la puerta”

“Cuando entres en un sitio, siempre hay que saludar y desear buenos días”

“No hables con la boca llena”

“Ni se te ocurra coger lo que no es tuyo…”

“Antes de entrar, deja salir”

“Siempre que necesites algo, hay que pedirlo por favor”

“De bien nacidos es ser agradecidos, hay que dar siempre las gracias cuando uno recibe algo”

“El asiento en cualquier medio de transporte o lugar, se cede a las personas mayores, embarazadas, niños u otras personas que tengan algún problema físico”

“No se puede correr por los pasillos, ni se debe gritar en lugares públicos, ni molestar a las demás personas en espacios comunes”

“Cualquier desperdicio debe tirarse en una papelera o cubo de basura y no en la calle”

“La naturaleza hay que disfrutarla, pero cuidándola y dejando todo tal como estaba”

“No hay que mofarse de los defectos físicos de las personas” “Hay que saber compartir y no ser egoístas…”

“No hay que alegrarse de las desdichas ajenas”

“Lo que no quieras para ti, no se lo desees a otra persona”

“No hay que sentirse superior a nadie, ni mostrar desprecio por personas que tengan diferentes creencias”

“Nunca envidies los logros ajenos, aprende del esfuerzo que hay detrás del reconocimiento”

“No mires hacia otro lado cuando alguien requiere tu ayuda”

 

Y como éstas, otras tantas mil frases que entraban continuamente en tu mente, para hacer de ti una buena persona. Algo que, para cualquier madre o padre, era labor prioritaria en la educación de su descendencia: “Qué su hij@ sea una buena persona”.

Y sinceramente creo, que hoy en día también el objetivo de padres y educadores sigue siendo el mismo, educar a futuras buenas personas. La verdad, que lo contrario no tendría ni lógica ni coherencia.

¿Quién querría crear pequeños seres irrespetuosos y mal educados, capaces de no mostrar respeto a sus semejantes?

Sería como cargar un arma, aunque sea con balines, y pensar que no genera ningún tipo de peligro.

El problema reside en la vida tal y como está en estos momentos, la actual situación de inseguridad frente al mañana y el exceso de competencia para poder ser capaz de conseguir un futuro tranquilo, estable y fructífero. Aunque, dicho sea de paso, esto no sea una excusa para perder las formas u olvidarnos de los valores más básicos.

Repito por segunda vez:

¿Te educaron las hienas? ¿No,verdad?

Pues nunca, pero nunca nunca olvides esa educación que con tanto empeño, ahínco  y cariño recibiste de tus padres, no conviertas ese tiempo y esfuerzo que dedicaron a conseguir de ti, un hij@ del que sentirse orgullosos, en tiempo perdido. No te dejes intoxicar por la situación caótica del mundo, no envenenes tu honestidad con pequeñas dosis de excusas que justifiquen la pérdida de decencia o ética para conseguir objetivos personales.

¡Stop! ¡Para en seco! ¡Piensa y razona!

Parece una tontería pero el camino que te lleva a convertirte en una persona amoral, indecente, deshonesta o corrupta es largo, y se empieza a recorrer con pequeñas desconsideraciones, ligeras faltas de respeto, leves muestras de malos modales, sutiles gestos de egoísmo.

Nadie se convierte en un sinvergüenza de la noche a la mañana, pero pasito a paso, haciéndose ciego a las normas más básicas de respeto, buenos modales, dignidad, decencia y honradez, se da inicio a un proceso transformador que puede llegar a convertir a una buena persona en un ser desconsiderado y ruin.

Es posible que alguien piense que peco de exagerada pero estoy segura que no es así. Creo que más vale parar a tiempo un comportamiento inadecuado que lamentar, pasado el tiempo, el habernos convertido en lo que no queremos ser.

Espero que nadie piense que me he levantado hoy con el ego subido y mi intención es parecer la madre de todos y echar un discurso abierto dando clases de decencia y moral.

¡No! ¡Lejos de la realidad!

Llevo días desencantada con este mundo…

Podría decir que me siento triste de ver cómo la gente se comporta.

Me genera mucho desconsuelo comprobar cada mañana como las personas actúan tan egoístamente. Últimamente no se promueve, en ningún caso, el  bien común sino que está muy por encima el bien individual.

Esas buenas maneras, las muestras de respeto y aquella cortesía que en el pasado marcaban el ritmo de la vida, están desapareciendo a un ritmo vertiginoso.

No me gusta ser testigo de ello y me planteo con esta entrada lanzar un mensaje para que entre todos rectifiquemos. Apelo al recuerdo, ese que todos tenemos de nuestra infancia, en el cual notábamos cuanta importancia daban nuestros padres a ser buenas personas.

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¿Ánimo? Y una mierda…

¿Ánimo? Y una mierda…

Para la mayoría de las personas, la palabra “Ánimo” va cargada de connotaciones positivas, de una intención de proporcionar un impulso verbal a quien se cree que lo necesita, sin que se le atribuya ningún toque que desvirtualice el buen gesto.

Para mí la palabra ánimo va acompañada de otras sensaciones, tiene otros matices y la analizo de una manera un tanto especial, que es posible os resulte curiosa e incluso extraña.

Soy perfectamente consciente que no todos me vais a entender…

Y no porque vosotros no tengáis esa capacidad de entendimiento sino que yo no sepa explicarlo con total claridad.

¡A ver si lo consigo!

Dentro de mí, cuando escucho la palabra ánimo, desgrano el siguiente mensaje ‘oculto’ dirigido (consciente y/o inconscientemente) del emisor a la persona que lo recibe:

“¡Vaya! ¡Tienes un problema!

Estás en una situación difícil, estás frente a un reto o has sufrido un gran disgusto…

Yo por mi parte te dedico 1 palabra para que creas que me gustaría que ese problema/situación difícil/disgusto o reto tuviese un desenlace positivo pero…

Todo está en tus manos, tu tendrás que enfrentarte a ello, tu tendrás que digerirlo, tu tendrás que luchar la batalla, tu tendrás que sacrificarte, tu tendrás que llorar desesperadamente, es posible que dicha situación te lleve a deprimirte o entristecerte, puede darse el caso que te sientas perdid@, insegur@, temeros@, sin ilusiones…

Existen muchas probabilidades de que estando en esa situación necesites ayuda, apoyo, cierto impulso o motivación, un hombro donde llorar, unas manos que te den un empujoncito con cariño, alguien que entre tanta lágrima te haga brotar una sonrisa en el rostro, una persona que se ofrezca a enseñarte cómo hacerlo mejor para conseguir tu objetivo, un voluntario que te asesore un poco si estás avanzando por buen camino o por el contrario te estás confundiendo en las decisiones tomadas o en los pasos dados…

De mí vas a obtener “ÁNIMO”, cinco letras que unidas a una entonación que pueda empatizar ligeramente con tu desconsuelo, preocupación o inseguridad deben ser como bálsamo para tus oídos. Tres vocales y un par de consonantes que acompañadas de una mirada de lástima, pena, compasión o un poco de ímpetu contenido por la in-acción tendrán que servirte, una vez que el mensaje de ánimo llegue tu cerebro y a tu corazón, para llenarte de alegría y agradecimiento por tan magno detalle.

Mientras, estaré haciendo mi maravillosa vida en paralelo a la tuya, mirándote de reojo de vez en cuando para ver si necesitas nuevamente otro “ánimo” que demuestre todo mi cariño hacia ti.”

¿Qué os parece mi radiografía de la palabra ánimo?

¿Alguien en la Sala ha conectado con mi forma de entenderlo?

Es posible que nadie se haya parado a pensar en todo esto, pero creo que no es tan descabellado llegar a una conclusión parecida. Sobre todo, cuando a lo largo de tu paseo por la vida has recibido muchos “ánimos” en situaciones en las que necesitabas algo más que 5 letras empastadas, engarzadas a su vez a una mirada melancólica y a una palmadita en la espalda.

Me gustaría dejar claro que ésta es mi humilde opinión al respecto y en ningún caso pretender ser dogmatizada, ya que hay muchas personas que a su “ánimo” le acompañan con intención expresa de ayudar y participar en la acción de solucionar el problema, apoyar en las desgracias o inducir activamente en la consecución de los objetivos de sus familiares o amigos. En ese caso todo lo anterior queda absolutamente anulado.

Mi alegato va exclusivamente hacia el ánimo que verbalizan esas personas que lo sueltan y se piran sin mirar atrás, dejándote con su mirada afligida y sus buenos deseos mentales, a veces incluso bordando el momento con un “pobrecill@” que suelen esbozar cuando tú ya no puedes oírlo. 

¿Conseguí explicarme bien? ¿Si? ¿No?

Reconozco que esta entrada y su contenido pueden pecar de cierta desconsideración hacia esas palabras que yo considero vagas, imprecisas y sobretodo in-activas. Asumo la descortesía por mi parte.

Para ir concluyendo, no quiero dejar de mostrar un agradecimiento máximo hacía todas esas personas que me otorgaron sus “ánimos” más vacíos y faltos de empatía, cariño y consideración.

Esos ánimos, hipócritas y fingidos, me han hecho crecer (aunque no en centímetros -sigo midiendo mi 1’62- ), hacerme más fuerte, consiguiendo que únicamente con mí propia fuerza me levantara del suelo y luchara enfrentando aquellos problemas, adversidades e infortunios que la vida me regaló. Incluso fueron como percutores para que mi genio se transformara en energía que ir invirtiendo paso a paso hasta lograr superar metas y objetivos.

En el caso de esas otras personas que además de palabras arrimaron el hombro, se remangaron la camisa, me ofrecieron sus oídos para escuchar, consiguieron sacarme sonrisas entre lágrimas de tristeza y se alegraron conmigo en momentos de celebración o felicidad…

En ese caso mi mas eterno agradecimiento y admiración por enseñarme lo que realmente significa la amistad.

 

 

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El mundo debió empezar algo así…

El mundo debió empezar algo así…

Y erase una vez que no era nada sino que podía ser todo…

No existía todo lo que podía existir pero era cuestión de…

¿La explosión del propio aburrimiento?

Cuando no existe nada, ni nadie, ni motivos, ni razones, ni sentido, ni circunstancias todo lo que puede formarse es una gran acumulación de aburrimiento.

¿Qué es el aburrimiento?

Para mí, un montón de nada que en su propio hacinamiento termina generando tensión, y que inevitablemente no tiene otro modo de proceder que detonando y estallando.

¡No tengo ni ápice de dudas!

Está claro que el principio del mundo tenía que venir en forma de explosión sino nada tiene sentido, o yo no se lo veo 🙂

Ni Big Bang ni nada… actualizo el término a Boredom Bang.

¿Estáis de acuerdo?

En resumen:

1º Nada

2º Mucha nada

3º Demasiada nada

4º Aburrimiento

5º Mucho aburrimiento

6º Demasiado aburrimiento

7º Explosión de aburrimiento – Boredom Bang

 

A partir de esto, ya iré haciendo nuevas entradas.

Nos vemos en breve…

 

 

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¿Te graduaste en AMOR?

¿Te graduaste en AMOR?

El amor es un tema recurrente tanto en fechas cercanas a la celebración de San Valentín, como en cualquier otro momento.

¿Por qué?

¡Fácil respuesta!

El amor queramos o no es la gasolina de nuestro alma.

Salvo para las personas desalmadas el amor es una necesidad, y dependiendo de la calidad de amor que tengamos en nuestra vida, así será esta de maravillosa.

Espero que nadie confunda “amor” con vida en pareja o con relaciones íntimas entre humanos porque no es necesariamente lo mismo.

Aunque peque de cursi, ñoña o de chica fresa de este mundo os compartiré mi opinión al respecto de este gran y profundo tema: EL AMOR.

Opino, pienso, creo, siento, percibo, entiendo que el amor está dentro de cada uno de nosotros. A mi modo de ver es uno de los compuestos físicos, químicos, o del tipo que sea… que conforman o dan forma al alma.

El amor es un compuesto muy complejo de entender y complicado de manejar. Y por ese motivo surgen problemas.

Las personas no tenemos ninguna formación en este sentido, cada cual lo gestiona como buenamente puede, a veces alejándose mucho de las maneras recomendables, coherentes o eficaces y desencadenando situaciones que pueden llevar al catastrofismo como grado máximo.

Sinceramente para mí el amor es como nitroglicerina, si no la manejas con cuidado, con consciencia y coherencia puede explotarte y romperte el corazón en mil pedazos.

El amor es la comunicación entre dos elementos, es ese lazo de unión, ese hilo que va de un extremo a otro y que recrea o produce emociones. El movimiento de esa comunicación puede ser de ida y vuelta o no, y la calidad de la comunicación puede ser totalmente diferente entre ambos sentidos.

El amor se le puede tener a uno mismo, a otra persona, a una mascota, animal u objeto, incluso también a lo que podríamos denominar como ‘concepto’: el universo, la naturaleza, la humanidad, la vida, el arte, las matemáticas, etc…

Es muy versátil y a la vez inestable, porque el amor no es algo eterno ni infinito (aunque pudiese llegar a serlo).

El amor es como una carretera típica de dos carriles, en el que cada uno tiene un sentido de dirección. Esta carretera aparece espontáneamente cuando desde uno de los extremos brota una señal inicialmente involuntaria que pone en alerta al cuerpo que la interioriza. Desde ese momento la carretera empieza a funcionar… y se abren múltiples posibilidades al respecto.

¿Os resulta gracioso el símil de la carretera?

Pues yo creo que es bastante acertado.

¿Os acordáis lo difícil que fue aprender a conducir, aprobar el examen y posteriormente incorporarse a la circulación? Y eso que uno iba a la autoescuela, hacía test, recibía clases prácticas, vamos que invertía tiempo, interés y dinero en ello.

En el tema del amor, vamos a la ligera, sin profesor, sin clases particulares, sin test ni nada que se le parezca. En el tema más complejo de nuestras vidas aprendemos sobre la marcha, mirando a un lado y a otro, viendo como lo hacen los demás, el ejemplo de nuestros padres y poco más.

¡Así nos va!

Difícilmente sabemos manejarlo.

Aparece en nuestro interior: ¡Pop!

Y a la aventura…

Cuando el amor surge hacia un objeto o un concepto todo es más sencillo porque la carretera obviamente sólo funciona en un sentido. El amor se mueve en la dirección de ti hacia ese objeto/concepto (móvil, vestido, casa, el cine, la naturaleza) y no se espera reciprocidad.

En el caso del amor hacía una mascota, no suelen darse demasiadas complicaciones porque los animales son generosos y mantienen la circulación en el sentido de la carretera de ellos hacia su dueño muy bien equilibrada. Las mascotas parece que vienen con la configuración del amor bien instalada 🙂

Todo se dificulta y convierte en un horror cuando el amor es hacía otro ser humano.

En este momento ese ¡Pop! puede llegar a ser algo parecido a montarse en un toro mecánico cuyos mandos los maneja un chimpancé.

Está claro que las primeras experiencias con el amor sirven para ir entendiendo su funcionamiento, sus características y qué efectos tiene sobre uno mismo. Es como un experimento a tiempo real y utilizándote a ti mismo de cobaya. Bueno…y a esa otra persona de ‘cobaya 2’.

Como cobaya 2 tenemos a padres, hermanos, familiares, amigos y parejas…y como cobaya 1 a nosotros mismos.

Desde cualquier tipo de investigación se desaconseja utilizarse a uno mismo para experimentar, pero en esto del amor no queda otra opción.

Así pasa que cuando el amor hace ¡pop! ya no hay ¡stop!

Y pueden empezar a surgir sus efectos secundarios: dependencia, inseguridad, dudas, celos, desconfianza…

Efectivamente todo es fruto de la inexperiencia y de la combinación de los defectos de personalidad de las dos personas que se unen por ese sentimiento, y que como poco provoca enfados, disgustos, lágrimas, decepciones y lo que comúnmente se denomina desamor.

¡Qué lástima!

De algo tan hermoso brotan llantos y tristezas.

¿Se puede evitar?

¡Solo hay que querer aprender a manejar la nitroglicerina con mucha paciencia, constancia, interés y dedicación!

Los componentes de la nitro son dos: tú y la persona a la que te une ese amor.

Con respecto al primero de dichos componentes ‘Tú’ hay algo fundamental e importante, y es que el amor hacía uno mismo sea sano, libre de ingredientes tóxicos como traumas, complejos y bloqueos. Si eres capaz de quererte puedes ser capaz de amar a alguien más. En caso contrario la tragedia está servida. Puntualizar y subrayar que quererse a un mismo no significa idolatrarse como a un Dios, debemos ser conscientes de nuestras imperfecciones, de nuestros defectos y que tenemos margen de mejora y una interesante capacidad de adaptación que podemos usar si es necesario.

El segundo componente “la persona a la que nos une un amor” (fraternal, amistoso, de pareja). Fundamental que esa persona también se quiera de forma sana a sí misma, y que no dependa de ti que su autoestima esté en niveles óptimos.

La combinación tu/esa persona debe tener como puntales que la sostengan EL RESPETO y como cemento que la afiance LA LIBERTAD. Con ambos elementos evitaremos esos virus que pueden entrar en la relación y hacerla tambalear: dependencia, desconfianza, celos e incluso violencia.

El respeto es creo yo, la joya de la corona en cuanto al amor se refiere, es la llave mágica que abre todas las puertas y que nos permite actuar con dignidad plena. El respeto bilateral, el respeto en ambas direcciones hacía esa persona y hacía ti. Eso sería suficiente para evitar grandes problemas.

La libertad, ese derecho tan preciado que nos da permiso para decidir hacia donde dirigimos nuestros pasos, hacía donde mira nuestro corazón y a quien pertenecen nuestros abrazos más sinceros. Una libertad que sin presión ninguna se acomoda al lado de alguien que la mima.

Así es como yo lo veo…

Con esto no pretendo dar lección ninguna, sólo compartir mis conclusiones después de unos cuarenta y tantos años intentando entender el amor. Por si le pueden servir a alguien más…

Reconozco que ‘como a todos’ el amor nitroglicerinado me ha explotado en los morros más de una vez, y me ha dejado magullada, dolorida y en estado de shock pero…

Me he levantado y después de un tiempo de convalecencia, he intentado aprender de las situaciones vividas como si de un manual se tratase.

He analizado mis errores, mis fallos, mis comportamientos incongruentes, mis actitudes desconsideradas, mis movimientos incoherentes y he decidido graduarme en amor con buenas notas.

No va a ser fácil, serán horas de aprendizaje pero de momento todo va mereciendo la pena.

En mi presente parece que el toro mecánico no lo maneja un chimpancé loco y me mantengo girando a un ritmo adecuado y disfrutando de la atracción.

Me despido de esta entrada con una pequeña propuesta: Amar, amar rico, amar bonito, amar con respeto, amar con libertad, amar con sonrisas, amar con ilusiones, amar con empatía, amar con dignidad, amar con conciencia, amar sin exigencias, amar sin condiciones, amar sin prepotencia, amar sin dudas, amar sin desconfianza, amar…..todos los días.

 

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¡El mal humor no está de moda!

¡El mal humor no está de moda!

¿Quieres estar a la última? ¿Seguir en todo momento los dictados de la moda?

¿No te apetece estar alejado de las últimas tendencias?

¿Has participado en cada uno de los movimientos virales que circulan por las redes sociales?

Si es así… No puedes dejar de unirte a esta nueva corriente.

Debes guardar tu mal humor en el baúl de los recuerdos.

¿Por qué?

Pues sencillo, ya no se lleva tener cara de lechuga amarga.

La verdad es que parece una tarea muy sencilla a priori, pero creo que se trata de algo mucho más complicado que permanecer estático y fijo en una postura durante la grabación de un vídeo. Puede incluso que sea menos molesto bañarse con agua helada, que contener al mal genio que todos llevamos dentro.

¡¿Te ves capaz?!

¡Vaaaaamos allá!

Tres, dos, uno…

Y a mantener las malas vibraciones al orden.

¡El mal humor no está de moda!

Si notas que por circunstancias del día, de la gente que te rodea, tu jefe que no hay quien le aguante o tu madre que entra en modo pesada…

Respira, respira y vuelve a respirar, llevando el aire que inspiras hasta el estómago y devolviéndolo con tranquilidad.

¡Tú puedes!

¡Jajajajajaja!

 

 

 

 

 

 

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