Mr. Puterful me la juega… Taza rota

Mr. Puterful me la juega… Taza rota

¡Hola!

Bienvenidos a esta nueva entrada del blog.

En esta ocasión quiero compartir con vosotros mi experiencia como cliente en una compra online a Mr. Puterful.

Para aquellos que no conocéis Mr. Puterful comentaros que se trata de una empresa que comercializa algunos artículos: tazas, cojines, cuadernos, block, bolígrafos y carcasas para móviles con mensajes gracioso, cañeros, divertidos y con cierta sorna.

Reconozco que sus mensajes suelen gustarme y parecerme originales, tanto cómo otras empresas que se centran en vender los mismos artículos con mensajes más ñoños o positivos.

El caso que a principios del mes de julio recibí información que avisaba de una oferta.

¡Vaya!

Quizá había llegado el momento de comprar unas tazas con mensajes graciosos para mis compañeras del despacho (bueno, para las que lo merezcan -lógicamente-).

Dicho y hecho:

Después de una visita por la tienda revisando cada modelo de taza, con esos  mensajes tan cachondos y graciosos, me decanté por 3 modelos diferentes e hice el pertinente pedido:

Ya sólo quedaba esperar y ver la cara de mi compañera/amiga Mica al ver la suya ‘Un día intenté ser normal y fueron los peores 5 segundos de mi vida’. Seguro que la iba a encantar.

Para mí me había reservado la de ‘Tierra trágame y escúpeme en alguna playa del Caribe’, ya que soy muy aficionada a esos lugares paradisíacos del Planeta, y con ese mensaje los días tontos se llevarían con un poco de humor.

La taza del Cerdicornio (dibujo que me parece súper-gracioso) todavía no tenía un dueño definido, ya vería yo a quién se la regalaba más adelante…

Recibí el email indicando que el pedido se había completado y se enviaría por Correos Express:

¡Ya quedaba menos!

¡Jajajajaja!

El jueves 6 de julio a última hora de la mañana nos visita el mensajero de Correos Express.

La verdad es que cómo llevo más de una década trabajando en el mismo sitio, me conozco desde hace tiempo a la mayoría de los mensajeros de las diferentes mensajerías. En concreto el de Correos Express es un chaval muy majo y simpático.

Cuándo recibí el paquete hice alguna broma sobre el contenido y las ganas que tenía de recibirlo…

Llamé a mi compañera Mica, para abrirlo con ella y darla la sorpresa.

Indicar que el pedido venía en una bolsa plástica típica de Correos Express, y dentro ‘empaquetado fuertemente con un plástico de burbujas’ el contenido: las tres tazas en su pertinente caja de cartón.

Utilicé una tijera para poder cortar el plástico de burbujas porque estaba muy apretado y costaba despegar el celo.

La sorpresa llegó cuando abro la caja de la primera taza y al intentar sacarla me quedo con un cacho de ella en la mano, y una cara perpleja…

Mica me mira e igualmente se sorprende.

¡Vaya!

Viene rota…

Rápidamente hice varias fotos para poder enviarlas a la tienda y explicar el suceso. Evidentemente esa taza debía venir defectuosa y con la presión del papel de burbujas se había roto.

En fin, para no fastidiar la sorpresa le di a mi compi la suya.

Mica se puso súper-contenta, desde ese momento cualquier líquido que se toma va dentro de la tacita.

Por mi parte efectué una reclamación en la web de . Les expliqué que una de las referencias estaba rota y que había hecho varias fotografías, quedando a la espera de alguna respuesta por su parte.

Pasados unos días, aún no había recibido respuesta alguna por parte de Laputertienda. Decidí entonces, comunicarme con ellos a través de Facebook, dónde leí que solían contestar en 24 horas.

En este caso recibí una breve respuesta, como bien indicaban  en un plazo de 1 día:

Y siguiendo las indicaciones, ese mismo 8 de julio les envié las fotografías tomadas al recibir las tazas:

Después de enviarlas el sábado, quedé a la espera de respuesta: confirmar la recepción de las fotos o algún texto indicando que iban a revisar el asunto. No sé, esperaba algo, y como no llegaba, el martes día 11 de julio les pregunte:

Tengo que deciros que me siento muy decepcionada. Compré con mucha ilusión esas tres tazas y sinceramente pensaba que lo sucedido tendría una solución rápida y lógica pero a día de hoy ’18 de julio’ sigo sin tener ni una sola noticia del asunto por parte de Mr. Puterful o Laputertienda.

En fin, yo doy por perdidos los 9,95€ de la taza pero no quiero dejar de contaros mi experiencia para que la tengáis en cuenta si en algún momento vuestra intención es comprar estos productos.

Para mí ha quedado claro que el servicio post-venta deja mucho que desear. No se hacen cargo ninguno de lo que claramente es un producto defectuoso o quizá una taza manipulada de forma inadecuada por su equipo de empaquetado.

Tengo que decir que me encanta el cerdicornio y sus mensajes molones pero con toda mi decepción por la experiencia vivida tras realizar la compra decido NO volver a consumir productos de Mr. Puterful.

¡Qué lástima!

 

Malvadas lobas disfrazadas de cándidas caperucitas

Malvadas lobas disfrazadas de cándidas caperucitas

¡Hola!

Bienvenidos a ‘El blog de Ángela’

La entrada de hoy es posible que vaya en modo metralleta, lanzando proyectiles uno tras otro con el único interés de vaciar el cargador, pero sin hacer blanco en nadie concreto.

Seguro que no soy la única persona estafada vilmente por ese tipo de seres humanos que proyectan una imagen dulce, adorable, cariñosa, con cierto aire zen, que muestran cuan injusta es o ha sido la vida con ellas. Una clase de personas que con su mirada vidriosa y su sonrisa embaucadora, tocan tu corazoncito y te conmueven…

Hablamos de individuos que se muestran necesitados de ayuda, de apoyo, que en muchos casos mandan señales intermitentes de encontrarse perdidos en el mundo.

Personas que parecen necesitar alguien que les guíe, les escuche con máxima atención, les aconseje con cariño, les haga sentir importantes y les agasaje con bonitas palabras o detalles.

¿Con tal perfil quién no se lanza a proteger a estos seres tan adorables?

¿Quién se hace ciego ante esos ojos que piden a gritos una hermana mayor o una medio madre que les haga sentir seguridad?

Sin duda ninguna, te lanzas a participar en un gran proyecto: “encaminar y ayudar a ésta alma cándida”

Un consejo, dos, tres, que de buen agrado ofreces ante esos momentos de tristeza, agonía o desconsuelo.

Terminas consiguiendo que esa persona tenga un sitio estable dónde sentirse segura. Finalmente logras, con un par de empujones virtuales y mucho apoyo, que esa persona logre sus objetivos.

Al final…

¡Te sientes orgullosa de ti misma por haber colaborado en algo que crees era justo! Algo merecido!

Pasan unos días y esos ojos vidriosos los notas cambiados, ya no te miran con el mismo rollo. Te dices que es fruto de la alegría por haber cumplido sus expectativas y que ahora, esa persona se siente más segura de si misma.

Pero…

Pasan otros días y esos ojos te miran con una intensidad que no entiendes. Además, los gestos también cambian, y las palabras ya no muestran ni ápice de cariño, ni agradecimiento ni interés sino que empiezan a ser mordaces, altivas, incisivas, cortantes, en definitiva ‘dañinas’.

¡De repente!

Esa persona a la que decidiste proteger y dar tu amistad más sincera, ‘tu protegida’ se ha convertido en una atacante, alguien con intención de hacerte daño con sus comentarios mal intencionados, con sus formas despectivas, arrogancia y falta de respeto.

¿Dónde está ese alma cándida?

¿Qué has hecho tu que haya generado tal transformación?

¡Seguro que no es lo que parece!

Al principio puedes incluso dudar de la interpretación de todo esto que ocurre, dudas hasta de ti misma y te etiquetas de desconfiada, de mal pensada, paranoica o suspicaz. Lo mismo la causa de ese cambio reside en que le han surgido otros problemas personales que aún no te ha contado quizá para no abusar de tu confianza o para no tener que tirar de ti siempre que necesite ayuda.

¡Puede ser! ¿Por qué no?

Si fuese eso, lo mínimo que debo hacer es preguntar, interesarme y ofrecer nuevamente mi apoyo o ayuda si fuese necesario, verdad?

¡Dicho y hecho! ¡Te interesas!

¡Vaya!

Pues, muchas palabras vacías, miradas que notas no te miran directamente ni transmiten verdad, divagaciones y alguna escusa para terminar diciendo ‘nada de nada’

**Esta es la respuesta que obtienes a tu nueva muestra de interés.

Luego descubres críticas a tus espaldas: ácidas e irónicas valoraciones negativas de tu persona, juego sucio para hacerte quedar mal delante de tus compañeros o jefes.

¡Trampas y jugarretas!

En fin…

Soy consciente que no le puedo caerle bien a todas las personas. Mi forma de ser puede ser bien o mal valorada por quien me conoce, y eso es lógico y normal. Mi personalidad puede tener simpatizantes y detractores o lo que hoy en día se llama ‘HATERS’. Pero teniendo en cuenta lo vivido y compartido con esta persona, ese cambio tan radical…

¡No lo concibo coherente!

Y mucha menos coherencia le atribuyo a la bipolaridad de la que soy testigo en muchas ocasiones.

Cuando Ángela tiene la solución a algún problema… Nuevamente aparecen esos ojitos cándidos.

1.- Escuchas unas cuantas frases previas, de andar por casa ‘qué tiempo más desagradable, qué calor, es un horror trabajar en estas condiciones’

2.- A eso le sigue algún falso alago ‘qué bien te queda ese vestido, que bien se te da la informática, que haríamos sin ti…’

3.- Y luego una palabras demostrando dependencia o pidiendo apoyo ‘yo es que soy analógica, soy muy torpe para eso, yo lo haría pero tengo taaaaanto trabajo…’

La verdad es que rara vez niego mi ayuda a quien me la pide por lo que si está en mi mano… soluciono los problemas.

Minutos después o al día siguiente…

Malas caras, frialdad, mínima comunicación, comentarios irónicos, actitudes despectivas y casi lo que peor llevo: faltas de respeto que a mí, me generan vergüenza ajena.

¡No me vayas de cándida caperucita porque en realidad eres una malvada loba!

No entiendo por qué algunas personas que ya no cumplirán los 30 (se supone que han sido bien educadas y con esa edad han aprendido ciernas normas básicas de buenos modales) actúan de forma tan malcriada, egoísta, ingrata, infantil, incoherente, mezquina, insolente, sinvergüenza, descortés y grosera.

 Querida compañera,

Si quieres tomarte un café con leche…

(algo que me parece muy lógico)

trae leche al despacho

porque el tetra-brick que hay en la nevera,

sabes que es mío -NO TUYO-

Llenar tu taza de café con él, sin pedir permiso

demuestra tu nivel de educación.

Rellenar el cartón con un chorrito de agua para que no se note su falta…

¿No te parece un gesto un tanto reprochable?

Tampoco dice mucho de ti y de tu compañera,

que el martes os preparéis ambas el cafecito de la tarde,

y luego cuando yo voy a preparar el mío, con el cartón de leche estrenado el lunes…

NO tenga suficiente.

¿Qué tipo de detalles son estos?

¿Esto no demuestra que quieres reírte de mí y faltarme al respeto?

Creo sinceramente, que las cosas bien hechas, bien parecen…

Si quieres algo que es mío, pídelo y se capaz de agradecerlo.

 

Con secuelas

Con secuelas

Bienvenidos en esta ocasión a otra entrada de mi blog.

Hoy me apetece mucho hablaros de un tema que llevo gestando en mi cabeza desde hace unas semanas.

Quiero charlar sobre las secuelas que la vida pueda dejar a algunas personas y con las cuales tiene que seguir enfrentando el día a día. Esa forma de llevarlas o cargar con ellas.

Secuelas físicas o secuelas psíquicas que un día llegan para quedarse, enfrentarse a uno y después de batallar en una gran guerra terminan convirtiéndose en un gran amigo o en el peor de los enemigos.

Yo creo que hay poca gente que no muestre en su cuerpo, mente o alma cicatrices.

¿Qué podemos entender por secuelas psicológicas?

Pues según mi opinión, condicionamientos, bloqueos o barreras que impiden al sujeto mostrar su personalidad TAL Y COMO ES DE FORMA NATURAL y que le incitan a mostrar una personalidad secundaria.

El origen de estas secuelas normalmente puede encontrarse en el subconsciente y suele haberse creado por vivencias dramáticas vividas en el pasado de la persona. En la mayoría de los casos este cambio de personalidad se da con la motivación de protegerse, de evitar sensaciones molestas o impedir revivir esos momentos desagradables que fueron los causantes de la secuela.

Cuando nos referimos a secuelas psíquicas, es más fácil que sean imperceptibles o que pasen inadvertidas. A fin de cuentas, es algo que no se ve con los ojos, sino que hay que tener un trato cercano con esa persona y, entre la comunicación que se intercambia, el modo de actuar en ciertas situaciones y algunas reacciones repentinas, pueden surgir pistas que nos lleven a deducir que esa persona tiene algo que la perturba psicológicamente.

En el caso de las secuelas físicas es otro cantar…

En el momento que hay algo que entra por  los ojos, la reacción que genera en las personas es mucho más inmediata, impulsiva y directa.

Las secuelas físicas son esas señales que quedan marcadas en el propio cuerpo después de que éste se haya enfrentado a un suceso traumático: accidente, operación quirúrgica, agresión, enfermedad…

Hay secuelas de diferentes intensidades y que pueden afectar al cuerpo interna y/o externamente. Y para más inri, en la gran mayoría de los casos estas secuelas hacen brotar otras psicológicas, que dejan marcada a la persona en ambos lados: cuerpo y mente.

Y…

¿Por qué tengo interés en hablar de este tema que a priori es bastante incómodo?

Mi único impulso es motivador.

Le he dado muchas vueltas en mi cabeza últimamente.

Quizá ese pensamiento ha echado unas raíces más fuertes porque a nivel familiar tengo a alguien muy especial que desde hace poco más de 6 meses viste una secuela física y ‘diría yo’ otra psicológica.

A mi hermana Silvia le detectaron un cáncer de mama en noviembre. Después de muchas pruebas y valoraciones médicas del servicio de oncología y cirugía, fue operada de un cáncer de mama en enero.

Ella ha tenido que enfrentarse a una Mastectomía con reconstrucción que evidentemente ha transformado la estética de su cuerpo en cierta medida.

Por fortuna, los resultados después de analizar la parte extirpada fueron muy positivos y no ha tenido que recibir sesiones de radioterapia, sólo (aunque este SOLO implica algo muy importante) tiene que tomar la medicación recomendada: un tratamiento de terapia hormonal para bloquear estrógenos.

En fin, que dando gracias a toda la corte celestial, al Universo, al valor de Silvia para torear este Miura y a esos pensamientos positivos que lanzamos familiares y amigos, la batalla contra el tumor está ganada.

La verdad es que el momento en el que uno vuelve a respirar tranquilo y ve el horizonte con el sol apareciendo nuevamente, debería ser un gran momento de felicidad, celebrando la vida, festejando la guerra ganada, pero…

La realidad es que, como cualquier combatiente que sale victorioso en una lucha cuerpo a cuerpo con el enemigo, después de conmemorar con alegría desbordante la victoria, tiene que valorar los daños sufridos, estimar el coste del triunfo y cuantificar las lesiones.

El caso es que pasado el momento de exaltación, y una vez revisado el balance hay que tener una fortaleza fuera de lo común para no caer a un abismo de congoja.

 

Creo que las personas que NO sufrimos esto directamente, no lo comprendemos del todo.

Quizá incluso, nos parezca contraproducente o un sin sentido que esas personas no desprendan felicidad por los poros según se levantan por la mañana.

 

¿Qué les ocurre a los victoriosos en la batalla contra el cáncer?

¿No son capaces de valorar que están vivos?

En realidad, después de ganar al enemigo, tienen que enfrentarse a esas secuelas físicas y/o psicológicas que han quedado como recordatorio de la guerra vivida.

Y…

 

 

¡Lo entiendo!

Cada día ver ese recordatorio en tu propio cuerpo, les impide dar cerrojazo al tema y hacer como si nada malo hubiese pasado.

Y por eso, mí entrada…

Quiero hacer algo para ayudar, quiero intentar poner un granito de arena.

A ver si soy capaz de conseguirlo.

Me gustaría decir a todas y cada una de esas personas que han pasado por una situación similar a la de mi hermana, que ELL@S son un ejemplo para todos nosotr@s.

Esto, que puede parecer una tontería, no lo es tanto porque viendo su coraje y arrojo ante tan magno enemigo, consiguen hacernos valientes para enfrentarnos a nuestros pequeños adversarios de cada día.

Ell@s han conseguido que abramos los ojos ante una realidad que a veces olvidamos: la vida y cuánto hay que luchar para, en un momento dado, conservarla.

Entiendo y comprendo que ver la repercusión de esa lucha en uno mismo puede causar sentimientos contradictorios pero…

Esas secuelas -con un tremendo respeto y toda mi admiración- podrían ser como una medalla, lo equivalente al símbolo de haber ganado la final de la Champion League, el Torneo Roland Garros de Tenis, el Giro de Italia o por méritos propios el Cinturón del Campeonato Mundial de Boxeo.

Desde mi blog, quiero enviar a todas y cada una de esas personas que pueden encontrarse en una situación similar un merecido y efusivo aplauso, dos mil olé de todo corazón y mi agradecimiento por la lección que nos dan a todos.

De verdad, cuándo os inunden emociones o sensaciones como la tristeza, congoja, rabia, apatía, mala leche, desconcierto, inseguridad frente al futuro…

Cuando brote de repente un irremediable cabreo con el mundo y todo lo que os rodea…

Cuando penséis que no os entendemos, que no os comprendemos, que no sabemos deciros las cosas de la forma que necesitáis…

Cuando no tengáis ganas de mirar vuestro reflejo en el espejo…

Recordar por favor que a vuestro lado hay muchas personas intentando daros su amor de forma incondicional y que en ningún caso esas personas ‘que os adoran’ tienen intención de provocar tristeza en vosotros.

Daros cuenta que todas las personas que os quieren han temido perderos y se han encontrado desubicadas frente a una situación que se escapaba a su control.

 

Recordar que vosotr@s sois mucho más que una zona de vuestro cuerpo, vosotr@s sois nuestro mundo, vosotr@s sois nuestros héroes…

 

Vosotr@s sois las estrellas de nuestro universo, esos brazos que nos dan cariño cuando más lo necesitamos, esas manos que se lanzan en nuestra ayuda cuando las necesitamos…

 

Vuestros ojos nos han servido de guía en más de una ocasión y nos han ayudado a ver la realidad, que en algún caso no éramos capaces de vislumbrar…

Vuestros oídos han sabido escuchar nuestros lamentos, quejas y desdichas.

Vuestro rostro nos ha iluminado con esa sonrisa tan especial, que cuando aparece lo llena todo de magia.

Al lado de vuestras piernas hemos recorrido muchos caminos.

Quizá podáis necesitar unos días para volver a aceptar vuestra imagen física y a quereros como os merecéis ‘que es muchísimo’, pero que no sean muchos.

¡No merece la pena dilatar lo que es evidente!

De verdad de la buena, que ‘AHORA‘ después de la batalla en la que os habéis dejado el pellejo luchando…

SOIS PERFECT@S.

 

¿Qué bicho le ha picado?

¿Qué bicho le ha picado?

Antes de entrar en el argumento de la entrada, me gustaría pedirte que hagas un pequeño ejercicio de imaginación:

Imagina por un momento que eres alguien que tiene el propósito de levantarse todos los días con una sonrisa en la cara, pretendiendo acompañarse de ella las 24 horas, Y si puede ser, contagiarla al resto de las personas con las que te topas durante la mañana, tarde y noche.

Imagina además, que tienes un corazón notablemente sensible (que viene de serie y no hay manera de cambiar por mucho que algunas veces lo desees con fuerza) y te gusta tender la mano a quien crees que puede necesitar ayuda. Pero, no te va esperar a que esas personas tengan que pedirlo con cara de lástima o solicitándolo por favor… Sino que prefieres estirar esa mano antes de que esa persona se pueda sentir mal.

Si está dentro de tus posibilidades, para que demorar el apoyo ¿No?

Imagina que eres generos@ y disfrutas regalando cosas bonitas, teniendo lindos detalles, ofreciendo esos pequeños caprichos que están en la ilusión de los demás pero que por algún motivo, no pueden concederse…

En algunos casos quizá tu generosidad no es tanto económica, como temporal y lo que compartes es tu tiempo, incluso tus conocimientos, tus experiencias, tus vivencias, tu optimismo, para que puedan ser útiles a otros.

Sigue imaginando e imagina que eres servicial y te encanta poder hacer algo por las personas que te rodean, ya sea en tu puesto de trabajo, en el que intentas ser pro-activ@ o en tus relaciones personales, en las que promueves esa amistad, cariño o amor.

Siguiendo por el camino de la imaginación, imagina que eres empátic@ y captas enseguida el sufrimiento en los demás, esas tristezas, apatías, desilusiones, dramatismos, dudas, miedos, inseguridades, temores, preocupaciones, sufrimientos, melancolías, nostalgias, ese grueso de emociones negativas que a veces hacen brotar lágrimas o a veces hacen que quien las sufre se encierre en su torre de cristal mirando desde dentro al mundo. Y cuando tu sensor es consciente de ello, te propones cambiar ese toque de amargura o desconsuelo en esa persona utilizando tus mejores argumentos.

I-m-a-g-i-n-a que tienes mucha ilusión por vivir, por sentir, por aprender, que tus ojos se llenan de chiribitas cuando descubres nuevos lugares, que te sientes muy especial cuando puedes disfrutar de la felicidad que te rodea, en definitiva que eres una persona vital, alegre, entusiasta, extrovertida, dinámica, cordial e inquieta, con gusto por la armonía, la cordialidad, el entendimiento y la concordia.

Ahora que ya has imaginado tu personaje en esta historia y puesto en el papel, la trama sigue de la siguiente manera:

Amanece un nuevo día, y esa sonrisa sale perfectamente colocada en el rostro, haciendo sinfonía con la energía que había sido totalmente renovada durante las horas de sueño reparador. Como suele ser habitual, un pequeño paseo de 5 minutos con destino la estación de Renfe dónde subir al cercanías que te llevará a tu destino, durante el trayecto un poco de estudio para despertar las neuronas y ponerlas a calentar motores.

En plazo de 1 hora, salvo contratiempos indeseados de la compañía de ferrocarriles, llegada a la estación de destino cercana al puesto de trabajo…

Absoluta predisposición a ser útil y ganarse el sueldo:

Café caliente, centralita en posición de recibir las llamadas, ordenador encendido, mente con todas las neuronas en posición de 3, 2, 1…. ¡Ya!

Ya se sabe que los lunes, no son los días más maravillosos pero…

¿De verdad que de 5 llamadas, las cinco -o sea un 100%- las efectúan personas con mal humor, ganas de discutir y tendencia a faltar al respeto?

¡No me lo puedo creer!

De todas formas, uno está preparado para eso y mucho más, por tanto en 15 minutos no se acaba con la disposición a ser útil, la paciencia y esas ganas de mantener la sonrisa en la cara hasta la hora de dormir.

Por supuesto que….

¡Hay que verse!

La red se ha caído y no funciona internet, ni las impresoras, ni los programas compartidos. Menos mal que acabamos de abrir el chiringuito y sólo estoy yo. Mejor me transformo por unos minutos en una vulgar copia de informático por horas e intento levantar la red, a ver si lo consigo.

Unos minutos siguiendo las buenas indicaciones y maravillosos consejos, que mi querido esposo -técnico informático de los de verdad de la buena- me ha ido enseñando y, después de desconectar, conectar, revisar y encomendarme a Nuestra Señora la Virgen de los Remedios Caseros…

¡Milagro! ¡Todo vuelve a funcionar!

¡Si es que con un poco de optimismo, interés y disposición, se consigue mucho, verdad?

Sea como sea con ayuda divina, suerte del carajo o un poco de empeño, el caso es que segundo round de la mañana: ‘Superado’

Suspiremos y volvamos a la calma de nuevo.

Bueno, calma relativa o mejor dicho, en cuestión de segundos caos total: clientes que vienen, llamadas que entran de tres en tres, emails que entran en la bandeja en entrada como si no tuviesen otro sitio donde alojarse, un fontanero que entra y dice que hay una avería y tiene que revisar unas bajantes,

Faltaba Mª Jesús con su acordeón para montar entre todos una Party.

Tiré de sonrisa, de dosis de paciencia y pin pan, paso a paso, caos hecho migas.

Un par de respiraciones, para volver a conseguir un ritmo cardiaco normal y saludable, y….

¡Qué bien!

Empiezan a llegar compañeros de trabajo!

¡Ya no estoy sola!

Son las diez menos diez de la mañana y a mí me parece que llevo 3 horas luchando contra la corriente. En realidad sólo han sido 45 minutos de problema tras problema y complicaciones varias, pero han sido mentalmente agotadores.

La verdad es que llevo desde que volví de los días de vacaciones de Semana Santa saturada de responsabilidades y presión laboral. Es que, por unas cosas y por otras, el nivel de trabajo está muy por encima de lo normal, y con la baja de una de las compañeras del turno de mañana (lleva más de 7 meses de baja), y ciertos problemas personales que le han surgido a mi otra compañera, por los que ha tenido que ausentarse, por más que quiero enfrentarme al trabajo es como querer bailar el disco chino mientras vendimias unas uvas para hacer vino tinto.

El caso es que todavía no he roto ningún plato y algo de vino ha salido pero….

¡Volvamos al día en cuestión!

Recibo gratamente y con bastante alegría a mis compañeros, según se van incorporando, en busca de un poco de gasolina que me ayude a seguir con esa sonrisa, con esa disposición a ser útil y ganas de ayudar.

¡Tenía las expectativas demasiado altas, creo yo!

Lo más salvable de sus palabras han sido los saludos, en algún caso un hola en otros un buenos días. Las frases posteriores han sido como comentarios que lejos de animar o hacer sentir que ya no estás sola ante los contratiempos, han servido para hacerme sentir peor todavía.

¿Qué tal por aquí? ¿Tranquilito, no?

Pues evidentemente cuando una persona se hace cargo del trabajo de 2 y 1/2, mucha tranquilidad no hay lógicamente, cualquiera puede adivinar que me han faltado manos, orejas y minutos a la jornada laboral. El nivel de presión ha sido como el de una Olla Express, y la energía en esos días salía a devolver (como las declaraciones de la renta) cuando ponía la cabeza en la almohada por la noche. En fin…

La pregunta de…

¿Tranquilito, no?

Resultaba un poco molestar, todo hay que decirlo.

Normal que casi espontáneamente la sonrisa se te borre de la cara y tengas que controlar la docena de comentarios irónicos que brotan en cadena del cerebro de forma espontánea y sin filtro.

Pero…

Con cierta dosis de racionalidad, coherencia y buen rollo decides respirar y volver a sonreír (con menos ganas, pero…)

¡Qué bien me han sentado los días de vacaciones!
 

A lo que contestas con alegría y sinceridad: ¡Pues me alegro! Para eso son las vacaciones para desconectar y descansar o divertirse, así el regreso es mejor.

¿Y por aquí? ¿Habéis estado muy relajados, no?

¡Vaya! Otro comentario de los que parecen de guasa.

Casi que te sale sólo el carraspeo de garganta…

¡Ejem, ejem!

Como si tus compañeros, no supiesen ‘de sobra’  que en el despacho, cuando la plantilla está reducida a la mitad, es todo un horror y el relax no se siente ni por casualidad. Y encima tú llevas desde las 9 de la mañana resolviendo problemas encadenados para que ellos cuando lleguen puedan trabajar tranquilos y sin complicaciones.

¿Es una broma que todos y cada uno de los que han estado disfrutando de días de vacaciones, entren por el despacho insinuando que el resto hemos estado en la gloria, tranquilos, relajados, sosegados y sin agobios?

¡No, no es broma!

Es como de chirigota de Cádiz…

De verdad, que desde el primer minuto de la mañana tu intención es rebosar alegría, regalar sonrisas y ser útil, pro-activa y encantadora, pero con tanto comentario dando por sentado que esos días de infierno han sido como si navegaras en un catamarán en República Dominicana regalando a tu cuerpo serrano unos daiquiris y meneando las caderas a ritmo de bachata, que al final y casi sin remedio, mutas en dragón de Komodo o en Orca asesina.

¡Joder!

Tu objetivo Zen de mantener la armonía en tu rostro hasta la hora de dormir se ha ido literalmente a la mierda. Tu deseo de tener un día sosegado, lleno de buen rollo y cordialidad, a pasado a ser como los unicornios ‘mitología’.

¡Qué fracaso!

Te inunda una sensación de derrota que cae sobre ti como una bola demoledora.

No hay nada como hacerse unas expectativas del día que comienza con excesivo optimismo y demasiada confianza en uno mismo, como si todo estuviese en nuestras manos. Parece que, a saber por qué razón, todo se pone en tu contra de forma que lo que al principio es un objetivo sencillo, -a priori- fácil de conseguir, se convierte en un reto utópico e inalcanzable.

¡Hay que tirar la toalla!

¡El maldito día está pudiendo contigo!

Hay que rendirse e intentarlo mañana.

Hoy ya es materialmente imposible sonreír y menos con esos ojos de quien te rodea, mirándote y pensando:

¿Dominados por la moda?

¿Dominados por la moda?

Ya en los años 80 el estribillo de una canción nos decía con ritmo…

¿Lo recuerdas?

¿O quizá eres muy joven y esas canciones ochenteras no las tienes en tu repertorio memorístico?

Por aquellos años hombreras, calentadores, mini-faltas, blusas de colores llamativos, pantalones acampanados, muchos abalorios (pulseras, collares, broches, etc…), pendientes de aros enormes, peinados con mucho cardado, flequillos que se mantenían a base de medio bote de laca, maquillajes con sombras verdes/azules y labios súper rojos.

Si ves imágenes de esa época, es posible que te provoquen risa o un poco de vergüenza ajena, o incluso propia, si eres el protagonista de la foto o vídeo. Te ves y no hay forma humana de evitar la risa y el típico comentario:

¡Menudas pintas!

¡Jajajaja!

Ya han pasado unos cuantos años. Realmente más de 3 décadas y esto de la moda, no sé si tiene tanta gracia como antes o se ha convertido en una verdadera locura de la que no es posible escapar.

¿Por qué digo esto?

A ver, cuando yo era pequeña (poco tiempo después de que los dinosaurios se extinguiesen) los mandamientos de la moda no tenían tanta fuerza como ahora, quizá porque no existía tanta oferta, las marcas, firmas o tiendas no eran legión como en la actualidad y además el dinero no sobraba. En mi caso las tendencias más seguidas eran las del mercadillo que ponían en mi pueblo los miércoles por la mañana.

Y como yo, la mayoría de los niños y niñas del colegio.

“Mercadillo style” y para eventos especiales Sepu, Galerías Preciados o rascándose mucho el bolsillo “El Corte Inglés”

En definitiva esos dictados de la moda tenían un público reducido, el que formaba parte de la clase acomodada y podía permitírselo sin tener que sacrificar del presupuesto para llenar la nevera, pagar los recibos y ahorrar ligeramente.

Lo bueno de eso era que ir o no a la moda quedaba en un segundo plano, que no acomplejaba a nadie ni le hacía sentir fuera de lugar, inferior o inadaptado.

¡Ahora es todo muy diferente!

La moda se ha convertido en un ser poderoso, en una fuerte corriente que llega a todos los rincones y que participa en casi todo lo que acontece.

 

Hoy en día, se hacen las cosas que están de moda, se dicen las palabras que son tendencia, se visitan lugares que están en rankings de popularidad, se disfrutan bebidas que te hacen que participes de un estilo de vida actual, las reuniones sociales en restaurantes famosos, el modelo de coche que anuncia un actor o futbolista muy conocido, no puede faltarnos el móvil que acaban de hornear en Apple y tampoco podemos dejar de jugar en la Play al juego que juega todo el mundo, en verano imposible vivir sin el último modelo de gafas de sol o el triquini que luce Paula.

Cada año un nuevo deporte hace su entrada en el listado de actividades de todos los gimnasios del país. Y cuando empiezas a practicarlo el entrenador te descubre un nuevo súper-alimento que liberará tu cuerpo de grasas casi por arte de magia y que, combinado con la aplicación día y noche del cosmético protagonista de la última fórmula patentada te dejará la piel suave y aterciopelada.

En dos meses un cuerpo de escándalo al que hay que cubrir con esas nuevas prendas que acaban de formar parte de la operación ‘renueva tu armario de arriba a abajo con tu personal shopper’.

Y eso… ¿Qué es?

Pues también está de moda, que tu ropa la elija alguien que se supone va a sacar el máximo partido a tu figura, facciones y te va a aportar todo ese estilo que a ti te falta.

¿No os parece agotador y estresante?

A mí me lo parece.

Y no es que esté en contra de la moda, algo que me puede parecer hasta útil.

El problema reside en que parece que ya es una esclavitud, todo el día viviendo bajo los dictados de esa maldita moda que cambia cada temporada.

Bueno eso era antes, ahora ya existen las mid-season, lo cual es genial para el que tenga tiempo, dinero y ganas.

Pero lo me causa mayor preocupación no es tanto la parafernalia de la ropa o complementos, como los dictados de la moda en cuanto al aspecto físico de las personas. Eso me parece realmente un horror, una condena o un sometimiento cruel para el que quiera seguir su corriente.

De moda está la excesiva delgadez, la que está entre una buena salud y la enfermedad, la que provoca trastornos alimenticios y psicológicos como la bulimia o anorexia, la que hace a sus adeptas practicarse operaciones estéticas para liberarse de grasas a la carta sin preocuparse de nada más que de parecerse a una modelo top y poder lucir un palmito parecido, o las que sin pensarlo dos veces ponen siliconas en sus pechos o nalgas para que su cuerpo parezca más sexy.

También hay personas que para estar totalmente en onda, de repente se sienten necesitadas de plasmar su imagen luciendo el famoso ‘thigh gap‘ (una separación anti-natural y entre los muslos) o el novedoso ‘ab crack‘ (una larga línea en el centro del cuerpo y que no es otra cosa que una lesión abdominal) y sea como sea, o bien dándose palizas de impresión en el gimnasio o gastándose la pasta con el cirujano que corresponda.

Las personas que por H o por B terminan enganchadas a este tipo de vida se encuentran pegadas a una tela de araña que no las deja alejarse de su radio de acción. Éstas, están dominadas por la moda y todo lo que no sea formar parte de ella, les causa grietas en su autoestima e infelicidad.

Un día se miran al espejo y se ven arrugas, un párpado caído o las mejillas que no corresponden con el rostro de una persona joven, que sigue los criterios de la estética actual y ni cortos ni perezosos, solucionan tan grave problema pidiendo cita en el Centro de Cirugía Plástica y llevando al cirujano una foto de un/a guap@ de Hollywood que en las revistas está catalogado como el/la más sexy del momento. La intención no es otra que cambiar sus facciones por las del personaje fotografiado. La nariz de…, los pómulos de…, los labios carnosos como….

¿No te parece que eso muestra un tajante rechazo sobre uno mismo?

¿No se quieren? ¿No quieren ser quiénes son?

¿Prefieren mirarse al espejo y ver una nueva cara?

 

No lo entiendo y me parece un auto-boicot auténtico.

Y cuando no se lleven las mejillas tal y como se llevan ahora…

¿Se las volverán a cambiar?

¿Un rostro cambiante según modas pasajeras?

Me resulta triste… 

¿Te educaron las hienas? ¿No, verdad?

¿Te educaron las hienas? ¿No, verdad?

Bienvenid@ a esta nueva entrada del blog.

En esta ocasión, quiero lanzar un mensaje al aire para que pueda ser recibido por tod@s, y podamos en común valorar si debemos rectificar un poco o un mucho, nuestras actitudes y modos de convivencia.

¿No hace falta? ¿Todos somos maravillosos?

¿Tú eres un ser adorable y perfecto en el ‘tú a tú’ con los demás congéneres?

¿Estás seguro?

¡Venga, que nos conocemos tod@s!

Sacudamos un poco esa modestia des-estructurada y aniquilada que se nos ha posado sobre los hombros, y hagamos un poco de análisis interno, unos minutos de introspección y auto-evaluación.

Te propongo un viaje al pasado…

 

Volvamos por un momento a esa época en la que nos educaron. Esos años de la infancia en los que continuamente recibíamos indicaciones por parte de nuestros padres y de los maestros de la escuela de cómo debíamos comportarnos.

Estoy plenamente convencida que TODOS hemos recibido una educación muy completa, correcta y adecuada en valores, en moral y en buenas maneras.

No se otras generaciones, pero a la que yo pertenezco (nací en el 1971) nos educaron insistiendo mucho, muchísimo o muchísimo más que mucho en el respeto a nuestros semejantes, a las personas mayores, a los profesores, a los superiores en el trabajo, en fin a todas las personas que nos rodeaban.

En cada momento recibías una pequeña dosis de enseñanza en buenas maneras:

“Niño, si los mayores están hablando, no se les interrumpe”.

“A las personas mayores hay que mostrarles el máximo respeto y hablarles de Vd.”

“Antes de entrar, hay que llamar a la puerta”

“Cuando entres en un sitio, siempre hay que saludar y desear buenos días”

“No hables con la boca llena”

“Ni se te ocurra coger lo que no es tuyo…”

“Antes de entrar, deja salir”

“Siempre que necesites algo, hay que pedirlo por favor”

“De bien nacidos es ser agradecidos, hay que dar siempre las gracias cuando uno recibe algo”

“El asiento en cualquier medio de transporte o lugar, se cede a las personas mayores, embarazadas, niños u otras personas que tengan algún problema físico”

“No se puede correr por los pasillos, ni se debe gritar en lugares públicos, ni molestar a las demás personas en espacios comunes”

“Cualquier desperdicio debe tirarse en una papelera o cubo de basura y no en la calle”

“La naturaleza hay que disfrutarla, pero cuidándola y dejando todo tal como estaba”

“No hay que mofarse de los defectos físicos de las personas” “Hay que saber compartir y no ser egoístas…”

“No hay que alegrarse de las desdichas ajenas”

“Lo que no quieras para ti, no se lo desees a otra persona”

“No hay que sentirse superior a nadie, ni mostrar desprecio por personas que tengan diferentes creencias”

“Nunca envidies los logros ajenos, aprende del esfuerzo que hay detrás del reconocimiento”

“No mires hacia otro lado cuando alguien requiere tu ayuda”

 

Y como éstas, otras tantas mil frases que entraban continuamente en tu mente, para hacer de ti una buena persona. Algo que, para cualquier madre o padre, era labor prioritaria en la educación de su descendencia: “Qué su hij@ sea una buena persona”.

Y sinceramente creo, que hoy en día también el objetivo de padres y educadores sigue siendo el mismo, educar a futuras buenas personas. La verdad, que lo contrario no tendría ni lógica ni coherencia.

¿Quién querría crear pequeños seres irrespetuosos y mal educados, capaces de no mostrar respeto a sus semejantes?

Sería como cargar un arma, aunque sea con balines, y pensar que no genera ningún tipo de peligro.

El problema reside en la vida tal y como está en estos momentos, la actual situación de inseguridad frente al mañana y el exceso de competencia para poder ser capaz de conseguir un futuro tranquilo, estable y fructífero. Aunque, dicho sea de paso, esto no sea una excusa para perder las formas u olvidarnos de los valores más básicos.

Repito por segunda vez:

¿Te educaron las hienas? ¿No,verdad?

Pues nunca, pero nunca nunca olvides esa educación que con tanto empeño, ahínco  y cariño recibiste de tus padres, no conviertas ese tiempo y esfuerzo que dedicaron a conseguir de ti, un hij@ del que sentirse orgullosos, en tiempo perdido. No te dejes intoxicar por la situación caótica del mundo, no envenenes tu honestidad con pequeñas dosis de excusas que justifiquen la pérdida de decencia o ética para conseguir objetivos personales.

¡Stop! ¡Para en seco! ¡Piensa y razona!

Parece una tontería pero el camino que te lleva a convertirte en una persona amoral, indecente, deshonesta o corrupta es largo, y se empieza a recorrer con pequeñas desconsideraciones, ligeras faltas de respeto, leves muestras de malos modales, sutiles gestos de egoísmo.

Nadie se convierte en un sinvergüenza de la noche a la mañana, pero pasito a paso, haciéndose ciego a las normas más básicas de respeto, buenos modales, dignidad, decencia y honradez, se da inicio a un proceso transformador que puede llegar a convertir a una buena persona en un ser desconsiderado y ruin.

Es posible que alguien piense que peco de exagerada pero estoy segura que no es así. Creo que más vale parar a tiempo un comportamiento inadecuado que lamentar, pasado el tiempo, el habernos convertido en lo que no queremos ser.

Espero que nadie piense que me he levantado hoy con el ego subido y mi intención es parecer la madre de todos y echar un discurso abierto dando clases de decencia y moral.

¡No! ¡Lejos de la realidad!

Llevo días desencantada con este mundo…

Podría decir que me siento triste de ver cómo la gente se comporta.

Me genera mucho desconsuelo comprobar cada mañana como las personas actúan tan egoístamente. Últimamente no se promueve, en ningún caso, el  bien común sino que está muy por encima el bien individual.

Esas buenas maneras, las muestras de respeto y aquella cortesía que en el pasado marcaban el ritmo de la vida, están desapareciendo a un ritmo vertiginoso.

No me gusta ser testigo de ello y me planteo con esta entrada lanzar un mensaje para que entre todos rectifiquemos. Apelo al recuerdo, ese que todos tenemos de nuestra infancia, en el cual notábamos cuanta importancia daban nuestros padres a ser buenas personas.